La calma antes de la tormenta

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Originalmente publicado en Esquire no. 80 (PDF aquí)

Medeas, el primer largometraje del director Andrea Pallaoro retrata el drama de una familia del campo a través de recursos cinematográficos que parecen detener el tiempo.

     La historia de Medeas se revela a cuentagotas. El italiano Andrea Pallaoro exige paciencia al público de su primer largometraje, pero la recompensa será grande: su cautela en el desarrollo de la trama es lo que la convierte en algo extraordinario.

      Pallaoro destroza a la familia que protagoniza su película y se toma su tiempo para ello. La estrategia que emplea para provocar tensión no es la velocidad, sino la calma y el silencio. La cinta inicia casi como un pintura bucólica: papá (Brían F. O’Byrne), mamá (Catalina Sandino) y sus seis hijos se toman una foto junto a un lago. Viven alejados de todo, casi en medio de la nada, en un hogar rodeado de colinas. Él es un granjero que lidia con vacas el día entero, ella es ama de casa. Parece que son felices.

    Pasan varios minutos antes de comprender por qué Medeas es tan silenciosa. Primero, porque la protagonista (Sandino) es sordomuda. Segundo, porque de este modo es más angustiante descubrir que su marido (O’Byrne) no siempre es el padre amoroso que juega con sus hijos, sino un tipo religioso e inflexible que puede maltratar a su familia si lo provocan o deshacerse de su perro al primer gesto de desobediencia.

     Lo que hace Pallaoro en Medeas es torcer el cine convencional. Provoca una sorpresa tras otra —una infidelidad o un asesinato— con tomas largas y pocos diálogos. Constantemente contrasta la belleza de los escenarios naturales con el desasosiego de la familia que sitúa en ellos. Además, se detiene con tanta calma en el hombro de sus personajes que el espectador casi se convierte en espía de momentos tristes y dolorosos, que no deberían rebasar la intimidad familiar. Por eso, en Medeas el silencio no refleja las fallas de un guionista, sino que intensifica la tragedia y prácticamente dice: “Estás a punto de ver algo horrible y no podrás decir o hacer nada al respecto”.

       La cinta de Pallaoro le debe su nombre a un personaje del mito griego de Jasón y los argonautas. En él, Medea es una hechicera que ayuda al hombre que ama a conseguir poder y gloria. Él se casa con ella y tienen una familia, pero con el tiempo la abandona por otra mujer y ella enloquece al grado de asesinar a sus hijos por venganza. Pallaoro da el toque final a su primer gran filme cuando retoma este mito y le da un giro (que no podemos revelar, obvio). De este modo, deja clara una sentencia: los celos, la locura y los crímenes siempre han sido parte de la esencia humana. Y con un final inesperado, suspende nuevas preguntas en el tiempo.

Nuestra obsesión con Judi Dench

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Originalmente publicado en Esquire no. 80 (PDF aquí)

Un grupo de ingleses retirados decide terminar sus días en Jaipur. The Second Best Exotic Marigold Hotel es una mezcla de buen humor, escenarios increíbles y talento al nivel de esta gran actriz

     Evelyn Greenslade (Judi Dench) cuelga el teléfono con lágrimas en los ojos. Ahora es viuda y, sin el hombre que fue su marido durante 40 años, no sabe ni cancelar su conexión a internet. Además, está llena de deudas y tendrá que vender su casa. Podría mudarse con su hijo y su nuera, pero en lugar de eso decide irse a vivir a la India.

     En el viaje conoce a un matrimonio (Penelope Wilton y Bill Nighy) que malgastó sus ahorros para el retiro en el negocio de su hija, a una ex ama de llaves gruñona que odia a los indios (Maggie Smith), a una divorciada en busca de un nuevo marido (Celia Imrie) y a un soltero mujeriego que a sus setenta y tantos sigue con crisis de la edad (Ronald Pickup). Juntos van a dar a un supuesto hotel —que en realidad es un cuchitril a punto de caerse a pedazos— y así empiezan una nueva vida.

     Lo anterior resume la trama de The Best Exotic Marigold Hotel, que se estrenó en 2011 y recibió tan buenas críticas (y taquilla) que el director John Madden decidió volver a reunir a su magnífico elenco (al que en esta nueva entrega se suma Richard Gere) para continuar la historia en una nueva cinta que se estrena este mes. Platicamos con Judi Dench sobre ella.

ESQUIRE: ¿Ustedes sabían que habría segunda parte?
JUDI DENCH:
Creo que ninguno de nosotros lo hubiera imaginado, pero cuando volvimos todos nos sentimos absolutamente hechizados por la historia, como en la primera película.

ESQ: ¿A qué atribuye el éxito de la primera cinta?
JD: La verdad no lo sé. Tal vez porque es una historia sobre muchas personas de cierta edad. Y también porque se estrenó en el invierno y, al verla, exhala calor. ¿Estás de acuerdo? Quizá también porque es agradable ver a estas personas en un clima cálido, rodeados de colores maravillosos, y ver todo sobre la India, que es un país tan asombroso.

ESQ: La primera vez que la vemos en esta nueva cinta es en una escena con Maggie Smith, la ex ama de llaves. ¿Qué ha pasado en la vida de estas dos mujeres?
JD: Han pasado ocho meses desde que terminó la historia anterior, así que Evelyn [Dench] conoce a Muriel [Smith] mucho mejor que antes. Hay más confianza entre ellas, aunque me sigue llamando por mi apellido y yo la sigo llamando por el suyo. Tengo un enorme respeto por lo que hace y sé lo inestimable que es para la administración del lugar. Se han acostumbrado la una a la otra y se entienden. No sé si hay mucho respeto de su parte hacia mí, pero indudablemente lo hay de mi parte hacia ella.

ESQ: Ha trabajado con Maggie muchos años…
JD: Ay, años, sí. Desde 1958.

ESQ: ¿Cómo ha sido eso?
JD: Ella es encantadora. Me encanta trabajar con Mags. Lo hemos hecho sobre todo en teatro, pero desde luego también está A Room with a View (1985), Tea with Mussolini (1999) y Ladies in Lavender (2004). Y, claro, la película anterior de Marigold. Creo que he trabajado con ella más que con ningún otro actor.

ESQ: También ha trabajado varias veces con el director John Madden.
JD: Sí, en Mrs Brown (1997) y Shakespeare in Love (1998) [cinta por la que Dench obtuvo un Óscar]. Tener lazos así es una suerte. Creo que mientras más trabajas con alguien más lo conoces y lo entiendes, porque surge una especie de comunicación no verbal. También he trabajado mucho con Stephen Frears y ahora me doy cuenta de que nuestra comunicación es cada vez menos verbal. Él no dirige a través de palabras, sino de sílabas [ríe]. Volviendo al tema, creo que no puede haber nadie más cooperativo, más lleno de energía, más inventivo y más paciente que John Madden. Sabes exactamente dónde está él, y dónde estás tú.

ESQ: ¿Cómo cambia la historia de los demás personajes en esta nueva película?
JD: Hay un cambio porque en la primera todos estaban adaptándose al hotel y ahora va a expandirse. Además, todos se conocen mejor y hay muchas historias nuevas. El denominador común es el hotel Marigold, pero ahora todos tienen vidas separadas.

ESQ: Tina Desae es una actriz india que aparece en la cinta. Nos dijo que en la primera parte ella les dio consejos y ahora se siente usurpada, por la manera en la que ustedes conocen el país.
JD: Hemos tomado el control. En la primera película vivimos nueve semanas y media en la India; en la segunda, ocho. Es una sensación maravillosa. También he filmado mucho en Italia y lo que es encantador de trabajar en otro país es que no te sientes como turista. Tienes una sensación de propiedad y es casi como si tuvieras una segunda casa. Todos hemos sentido que le hemos entregado nuestro corazón a este país.

ESQ: ¿Entonces ya aprendió a regatear?
JD: No, soy terriblemente mala, y como las cosas son muy lindas aquí, creo que no puedo hacerlo. Cedo a la primera. Soy muy débil.

ESQ: ¿Cómo se adaptaron con los nuevos actores que se integraron al reparto?
JD: A Tamsin [Greig] la admiro mucho como actriz. Soy fan de The Archers [una telenovela británica que se transmite desde 1950], y sabía que ella interpretaba a Debbie, así que quise que me diera toda la información sobre la historia. De verdad es muy buena actriz. Muy, muy buena. Lo que fue encantador es que trajo a toda su familia aquí, a su esposo y sus tres hijos. A Richard [Gere] no lo conocí, porque no tuve ninguna escena con él. Estoy sentada en el fondo en un par de escenas, pero realmente no tuvimos contacto.

ESQ: ¿Lo lamenta?
JD: No, porque de todas maneras puedo alardear al respecto: “Pude mirar fijamente a Richard Gere, aunque casi no tuvimos escenas juntos” [ríe]. Es encantador, y me imagino que para él debió haber sido bastante intimidante entrar a este grupo. Somos muy unidos, porque nos conocemos muy bien, pero él supo manejarlo a la perfección.

[Recuadro]

La mujer que sometió al 007
Por Alejandro Herrera

James Bond informa a su superior, M, sobre el robo del arma satelital GoldenEye:

—¿Quiere un trago? —interrumpe la mujer.
—Gracias. Su predecesor tenía una botella de coñac en el…

M vuelve a interrumpir. Marca su territorio.

—Yo prefiero el bourbon. ¿Hielo?
—Sí.

Con este intercambio de diálogos, Judi Dench estableció las reglas de lo que sería la relación durante el siglo xxi entre el 007 —“un dinosaurio sexista y misógino; una reliquia de la Guerra Fría”, según sus propias palabras— y la nueva directora del servicio de inteligencia MI6. El momento es clave para la segunda franquicia más exitosa del cine: Dench venía a suplir a los magníficos actores Bernard Lee y Robert Brown como los jefes directos del 007. Y más importante aún: por primera vez debía convencer a las audiencias de que James Bond obedecería sin reparo a una mujer. Lo logró con una mezcla de instinto maternal y frialdad militar durante siete de los 23 filmes de la serie oficial de James Bond. Y a los detractores, M sólo les respondería: “Si quisiera sarcasmo, llamaría a mis hijos”.

El hotel de lo real

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Originalmente publicado en Esquire no. 79 (PDF aquí)

En su primera novela, El telo de papá, la argentina Florencia Werchowsky aprovecha su ingenio y buen humor para narrar las anécdotas que sólo le ocurren a alguien cuyo padre es dueño de un motel.

     Las anécdotas de Florencia Werchowsky eran el número estelar de sus fiestas. Ella aún trabajaba como periodista en Argentina, y era común que las reuniones a las que asistía terminaran en medio de carcajadas. Todo gracias a las historias que narraba sobre el motel (telo, en Argentina) que su papá tenía en una carretera de la Patagonia, donde nació.

    Florencia escribió El telo de papá por dos motivos: tenía ganas de ser novelista y miedo a que alguno de sus amigos le robara sus historias. Seleccionó las anécdotas que publicaría, le dio vueltas al título (porque, claro, fuera de su país no todo el mundo entiende qué es un telo), decidió que el tono humorístico permearía el libro de principio a fin y superó que su madre le retirara el habla por ventilar lo que ella consideraba sus “turbulencias familiares”.

   El resultado es una prosa divertidísima que retrata cómo fue crecer en los años noventa en Argentina, y hace sentir al lector como si Florencia le confesara las locuras de su vida en medio de un café. En estas páginas presentamos algunos extractos de las mejores escenas de El telo de papá.

ESQUIRE: ¿Cómo balanceaste tus anécdotas personales con la ficción de la novela?
FLORENCIA WERCHOWSKY: Me tomó dos años escribirla. Fue difícil porque sí soy la hija del dueño del telo de un pueblo [ríe]. A partir de ese escenario construí una galería de personajes y situaciones que fuesen apropiadas para reunir las particularidades del lugar en el que crecí. El problema con las historias es que fueron tan extraordinarias que corrían el riesgo de no parecer verosímiles.

ESQ: El tono me encanta, parece que le estás contando tu historia a un amigo.
FW: Traté de concentrarme mucho en lograr eso. Por cierto, hoy me acordé de otra anécdota increíble: una noche alguien llegó a asaltar el hotel, así que una de las mucamas salió armada al bosque. Lanzó un disparo al aire, pero éste pegó con un cable y se fue la luz en todo el lugar.

ESQ: ¿Y por qué no la integraste al libro?
FW: Vos entendés lo improbable de la situación. Si lo contaba en la novela, todo el mundo iba a decir: “Qué exagerada, nunca podría suceder algo así”. Pero eran cosas que pasaban. Además, tuve la suerte de tener un papá muy creativo. Él inflaba las historias al momento de contarlas. Si acaso narro algo que no parezca verosímil, es culpa suya [ríe]. 

ESQ: La complicidad con tu padre es extraordinaria. ¿Siempre ha sido así?
FW: Sí. Tuvo sus vaivenes, pero mi papá es un tipo muy simpático, de gran corazón y está absolutamente loco. Yo soy la única de sus hijas que tolera todos sus malos comportamientos y berrinches. Entonces, como yo lo perdono, él me perdona. En ese territorio, en esa Franja de Gaza con banderita blanca que hemos creado entre nosotros, podemos construir una relación de mucho cariño y de complicidad.

El nuevo Daredevil

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Originalmente publicado en Esquire no. 80 (PDF aquí)

El actor Charlie Cox nos dio seis razones por las que no debes perderte esta nueva adaptación del cómic de Marvel (que rogamos sea mejor que la última película).

  1. Quizá sea imposible no recordar la versión de cine que antecede a esta adaptación, pero la serie me hace sentir muy optimista. Lo que puedo decir de nuestro trabajo es que tan pronto recibimos el guión nos dimos cuenta de que había un gran trabajo en relación con la fuente original. Es decir, se tomaron muy en cuenta los cómics, así que éste será el Daredevil que muchos esperaban.
  1. Tenemos muy clara nuestra responsabilidad. Al interpretar a Daredevil uno jamás puede decir: “Esta es mi versión del superhéroe y ya”. Él y todos los personajes de la serie son emblemáticos y miles de personas tienen una opinión particular sobre ellos, así que este proyecto implica una gran presión.
  1. Daredevil es un buen enfoque sobre un héroe humano. Eso es lo que más nos emociona de la serie: que tomamos héroes y villanos ficticios y los transformamos en gente real. Creo que logramos crear personajes con los que es muy sencillo relacionarse.
  1. La intención inicial de los cómics fue la base de la serie: inspirar a otros a mejorarse a sí mismos, como si fueran superhéroes. Es decir, Daredevil es un producto de entretenimiento genial, pero —lo sepas o no— toca algo dentro de ti. Eso te motiva a enfrentar tus miedos y sobrellevar los retos que se te presenten. De algún modo, es lo que Shakespeare hacía en sus obras: la razón por la que sus personajes eran reyes y reinas era porque eso eleva las expectativas de la audiencia, porque de pronto la responsabilidad es salvar el universo, el mundo o una ciudad.
  1. Matt Murdock [el nombre real de Daredevil] es un personaje increíble. Es muy dinámico e interesante porque tiene muchos conflictos. Trabaja como abogado en las mañanas, pero durante la noche hace justicia por su propia mano. Es un hombre religioso, pero también le importan la ley y el orden, así que —de algún modo— juega a ser Dios. Sin embargo, después debe irse a casa, cargar con todos esos sentimientos y confusiones, y lidiar con ellos para tratar de llegar a un punto medio entre el hombre que es y lo que se espera de él. Eso funciona de maravilla en un drama para la televisión.
  1. El villano de la serie [Wilson Fisk] también es genial. Creo que en nuestro mundo no existe el bien y el mal. Nuestro trabajo como integrantes de la sociedad es identificar qué es lo que nos beneficia y qué es negativo para el mundo en el que vivimos. Y considero que lo que ocurre conforme se desarrolla la serie es que tenemos a dos personajes que tratan de obtener lo mismo [mejorar el mundo], pero los medios que usan para lograrlo y el modo en que revelan sus intenciones provocan un enfrentamiento que nosotros explicamos como el “bien” y el “mal”.

Un zapato en el lomo de un cuchillo

Un zapato en el lomo de un cuchillo.
El filo no lo daña.
Carga al zapato en hombros,
guarda el balance.

Hace frío y la pampa es muda.
De cristal níveo, les guiña un ojo.
Zum.
Un zapato baila tango en el lomo de un cuchillo.

Cambio de lado.
Doble ocho.
Molinete.
Un contratiempo y su vaivén es filigrana.

Algunas noches,
después del baile,
el zapato ve la luna lívida
y se siente un tanto triste.

Es un artista, cierto.
Ha ganado premios
ceñido a un pie cobarde
que sale al ruedo en calcetines.
Ha trazado octaedros y triángulos isósceles.
Ha practicado su caligrafía china.
A veces, también,
cuando así lo ha querido,
ha sido un trineo.
Se ha despeinado al viento
veloz como flecha de amazona.

Pero en noches como ésta,
el zapato ve su pecho en blanco:
ni una pisada.

El zapato pide un deseo:
que un día,
algún día,
raspe al menos la punta de su suela
en la cara láctea del hielo.

México atemporal

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Originalmente publicado en Esquire no. 78 (PDF aquí)

Tras obtener premios en festivales como Tribeca, Berlín y San Sebastián, se estrena Güeros, el primer largometraje de Alonso Ruiz Palacios. Esta road movie es el retrato de un país que arrastra los mismos pesares desde hace décadas.

    Cualquiera de nosotros podría ser el protagonista de Güeros. Aunque la trama está inspirada en la huelga de estudiantes que paralizó la UNAM en 1999, el mayor acierto de Alonso Ruiz Palacios es que sus personajes reflejan el hastío que nos generan los problemas del país y lo mucho que ansiamos una transformación.

     El director mexicano dice que su película es una road movie. El género se popularizó en Estados Unidos en los años 60 y desde entonces ha sido utilizado por realizadores de todas las cinematografías del mundo. “La idea era hacerla en la ciudad de México porque es un lugar tan grande y diverso que siempre sentí que merecía una película así”, dice Ruiz Palacios.

    Lo que Sombra (Tenoch Huerta), Santos (Leonardo Ortizgris) y Tomás (Sebastián Aguirre) salen a buscar es el rastro de un cantante, Epigmenio Cruz, cuya música resume sus consignas personales: no hay que simplificar la vida, sino darle una segunda lectura a lo que nos rodea.

    Ruiz Palacios siempre tuvo claro que la suya sería una cinta atemporal. Por eso está en blanco y negro, sus personajes usan smartphones, pero visten como en los 90, y la huelga sirve como eje conductor, mas no persigue un objetivo preciso (como es una metáfora de la inconformidad, nunca conocemos las exigencias de los manifestantes). “Para mí eso era importante, porque la hace más universal y la libera de la camisa de fuerza que a veces son los contextos históricos.”

    Sombra, Tomás y Santos viven en una especie de limbo. No están a favor ni en contra de la huelga, sino a favor del cambio. “Sí, creo que concebí los personajes de Tenoch y Leo como dos posturas distintas ante una misma situación. La película trata tanto de lo estático como del movimiento.” Eso es tangible desde el inicio de Güeros: la vida de Sombra se transforma cuando su hermano pequeño llega a vivir a su casa. Él es quien lo incita a salir de su departamento, viajar por la ciudad y buscar a Epigmenio Cruz.

   Güeros es una cinta de contrastes. Como el título sugiere, la mayor parte de los personajes son de tez clara, a excepción del protagonista (que no sólo es moreno, sino que se hace llamar Sombra). “Decidí llamarlo así porque los apodos son muy comunes durante la universidad. Además la gente le dice así porque uno de los subtemas de la película es el racismo.”

    Ruiz Palacios no ha dejado de recibir halagos. Aunque la película se estrena este mes en México, desde 2014 se ha presentado —y ganado premios— en festivales como la Berlinale, en Alemania, y Tribeca, en Estados Unidos. “En las presentaciones hemos tenido experiencias muy bonitas. Una señora en San Sebastián (España)salió llorando y le dijo a Tenoch: ‘Me regresaron la vida’. Dijo que se había transportado a su juventud.”
El joven director ya tiene dos nuevos proyectos de cine en puerta. No podemos esperar a verlos.

Poliedro

Para M.

Caigo en un sueño profundo
para encontrarte
a medianoche
y bailar frente a extraños
(en una calle vieja de Oaxaca).

El cielo se cae a pedazos
cuando me besas. 
Mira cómo (se apaga la vida en las ventanas)
mientras vadeamos el empedrado,
como amantes de toda la vida.

Dime de qué está hecho (el soplo)
(que me inyectaste) con tu piel
mientras dormía,
y hoy (alumbra el insomnio)
cuando te pienso.

La aventura de ser Oscar Isaac

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Originalmente publicado en Esquire no. 78 (PDF aquí)

El actor guatemalteco visitó México para apoyar a emprendedores y
hablarnos de sus planes en cine.

     Oscar Isaac nunca olvidará su primera audición. Era 1995, tenía 15 años y acababa de mudarse a Nueva York para estudiar Teatro en Juilliard, parada obligada de quienes desean seguir las huellas de ex alumnos súperdotados como Robin Williams o Kevin Spacey. El guatemalteco llegó a la audición con la esperanza de obtener el papel de un narcotraficante. Se plantó en el escenario como el manojo de nervios que era desde que aspiraba a protagonizar obras de teatro en primaria y, como lo hacía desde pequeño, enloqueció al director: “Estuviste increíble”. Aplausos. Contratado. Isaac estaba a punto de levantar los brazos en señal de victoria, como Rocky Balboa, cuando se enteró de que no interpretaría a un gangster, sino a un sirviente gay.

    “Así de buena fue mi actuación”, ríe Isaac, de visita en México como embajador de The Venture, la iniciativa de Chivas Regal para apoyar a emprendedores. “Me dieron el papel de un pequeño y dulce mozo. La película se llamaba Illtown, y fue terrible.” Cuando uno está frente a él, jamás imaginaría que este tipo magro, ojeroso y de rizos medio rebeldes podría mutar en un criminal. Pero Isaac es necio, y a casi 20 años de esa audición que con una mezcla de amargura y humor se llevará a la tumba, amarró un contrato para interpretar al rey de los villanos en la historia de mutantes más rentable del cine: en 2016 aparecerá en X-Men: Apocalypse como una criatura de piel gris y labios azulados que hará hasta lo imposible por dominar el mundo.

Inicios karatecas

    Oscar Isaac siempre quiso ser actor. Como fanático de las películas de Jean-Claude Van Damme, a los 11 años comenzó a dirigir pequeños filmes de artes marciales que protagonizaban sus amigos. “Mi papá tenía una cámara de video y me la prestaba. Había mucha sangre, muerte y destrucción”, dice. Gracias a esas primeras cintas karatecas, Isaac aprendió que el Quick sabor fresa es un arma secreta de los efectos especiales —“usábamos el polvo para malteadas como sangre artificial”— y que en su vida no habría nada más apasionante que la actuación.

   Para Isaac no fue difícil despedirse de Miami y volar en busca de sus sueños a la ciudad de los taxis amarillos y el Empire State. Por aquel entonces, él y su familia —madre guatemalteca y padre cubano— ya habían empacado sus maletas en cuatro ocasiones: la primera —cuando él tenía cinco meses de nacido— para dejar la capital de Guatemala; la segunda para salir de Baltimore rumbo a Luisiana, y la tercera para establecerse en Florida.

   A pesar de su ascendencia latina, los años que ha pasado en Estados Unidos han provocado que su castellano se empolve. Durante nuestra charla me ofrece hablar en español, pero al minuto cuatro empieza a sufrir como un niño ante un problema de trigonometría y, con la vergüenza que no debería de sentir un tipo que ha besado a mujeres como Jessica Chastain y Carey Mulligan en pantalla, me pregunta si podemos continuar en inglés. Y claro, como uno hace siempre que una celebridad —una a nivel de “futuro protagonista de Star Wars: The Force Awakens”— le pide un favor —are you kidding me?— respondo que sí.

«Voy a cantar»

   Además de aquel pseudofracaso que golpeó su ego en los 90, hay otra audición memorable en la vida de Oscar Isaac. Era 2012, tenía 32 años y con guitarra en mano llegó a cantar frente a los hermanos Ethan y Joel Coen con la esperanza de obtener el protagónico de Inside Llewyn Davis. Hasta ese momento había interpretado papeles secundarios en filmes cuyo sello de garantía eran nombres como Rachel Weisz (Agora, 2009), Russell Crowe (Robin Hood, 2010) y Ryan Gosling (Drive, 2011), así que el manojo de nervios de Guatemala estaba a sólo un desaire de hacer implosión.

   “No hay nada como conseguir un papel que deseas, y hasta ahora el mejor de ellos ha sido Llewyn Davis.” Lo que Isaac no dice es que esta cinta fue una de las mejores de 2013. Uno podía salir babeando del cine con sólo poner atención en el diseño de producción —la ambientación de Nueva York en los 60—, pero en realidad la interpretación de Isaac de un cantante fracasado de folk era lo que daba ganas de levantarse a aplaudir.

   A su actuación como Llewyn Davis no sólo hay que elogiarle la forma en que se apropió de temas que alguna vez cantaron Bob Dylan o Jeff Buckley, sino su acoplamiento perfecto al estilo ácido de los guiones firmados por los Coen: como la mayor parte de los personajes de estos maestros del humor negro, supo insertarse en las peores situaciones imaginables —lidiar con el suicidio de su compañero musical y embarazar a la esposa de un amigo— y orillar al público a ese terrible debate entre la risa y el llanto.

Al estrellato

   Los personajes de Isaac son pegajosos. El actor se los lleva a la regadera, al comedor y a la cama. “Suelen seguirme a casa. A veces los recuerdo cuando me estoy bañando y pienso: ‘Rayos, debí de haber hecho esto de tal o cual modo’. El proceso de crearlos es tan divertido que me cuesta trabajo separarme de ellos.”

   Isaac se funde con sus personajes antes de comenzar a filmar. Todo para que cuando ponga un pie en su primer set o locación, no sea él —este tímido guatemalteco y ex fanático de Karate Kid— quien entre a escena, sino alguno de los tipos con “crisis existenciales” que suele interpretar.

   Cuando se preparaba para darle vida a Llewyn Davis, por ejemplo, le pidió a los Coen que le enviaran el vestuario un mes antes del rodaje y decidió usarlo todos los días. “No fue nada complicado, porque usaba la misma ropa toda la película”, dice riendo. Y así, con el mismo saco en pana color miel, mitones verde olivo, bufanda chocolate y zapatos rotos, Oscar Isaac —Llewyn Davis— viajó en metro, estuvo con sus amigos y asistió a fiestas durante 30 días.

   Su siguiente gran papel será Poe Dameron en la séptima entrega de Star Wars. Y aunque la trama de la historia de ciencia ficción que ya filma bajo la dirección de J.J. Abrams se mantiene en absoluta secrecía, habrá que estar atentos: quizá si en la oscuridad del metro neoyorquino brillara una espada láser en la mano temblorosa de un tipo de rizos rebeldes, sabremos que se trata de Oscar Isaac preparándose para su nuevo papel.

Seis notas para John Williams

Como un cisne, frente a la orquesta,
un hombre abre las alas.
Sus manos de plata rasgan el silencio.

En primer plano, un violín se despabila.
Mueve la cabeza.
Se talla los ojos.
Adormecido, espera su turno.
Un aletazo del hombre y el violín despierta.
Toma vuelo,
da un salto.
Su cuerpo menudo se hunde en el oleaje
que lo había dejado atrás.

En un rincón, a la derecha,
un contrabajo hace una rabieta.
Su voz profunda, de dragón viejo,
tiembla en su pecho.
El hombre deja de mirarlo.

Del hombre, yo sólo veo la espalda
y las alas
que hacen piruetas
para llamar a escena a un corno francés.

El corno hace llorar a un arpa.
La lluvia de sus cuerdas cae sobre el espejo de un piano.
El hombre lanza una caricia.
Su eco se apaga.

El silencio se incendia.
El hombre se dobla.
Ahora es un flamingo,
y una medialuna en su barba blanca
es la última tesitura de la noche.

Este soy yo: Eloy Tizón

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Originalmente publicado en Esquire no. 78 (PDF aquí)

ESCRITOR, 50 AÑOS, MADRID

> Leí a Octavio PazPiedra de sol (1960)— a los 16 años, y para mí fue un deslumbramiento absoluto notar lo que se podía hacer con el lenguaje y el nivel de implicación emocional que había en el poema. Fue una lección muy importante para mí, y una vez que aprendes algo así, la enseñanza te dura toda la vida.

> Poetas como Paz y César Vallejo me parecen figuras inalcanzables. Sin embargo, con modestia, intento seguir la senda que ellos marcaron: respeto y exploración del lenguaje hasta agotar las posibilidades casi musicales que tiene, ya que la poesía es prácticamente una cuestión de música.

> Si en tus historias predomina una atmósfera donde lo primordial es el lenguaje y el sonido, eso indica que te iniciaste en la poesía. Ese es justo mi caso. Lo que me fascinó de la literatura en un principio fue el resplandor verbal, y eso puede encontrarse en la poesía a un grado máximo.

> Escribir es como caminar por el filo de un cuchillo: siempre estarás rodeado de peligro. En cualquier momento podrías caer al abismo y encontrar dragones esperándote.

> También es salir de tu zona de confort. Con el tiempo todos desarrollamos ciertas habilidades y la tentación de repetirnos siempre está ahí. Sin embargo, hay que luchar contra eso. A veces empiezo a escribir un texto y lo abandono porque pienso: “Esto ya lo he hecho o he usado una voz parecida”. Para mí la felicidad se produce cuando aparece algo que no había hecho antes. Transitar por un lugar inexplorado te obliga a replantear tu manera de escribir.

> El reto de un escritor es crear algo distinto a lo que ya está hecho, pero sin que sea completamente marciano. Es decir, el terreno en el que nos movemos surge a partir de un diálogo entre la tradición y lo novedoso. Es como pisar arenas movedizas, porque no siempre es fácil dar un paso con firmeza.

> Hay cuentistas grandes y maravillosos como [Raymond] Carver o [Jorge Luis] Borges, pero cuando los lees no puedes dejarte atrapar por su órbita, porque entonces te convertirías en un imitador. Si te sucediera algo así, estarías perdido y sería tu muerte como escritor. Hay que admirarlos, pero sin llegar al punto en que sustituyan tu propia voz. El reto es tratar de digerir y asimilar a los clásicos sin dejarse abducir por ellos.

> Suelo ser bastante sintético al momento de escribir, así que un género que es menos extenso se adapta mejor a mi manera de entender la vida. Me parece difícil escribir una novela de 500 páginas porque la mirada y el aliento que tengo es menor. Eso no quiere decir que sea mejor ni peor, sino que uno debe descubrir en qué terreno se mueve y le es propicio, sin pretender convertirse en un escritor que no es.

> Siempre es complicado dar normas generales sobre un género, pero creo que un cuento debe producir —por llamarlo de alguna manera— una sacudida. Es decir, este género tiene que abandonar los lugares comunes, las estructuras consabidas y debe trazar un recorrido; por ejemplo, describir a un personaje que se expone a una intemperie en la que le pueden suceder situaciones incómodas o simplemente que haya algo que se agite en su conciencia y bulla. En resumen, debe haber una especie de forcejeo para producir vida y movimiento.

> Si tuviera que resumir mi proceso de escritura en una palabra, diría que está basado en el merodeo. Es decir, encuentro un tema, personaje o atmósfera que me interesa o me parece misteriosa por algún motivo, y a partir de ahí empiezo a rondarlo hasta que otros elementos se revelan. Sin embargo, necesito tiempo para eso. Escribo y a veces descarto lo que intuyo que no me llevará al fin que persigo, pero siempre hay mucho rodeo y divagación en torno a mis personajes.

> En mis cuentos no me interesa resolver un misterio, sino arroparlo. La vida es muy misteriosa y me gusta que la literatura lo conserve. No me gustan los textos que lo explican todo, en los que al final todo está claro. Creo que no es grave, ni el lector se siente estafado si algo queda en la penumbra y se le deja un poco a la imaginación.

> Si todo se revelara en un texto, como una habitación completamente iluminada, el lector podría sentirse un poco insatisfecho porque no habría podido poner nada de su parte. Es decir, en muchas ocasiones, el lector se introduce en el texto a partir de lo que los escritores no decimos, de los elementos que están ocultos. Por eso la escritura es un juego de dosificación y no es fácil encontrar una norma que diga “hasta aquí”. En consecuencia, a veces nos arriesgamos a ser crípticos y en ese estrecho margen es donde nos jugamos la validez de un texto.

> Soy muy respetuoso con las lecturas que hacen los demás, porque me he topado con interpretaciones que a mí no se me habían ocurrido de mis propios textos y que me han parecido muy brillantes. El hecho de que existan opiniones dispares es una de las riquezas de la literatura.

> Una vez una persona me dijo que mis cuentos le recordaban al fado, la música tradicional portuguesa. Fue un comentario muy bonito, porque recogía algo de la música y también la melancolía de mis textos.

Nota: El escritor visitó México en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para presentar su libro de cuentos Técnicas de iluminación, publicado por Editorial Páginas de Espuma.