El sonido del éxito

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Originalmente publicado en Esquire no. 77 (PDF aquí)

Entre los halagos que recibió Birdman destaca la nominación al Óscar por Mejor Edición y Mezcla de Sonido, de lo que fue responsable Martín Hernández. ¿Quién es este genio?

         Domingo. 6:00 a.m. Mediados de los 80. Martín Hernández —sonidista—, Alejandro González Iñárritu —director— y el resto de su equipo de producción salen a filmar una escena de Una flor amarilla, una adaptación del cuento de Julio Cortázar. Tienen veintipocos y estudian Comunicación en la Universidad Iberoamericana del D.F. La cámara Súper 8 de ‘El Negro’ —Iñárritu— y la grabadora de ‘El Gordo’ —Hernández— son prestadas. Llevan varios fines de semana dedicados a la revisión del guión, búsqueda de locaciones y filmación. Antes de la última escena, la cámara deja de funcionar. No hay dinero para repararla. Adiós cortometraje.

            Frustraciones aparte, ‘El Negro’ y ‘El Gordo’ decidieron colaborar juntos el resto de su vida. En la universidad hicieron trabajos en equipo para clases de Ciencia Política, Estética, Historia y Literatura. Quince años más tarde llegaron a Hollywood y a la fecha han recibido aplausos por Amores perros (2000), 21 Grams (2003), Babel (2006), Biutiful (2010) y Birdman (2014).

            El de Martín Hernández es un trabajo peculiar. Un diseñador de sonido es responsable de editar y sincronizar diálogos, de supervisar la regrabación de parlamentos en caso de necesitarlo, de generar ambientes y efectos de sonido: “Es como preparar una sopa: hay que agregar ingredientes poco a poco y mezclarlos para darle más consistencia y sabor”. El problema es que no todo el público lo sabe: algunos fanáticos de sus películas se han acercado a él para felicitarlo porque “les gustó mucho la música” de la cinta.

            Aunque podría hacerlo, ‘El Gordo’ no se dedica a componer bandas sonoras para el cine. Su trabajo con ‘El Negro’ empieza cuando se termina la versión final del guión: “Me lo da, lo leo y luego intercambiamos puntos de vista. Es el inicio de una conversación que me sirve como guía para saber en qué voy a trabajar”. Entonces comienza un proceso creativo para encontrar una gama de sonidos que “envuelva” la película y tenga sentido con la trama y los protagonistas.

            Su trabajo es como el de algunos superhéroes: invisible para la mayor parte de la gente. Desde un pequeñísimo estudio —más pequeño que la cabina de W Radio, la estación de radio para la que trabaja en el noticiero Así las cosas— revisa su biblioteca de sonidos. Se cuestiona si lo que ya tiene grabado funcionará para darle una carga emocional a su película o si debe registrar algo nuevo: “Algunos de mis amigos lo llaman ‘sonogenia’. Eso implica que el sonido debe tener la misma genética que la imagen”.

            A Martín Hernández no le importa ser invisible. Al contrario: como buen experto de sonido sabe que sólo cuando el audio de la cinta deja de ser notorio —por la perfecta fusión que creó con la historia—, puede presumir que su trabajo estuvo bien hecho. Tampoco le preocupa tener un trabajo alejado de sus colaboradores en las locaciones y sets. La suya puede ser una labor solitaria, pero requiere de la misma dedicación que los cortos de sus años universitarios. Por ejemplo, para grabar el sonido de una de las escenas de Birdman en la que Michael Keaton sale borracho de un bar en la madrugada y camina por Broadway, Martín deambuló por las calles de Los Ángeles entre las 4:00 y las 10:00 de la mañana. En la mano llevaba grabadora y micrófono. Registró el sonido de autos ermitaños, el golpeteo de una coladera y los primeros autobuses escolares al amanecer. En sus desvelos aún se apasiona con los sonidos de una vida tan cotidiana que sólo un par de oídos expertos no se permite ignorar.

Este Soy Yo: Noah Wyle

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Originalmente publicado en Esquire no. 74 (PDF aquí)

Actor, 43 años, Los Ángeles, California

> Los papeles que interpreto han mejorado con el paso de los años. En ER sólo fui un doctor que se tropezaba con todo.
> Cuando tenía veintitantos, dejé de tener vida privada. O más bien mi trabajo se convirtió en mi vida privada. Durante años fui una de esas personas que tuvo un programa tan exitoso que prácticamente dejó de hablar con su familia: por ER trabajé 80 horas a la semana durante 11 años de mi vida.
> Ya no podría regresar a ese ritmo de vida. Dejé ER cuando me convertí en papá. Mi hijo nació un martes y la producción me dio permiso de faltar dos días para poder estar con él. Recuerdo que el jueves, cuando fui a trabajar, salí de casa a las siete de la mañana y volví a las 10 de la noche. Él ya estaba dormido. El viernes pasó lo mismo, y el sábado igual. El lunes siguiente fue el primer día de mi vida en que llegué al set y me la pasé mirando el reloj. Me di cuenta de que era la primera vez en mi vida en que prefería estar en otro lugar. Así que renuncié.
> Sigo en contacto con mis compañeros de ER. Invité a Eriq [La Salle] a mi boda, pero no pudo ir porque estaba grabando un episodio de Under the Dome en Carolina del Norte. Después vi a Alex Kingston, cuando mi esposa y yo viajamos a Nueva York y ella interpretaba Lady Macbeth en la obra dirigida por Kenneth Branagh. Por último, el señor [George] Clooney me mandó un mensaje de texto para felicitarme por mi boda.
> Es impresionante que aún cuando he trabajado en series como ER y Falling Skies, lo que más me pregunta la gente es cuándo haré otra película de The Librarian. Creo que el éxito de esa franquicia se debe a que el atractivo de la historia que narra es universal.
> Aunque han pasado siete años desde la última vez que participé en una película de The Librarian, tan pronto me puse el disfraz de Flynn me sentí como si nunca me lo hubiera quitado. Después de media década de interpretar a Tom Mason en Falling Skies —y de pasar todo ese tiempo pensando en el Apocalipsis—, Flynn es como medicina para el alma.
> Falling Skies ha sido una catarsis emocional y psicológica. Al analizar la situación de mi personaje empecé a a pensar en mis hijos y en lo que haría para evitar que sufrieran. Eso implica una carga emocional inimaginable. [La nueva serie de televisión] The Librarians es completamente diferente. Ahora puedo salir a trabajar sabiendo que interpretaré un papel que me permitirá satisfacer las ambiciones que tenía cuando era más joven y tenía claro lo que un actor debía ser.
> Flynn es una versión mejorada de mí, es el hombre que desearía ser. Posee un verdadero joie de vivre, no se toma nada demasiado en serio y me encanta su gran sentido del humor. Además no se deja intimidar por nada. Es competente y posee gran inteligencia. Es mi ideal.
> Me casé el 7 de junio y fuimos de luna de miel a París. Una noche tuvimos insomnio debido al del jet lag y no logramos dormir. Por casualidad revisé mi correo y en mi bandeja de entrada había una primera versión del tercer episodio de The Librarians. Como era el primero en el que yo no aparecería [Noah sólo actúa al principio y al final de la temporada], le puse play y lo vimos [se ríe]. Cuando terminamos, le dije a mi esposa: “¡Ehhhh! ¡Funciona! ¡Tenemos una serie!”. Era un capítulo sin Flynn y funcionaba perfecto.
> La televisión ha sido un medio muy productivo para mí. Lo único que me ha tentado a alejarme de ella es que ahora soy papá. Las producciones ya no siempre se llevan a cabo en Los Ángeles y eso implica que debo pasar mucho tiempo alejado de mis hijos. Una serie que tiene sólo 10 ó 12 capítulos por temporada puede funcionar, pero para ser honesto no sé cuánto tiempo podré aguantar trabajando en Falling Skies y The Librarians de manera simultánea.
> Cuando tienes un hijo de 11 años y una niña de ocho, sabes que te sentarás en el sillón y dirás: “¿Qué vamos a ver?”. Ella responderá : “Mi pequeño Pony”, y él: “Los Simpson”. Y tú pensarás: “¡Ah! No hay un punto intermedio, nada que los tres podamos ver juntos y logremos disfrutar”.
> Mientras más crecen, más trabajo me cuesta viajar con ellos. Cada vez tienen más partidos de futbol, fiestas de cumpleaños y actividades en la escuela. Por eso trato de no estar lejos de ellos más de dos semanas.
> Mi hijo es el mejor regalo que pude haber recibido. Se me hace un nudo en la garganta con sólo decirlo. Por eso me siento tan culpable cuando lo dejo por viajes de trabajo. Recuerdo que una noche lo llamé y le dije: “Sé que esto es difícil para ambos”. Él me respondió: “Sí, también te extraño papá, pero a la vez estoy muy contento de que estés trabajando en Falling Skies. De verdad me gusta esa serie, y si por ella debes estar lejos, no importa. Estoy feliz”. Gracias a esa conversación pude quitarme media tonelada de presión de la espalda, fue como si mi hijo me diera permiso de estar fuera y eso cambió por completo la experiencia para mí.

[recuadro]

Noah estrenará la quinta temporada de Falling Skies en 2015, pero cierra el año con The Librarians, una adaptación de las películas de ciencia ficción que se estrenaron en televisión en 2007. La primera temporada arranca en diciembre, y el actor compartirá créditos con John Larroquette, John Kim y Rebecca Romijn.

Y Dios creó a… Nicky Whelan

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Originalmente publicado en Esquire no. 73 (PDF aquí)

Recuerda su nombre, porque empezarás a verlo por todos lados: esta australiana estrenará tres películas antes de que finalice el año y estamos seguros de que llegará muy lejos.

Nicky Whelan está realmente avergonzada. Luego de tres intentos fallidos por comunicarme con ella, decidí preguntarle a su agente si todo estaba bien (y si tenía el número correcto). “Llámala ahora, te está esperando”, respondió a los dos minutos como una madre que ha regañado a su hija. La rubia contestó al primer ring.
—Oh, por Dios, ¡lo siento tanto! Debí ponerme un recordatorio para esta entrevista y lo olvidé. ¡Lo siento tanto, tanto, tanto!
—No, por favor, no hay ningún proble…
—¿¡Cómo no!? ¡Lo siento tanto, tanto!

No es la primera vez que un famoso olvida estar disponible a la hora acordada, pero lo sorprendente de Nicky es lo apenada que está. Genuinamente se siente culpable y lo quiere arreglar.

Seamos honestos: ¿quién podría molestarse con esta ojiazul? Su calidez es irresistible, incluso por teléfono. Quizá por eso está cada vez más cerca de conseguir el éxito que ha soñado no sólo como modelo, sino como actriz: no sólo tiene un cuerpo perfecto, sino que es el tipo de mujer encantadora y tenaz frente a la que cualquier hombre caería de rodillas.

La rubia de 32 años nació en Victoria, Australia, pero empacó sus maletas y se despidió de su familia para probar suerte en Hollywood. Comenzó su carrera como presentadora de televisión y en 2006 se integró al elenco de una telenovela llamada Neighbours. Desde entonces ha aparecido en series como Melrose Place (2009), Scrubs (2009), Franklin & Bash (2013) y un trío de películas de bajo presupuesto.

Para Nicky, la fama no ha aparecido como por arte de magia, sino como producto de su determinación. Sólo después de media década de trabajo en Los Ángeles puede sentirse tranquila de tener tres filmes en puerta, y gracias a eso la veremos muy pronto en Knight of Cups, del director Terrence Malick —ganador de la Palma de Oro en Cannes en dos ocasiones—; The Wedding Ringer, en la que compartirá créditos con Kaley Cuoco, y Left Behind, que protagoniza junto a Nicholas Cage. Con esto en mente, ¿se puede afirmar que ha transformado sus sueños en realidad? Ella misma lo responde.

ESQUIRE: Alguna vez dijiste que cuando estabas iniciando tu carrera querías ser bailarina y mudarte a Estados Unidos. Ahora que eres modelo y actriz, ¿piensas que tu sueño se hizo realidad o aún deseas bailar?
NICKY WHELAN: Además de bailar, siempre quise ser actriz. En Australia conseguí un trabajo como presentadora de televisión y me dediqué a eso durante ocho años. Sin embargo, como nunca dejó de interesarme la actuación, llegó un momento en el que dije: “Lo voy a intentar”. Entonces me llegó la oportunidad de filmar en Estados Unidos y hasta ahora todo ha salido bien. Así que, para ser honesta, siento que estoy a la mitad de mi carrera como actriz y a la mitad del camino de conquistar mis sueños.

ESQ: ¿Aún recuerdas cómo te sentiste la primera vez que estuviste enfrente de una cámara?
NW:
Estaba bastante nerviosa. Es algo que te puede confrontar mucho. Era muy joven y es muy diferente tomarse fotos con un grupo de amigos a estar rodeada de un equipo de producción. Para que una sesión funcione, debes estar completa y absolutamente relajada. Recuerdo que en mi primera sesión estaba muy nerviosa. Pero tienes que aprender a sentirte cómoda porque si no lo haces eso será lo primero que arruine tu desempeño. También recuerdo que al ser presentadora de televisión sentí algo distinto a lo que experimento como actriz. La transición entre una y otra actividad fue difícil, porque todo representa un reto.

ESQ: ¿Qué fue lo que te llevó a decir: “Haré lo que sea para mantenerme en esta carrera”?
NW: Mi mamá decía que nací con mucha determinación, que estaba siempre enfocada y que tenía en mi mente —desde los cuatro años— el baile y la actuación. En lo demás no era muy buena. Era traviesa y me portaba mal, pero siempre tuve claro lo que más me gustaba. A veces siento que nací con esa cualidad, pero también creo que es una mezcla de trabajo arduo, tomar riesgos, fijarse una meta y no darse por vencida. Para ser honesta, considero que todo tiene que ver con tu capacidad de enfrentar retos. Hay gente que tuvo un gran apoyo en el medio cuando inició su carrera, desafortunadamente yo no lo tuve, así que todo dependió de mi determinación interior para seguir en el camino que había escogido.

ESQ: ¿Tu familia siempre estuvo de acuerdo con tu decisión de ser actriz?
NW: Mi mamá y mi papá me apoyan por completo en todas mis decisiones, aunque parezcan algo locas. Cuando me mudé a Hollywood, a mi papá le parecía muy extraño que su hija viviera ahí, pero me apoyó y sigue haciéndolo. Eso me ha ayudado mucho. Estoy en una situación muy afortunada y me siento enormemente agradecida por ello.

ESQ: Tu abuelo [Marcus Whelan] fue una gran figura en el futbol de Australia. ¿Cómo fue crecer en una familia en la que había un ídolo deportivo?
NW: De hecho él murió antes de que naciera, así que no lo conocí. Pero, con toda honestidad, nadie tiene un trato especial en casa por ser famoso o salir en la televisión: todos nos comportamos como si nada con los demás, así que aunque tengas un abuelo exitoso, icono del futbol, pasas casi desapercibido. Nuestra casa funciona de manera muy normal. Por ejemplo, no se habla de si salgo en los medios o en una sesión de fotos. Todos nos tratamos de la misma manera y nadie recibe ningún trato especial [ríe].

ESQ: Tu primera aparición en la televisión fue hace casi una década. Como actriz, ¿cuál ha sido la lección más grande que has aprendido desde entonces?
NW: La primera vez que aparecí en la tele tenía 17 años. Empecé como presentadora y ese fue un viaje diferente al que implica la actuación. Son dos cosas completamente distintas y hacer la transición entre una y otra es muy duro, porque la gente se acostumbra y encuentra difícil verte en dos medios distintos. Estoy contenta de estar en Estados Unidos porque nadie me conoce aquí, pero la transición fue muy difícil: para dejar un ámbito y entrar a otro tuve que aprender distintas habilidades. Ahora tengo que admitir que prefiero la actuación y por mucho.

ESQ: ¿Siempre has disfrutado la fama o hay ocasiones en las que preferirías no ser reconocida?
NW: Mi carrera no se volvió exitosa de la noche a la mañana. Sí he trabajado en superproducciones junto a excelentes actores, pero todos mis papeles han sido muy diferentes y creo que por eso he logrado mantener mi anonimato. Sólo cuando estoy en una alfombra roja o en la promoción de una película y tengo que pararme frente a muchas cámaras, me resulta abrumador. Sin embargo, me gusta mucho reír y divertirme con mis amigos y mi familia. No soy alguien que esté rodeada de paparazzi. Hay mucha gente para quien sí es así y a quien todo el tiempo la persigue camarógrafos, pero no es mi caso, por lo que me considero afortunada. Creo que es crucial tener un sentido de normalidad en tu vida, y cuando la gente está rodeada de reporteros, se pierde de momentos muy lindos.

ESQ: Trabajaste recientemente en Knight of Cups, la película de Terrence Malick. ¿Qué tal te fue?
NW: Fue increíble. Probablemente fue una de las mejores experiencias que he tenido como actriz. Tanto él como la manera en la que trabaja son algo fuera de lo común. Me gustó haber sido parte de este proyecto que se convirtió en una vivencia mágica. Él es maravilloso y muy especial. Me encantaría volver a trabajar con él. Sin embargo, debo confesar que no sé nada de la película [ríe]. Es decir, no sabemos cuándo se va a exhibir.

ESQ: Tras algunos años de haber dejado tu hogar en Victoria, ¿te sientes a gusto en Estados Unidos o extrañas Australia?
NW: Me siento muy cómoda aquí en Los Ángeles, aunque no he dejado de ser una chica muy australiana que viaja a muchos lugares. Los viajes forman parte de tu trabajo cuando estás en el elenco de una película. Me encanta, pero sé que es un estilo de vida muy raro, no es para todos. Implica que debes tener claras tus bases. Lo disfruto mucho y sé que siempre tengo que estar lista para irme. Es mi estilo de vida, aunque sea muy particular.

ESQ: Tienes un cuerpo increíble, ¿cómo logras verte así?

NW: [Ríe] Bailé mucho cuando era niña, pero con el paso de los años he tenido que modificar mi rutina. El cuerpo de una mujer siempre cambia, y de eso dependen las actividades que tengas que hacer para mantenerlo en forma. Mi trabajo con un entrenador o los tratamientos que use cambian siempre. A veces hago mucho cardio; otras veces, pilates. Trato de incorporar varias rutinas que funcionen para mi cuerpo en cada etapa de mi vida. Y, aunque creo que ahora me funciona entrenar, el cuerpo cambia mucho y debes aceptar esos cambios.

ESQ: ¿Alguna vez has sufrido por tener que seguir una rutina o una dieta?
NW: Siempre he sido saludable. Creo que actualmente —de hecho desde hace varios años— he concluido que tener una mente saludable es extremadamente importante. Debes tener claras tus prioridades y eso influye en tu estilo de vida. Cuando la gente es feliz no come tanta comida chatarra, pero si eres delgada y eres infeliz, puedes subir de peso. La emoción juega un rol fundamental en el cuerpo, en la salud y en tu capacidad de estar en forma, así que tomar decisiones sanas y estar feliz es lo más importante. Además de esto, claro, también admito que la comida es absolutamente crucial para mí. Me ayuda a sentirme mejor. Me encanta el chocolate y el azúcar. Me divierto, pero nunca descuido el estado emocional en el que me encuentro.

ESQ: Hablando de diversión, ¿qué debe hacer un hombre para invitarte a salir?
NW: [Ríe] No sé si haya una manera correcta o incorrecta para que cualquier hombre se acerque a una chica en estos tiempos. Cuando conoces a alguien en ese momento tomas la decisión de conocerlo más o no,. Y cuando hay interés se vuelve algo muy lindo. Creo que conducirse a la antigua es hermoso: que un hombre corteje a una mujer, aunque sea a la vieja escuela, pone las cosas en orden y eso me gusta.

ESQ: ¿Cuál ha sido el mejor cumplido que te han dicho?
NW: No ha habido una frase particular, sino situaciones en escenarios distintos. Eso me hace recordar varios lugares y situaciones fabulosas. Creo que si puedes encontrar a alguien parecido a ti, con quien puedes pasar 10 horas pero que a ti te parezcan como 10 minutos, estarás viviendo un momento realmente mágico. Cuando están compartiendo momentos juntos, te das cuenta de que estás creando recuerdos trascendentes y mágicos con alguien especial.

En primera persona

Publicado en la revista Esquire no. 69 (PDF aquí)

Los escritores Etgar Keret, Mauricio Montiel Figueiras y Élmer Mendoza hablan sobre su filosofía creativa y sus libros más recientes.

Etgar Keret Pizzería Kamikaze

Etgar Keret

Cuentista y guionista/46 años/Ramat Gan, Israel

  • Uno escribe sobre sus miedos, enseñanzas y pasiones, pero si fuera un esquimal, no creo que escribiría sobre el frío. Lo mismo pasa con el conflicto de mi país. Cuando alguien se va a dormir, no reza por la paz en Medio Oriente, sino porque el chico o la chica que le gusta le corresponda. Al final, las cosas que pasan en el país donde vives son tu contexto, pero nuestra forma de vida es la misma en todos lados.
  • Cuando era joven, la única cosa en la que era bueno era en matemáticas. Se suponía que iba a ser ingeniero, pero lo que cambió mi vida fue el servicio militar. Cuando lo hice, mi mejor amigo se suicidó. Eso desencadenó que escribiera por primera vez. Nunca había escrito nada antes.
  • Todos los hombres de mi familia fueron soldados muy malos. Mi padre fue a la guerra de 1950 y estaba de guardia en el campamento. Descubrió que venían unos egipcios, se sorprendió y lo único que se le ocurrió hacer fue café y huevos para invitarlos a comer. Los egipcios, al ver aquella recepción, no supieron qué hacer y se sentaron con él. Después, los egipcios atacaron. Hubo algunos muertos pero a mi papá no le pasó nada. Le preguntaron: “¿No te pareció raro que te hablaran en árabe?”. Y mi padre dijo: “Sí, un poco, pero ¿qué puedo hacer? La vida es extraña”.
  • Camino y hablo chistoso. En todos lados me meto en problemas. En el ejército pretendía ser normal, pero en mis historias podía ser diferente, por eso eran tan importantes para mí. Escribiendo no tenía que fingir, así conservé mi cordura.
  • Creo que la vida y el mundo me afectan. En cualquier cosa que hago trato de ser auténtico. Trato de decir la verdad y hacer que crean que soy inteligente y sexy. Si compras mis libros, eso es lo que vas a encontrar.
  • En la ficción puedo ser yo mismo. Me da seguridad. Es el lugar más sencillo para habitar.
  • Todo es complicado. Una vez mi esposa leyó uno de mis libros y tocó a mi puerta para decirme: “Tienes muchas historias donde el marido no quiere a su mujer y le es infiel”. Le contesté: “Lo escribí y ya. ¿Prefieres que escriba eso o que hable acerca de otro tema, pero en la vida real lo haga?”. El único lugar en el que puedo escribir y dejar mi pasión es en la ficción.
  • Escribo en computadora porque soy muy malo redactando a mano. Lo único que necesito es un lugar donde la gente no me vea. Cuando escribo necesito desconectarme del mundo y hablar conmigo mismo. Muchas veces escribo desnudo o en calzoncillos. Si mi hijo está en casa, me pregunta: “¿Qué haces?”. Si él o quien sea me ve, no puedo escribir más. Necesito estar solo.
  • Antes sólo escribía para mis amigos y mi hermano. Cuando empecé a publicar y me volví famoso, ellos dejaron de leerme. Me decían que era una puta: “Antes hacías historias para nosotros, ahora tengo que darte dinero para tener el libro”.
  • El cuento es un género hermoso. Escribirlo es como nadar desnudo en un río. No hay nada más natural y sencillo. Todo en la vida es difícil. Siento que estoy estresado todo el tiempo. Sólo cuando escribo tengo una especie de libertad.

Mauricio Montiel CIUDAD TOMADA

Mauricio Montiel Figueiras

Narrador, ensayista y poeta/46 años/Guadalajara, México

  • Las experiencias personales que se traducen a un libro siempre tienen un ingrediente universal. Las que me interesa traducir a la ficción deben tener ese elemento que puede interesar al lector, como es el caso de Ciudad tomada. La historia de “La niña y la suicida” es real hasta cierto punto. Contemplar cómo una muchacha se arroja por una ventana y la madre la recoge en la calle es algo que cualquiera podría ver. No soy un cazador de ese tipo de anécdotas, pero me ha tocado presenciarlas y entiendo que tienen un ingrediente interesante para el lector.
  • Mi hogar natural es el cuento. En ese género siempre me he sentido en casa, aunque también he experimentado con otros. He escrito ensayos, crónicas, críticas literarias y de cine, y relatos de viaje, pero finalmente con Ciudad tomada me sentí como si regresara a casa porque pasaron 12 años entre éste y mi anterior libro de cuentos.
  • La visión canónica del cuento dice que la estructura de éste es “principio, nudo y desenlace”, pero las reglas en la literatura están hechas para destruirlas. Sin embargo, primero tienes que conocerlas y luego pasar por encima de ellas.
  • No me interesan los relatos canónicos pese a que hay autores clásicos de cuento, como Edgar Allan Poe, que sí cumplen esa función. También me interesan los autores que han revertido esas reglas. Cuando escribo, yo mismo trato de subvertirlas y de buscar maneras de abordar el cuento.
  • Cada cuento responde a sus propias reglas internas. Es abstracto hablar del laboratorio de la escritura porque, aunque uno como escritor lo puede entender perfectamente, al lector se le dificulta. En mi caso, para elaborar cuentos, siempre debo tener una imagen. Yo lo relaciono con el cine: necesito un still —una toma fija— y a partir de ahí desarrollo una historia.
  • Mi libro de ficción anterior a Ciudad tomada se llama La penumbra inconveniente y fue un ejercicio que no tuvo que ver con el cine, sino con las artes visuales, con esta estrategia fílmica de la que hablo. Fue un libro que trabajé a partir de los cuadros del pintor estadounidense Edward Hopper, quien para mí es el gran retratista de la soledad del siglo XX. Sus cuadros son muy cinematográficos, como recortes de una película.
  • Me cuesta mucho trabajar a partir de conceptos. Si voy a escribir sobre la melancolía, necesito una imagen de la que pueda desprender el tema. Es muy difícil lidiar con conceptos tan amplios. Para una antología que voy a publicar el próximo año me pidieron cuentos eróticos-pornográficos, pero ahí el ambiente me facilita más crear una atmósfera.
  • Hay una especie de hilo conductor a lo largo de todo lo que escribo. Tiene que ver con una idea de Blaise Pascal, quien decía que todos los problemas de la humanidad parten de que el hombre no puede quedarse quieto en un solo sitio. Me gusta pensar que el ser humano tiene que salir y que de ahí surgen los conflictos. La mayoría de mis personajes viven con la idea de que no están en el lugar donde deberían, entonces salen para buscar el sitio que les corresponde y ahí es donde empiezan los problemas.

Elmer Mendoza Trancapalanca

Élmer Mendoza

Novelista, dramaturgo y cuentista/64 años/Culiacán, México

  • Reencontrarme con mis propios cuentos para la reedición de Trancapalanca fue casi traumático. Me provocaba mucha incertidumbre y vértigo, porque fue como estar en el agua después de lanzarme de un puente de veinte metros y seguir vivo. Implicó preguntarme: “¿Cómo escribí estos cuentos? ¿En qué estado me encontraba?”.
  • Ahora soy un autor maduro y un lector que conoce más. Sigo siendo arriesgado y creo que la literatura lo requiere. Es un arte que debe evolucionar constantemente. No debe detenerse. A veces me entristece mucho ver a autores jóvenes que repiten fórmulas.
  • El lector actual es más mediático: le gusta ver a su autor como un rockstar y quiere conocerlo. Quiere su firma. Quiere tomarse fotos con él. Quiere hacerle preguntas. Hace 30 años, los lectores no éramos así. Llegaban los libros, conversábamos con nuestros amigos acerca de ellos y ya. Antes los autores no estaban tan a la mano, no daban tantas entrevistas ni salían en Esquire ni nada. La convivencia era otra.
  • Hay lectores que piensan que soy un escritor realista. No puedo explicarles que lo que escribo es ficción y que conseguir que un texto se parezca a la realidad implica que detrás tiene mucho trabajo. Es como pintar un cuadro.
  • Creo que todos los novelistas cometemos errores de muchos tipos. Hay lectores que lo detectan y lo dicen. Me ha pasado. Mis lectores lo saben y me corrigen. Somos una comunidad que va creciendo.
  • He abordado el narcotráfico en mis obras, pero no quiero que parezcan reportajes de Truman Capote, sino que obedezcan a las reglas de la ficción y que siempre partan de una invención.
  • Soy un autor que convive mucho con sus libros y con sus obras. No padezco de ultracorrección y, como no tengo presiones de nadie, sé que puede pasar un año o dos y que no tengo que entregar un libro a un editor sino hasta que yo lo decida. Eso me ayuda ante mis inseguridades y mis búsquedas.
  • Sufro con los cuentos. Pocas veces los disfruto tanto como la novela. Como es más larga, tienes que crear un mundo y hacer que éste sea visible, que se perciba un universo donde hay personajes que se mueven, comen y sufren.
  • En el cuento necesariamente hay que simbolizar, sobre todo porque yo no puedo escribir cuentos de 20 páginas. Los míos son bastante breves y en ellos no me permito ciertos juegos que sí utilizo en la narrativa larga.
  • No tengo una definición de “novela policiaca”. Los autores estadounidenses son muy poderosos. Edgar Allan Poe inventó el género y los ingleses han sido muy buenos —como Arthur Conan Doyle— pero después los gringos se reinventaron. Ahora los mexicanos tienen sus autores y son poderosos. Ya somos referente en el mundo. Hay un grupo donde estamos trabajando con el estilo, no sólo para contar una aventura, sino para hacer mezclas que tienen que ver con otras formas no tradicionales. Hay chicos muy fuertes como Bef, Haghenbeck y Almazán. Este género nos permite mostrar el perfil de los mexicanos de esta época. Hay mucho que contar acerca de cómo nos está yendo, sobre todo en el universo de los delitos.

Escape de la muerte

TRANSCENDENCE

Publicado en la revista Esquire no. 69 (PDF aquí)

La inteligencia artificial puede ser un arma de doble filo. Rebecca Hall habla de Transcendence, cinta que protagoniza con Johnny Depp.

Morir es opcional. O al menos eso plantea Transcendence, filme en el que Johnny Depp interpreta a Will Caster, un experto en inteligencia artificial que antes de morir accede a que su esposa Evelyn (Rebecca Hall) traslade sus patrones cerebrales a una supercomputadora. Cuando Caster fallece, el conflicto de Evelyn es averiguar si la máquina que replica la voz y conducta de su marido realmente posee una conciencia humana o si el sistema ha trascendido los límites y habilidades de un cerebro convencional en perjuicio de la sociedad. La actriz británica —a quien seguro viste en Vicky Cristina Barcelona (2008)— nos habló de su papel en la cinta que se estrena próximamente.

ESQUIRE: Tu personaje es complejo, está constantemente en un dilema…

Rebecca Hall: Sí, creo que en este tipo de películas existe un área gris donde no hay tipos buenos ni malos, sólo personas que toman una decisión. En Transcendence algunas de estas decisiones tienen ramificaciones bastante extrañas. Fue muy emocionante que me ofrecieran un papel en un sci-fi thriller donde la mujer no es pasiva, sino muy activa y compleja. Eso la hizo sobrecogedora y emocionante al mismo tiempo.

ESQ: La cinta aborda temas como el amor y la inteligencia artificial. ¿Cuál te parece más importante?

RH: La película plantea muchas preguntas filosóficas, entre ellas, qué es lo que significa el ser humano en contraposición con la tecnología. Uno concluye que no hay nada más humano que el amor. Así es como todo funciona en realidad.

ESQ: Algunos dirían que la trama no tiene nada que ver con la realidad, pero no estamos muy lejos de cruzar varias fronteras tecnológicas…

RH: Exacto. Cuando leí el guión no tenía idea de estos temas. Asumí que todo sería fantasía hollywoodense y luego me di cuenta de que hay personas que creen en temas como los transhumanos. Tuvimos muchos consejeros que son investigadores serios, neurocientíficos de Berkeley, MIT o Caltech. Me impresionó la gran cantidad de cosas reales que había en el guión: no hay un sólo argumento científico que no esté basado en un hecho real. Todo está inspirado en la realidad y es importante saber que podríamos estar a 30 años de situaciones similares.

ESQ: ¿Cómo fue trabajar con Depp? Es raro que en muchas escenas hablan a través de una pantalla.

RH: Sí, pero Johnny estuvo presente todo el tiempo. Por fortuna filmamos en secuencias, así que iniciamos con las escenas en las que él estaba en el cuarto físicamente conmigo y luego se rodaron las tomas en las que él está en la computadora. Pero incluso en esos casos, él estaba presente. Fue una maniobra complicada, pero logramos hacerla con Johnny actuando en un cuarto contiguo y luego haciendo un streaming al set. Estuvimos actuando en tiempo real y de manera simultánea. Nos separaba sólo una pantalla, pero ambos teníamos audífonos para comunicarnos todo el tiempo. Filmar así fue una experiencia única y surrealista. No hubo nada en la película que no haya sido una interacción real entre dos personas.

Foto: cortesía

Una lección de vida

A Fault In Our Stars

Publicado en la revista Esquire no. 69 (PDF aquí)

The Fault in our Stars, filme basado en el bestseller del mismo nombre, propone que es posible disfrutar la vida pese a tener una sentencia de muerte. Conversamos con Laura Dern, quien protagoniza la cinta junto a Shailene Woodley y Ansel Elgort.

Hazel (Shailene Woodley) es una chica de 16 años que va a morir de cáncer. Es hija única y, para lidiar con el dolor, su madre (Laura Dern) le sugiere unirse a un grupo de apoyo, donde podría sentirse mejor y conocer a otros adolescentes en la misma situación. Hazel accede y ahí conoce a Gus Waters (Ansel Elgort), un paciente en remisión. Luego sucede lo obvio: se enamoran. Lo inesperado de la trama es que la pareja no sufre a causa de su enfermedad, sino que celebra la vida y realiza un viaje a Ámsterdam en compañía de la mamá de Hazel. A simple vista esto parece el drama de los dramas, pero Dern cuenta que la cinta le maravilló porque no es sentimental, sino un filme con momentos muy cómicos y que celebra las experiencias humanas. Platicamos con la actriz estadounidense —nominada al Óscar por su actuación en Rambling Rose (1991)— sobre la película.

ESQUIRE: ¿Qué fue lo que más te atrajo de la adaptación de The Fault in our Stars?

LAURA DERN: Me encantó la historia. Trata sobre disfrutar cada momento y encontrar la belleza en las cosas más pequeñas. Creo que eso es universal. Cuando recibí la oferta para el papel, leí el libro y me enamoré del estilo de escritura de John Green [el autor de la novela homónima que inspiró la película]. Además me fascinó el personaje de Hazel. La gente se enamorará de ella como lo hizo de Holden Caulfield [de la novela El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger]. The Fault in our Stars es un clásico en el sentido en el que explora la angustia de los adolescentes. Ellos se enamoran del libro porque John trata al personaje de Hazel con mucho respeto. Define un tono sobre cómo los niños, adolescentes y adultos jóvenes se sienten cuando se les escucha.

ESQ: En la película interpretas a Frannie, la mamá de Hazel. ¿Qué tipo de mujer es?

LD: Es un personaje con el que todos los adultos podrán identificarse, porque es fácil comprender lo que está experimentando. El papel de Frannie está muy bien escrito. Solía ser una hippie y ahora es progresiva y liberal. Se parece mucho a mí. Quizá por eso me consideraron para el papel. Es muy abierta: su hija tiene cáncer y trata de lidiar con lo inmanejable. Lo que todos compartimos como padres es que hemos tenido que enfrentarnos a momentos difíciles, no importa si es un corazón roto o una enfermedad terminal. Hay diversas circunstancias que pueden crear el amor o la tristeza, lo que es un hecho es que no podemos escapar de ellas. Cualquiera podrá relacionarse con la historia porque todos hemos estado en una relación donde amamos a alguien más que a nada en el mundo, pero somos incapaces de arreglar un problema por el que atraviesa.

ESQ: Shailene es maravillosa como Hazel. ¿Qué crees que fue lo mejor de su actuación?

LD: Shailene es una actriz increíble. Es auténtica y pura. Pero además de su talento, creo que a la gente le gusta su trabajo porque su inocencia natural incita una respuesta. Shai realmente cree en la bondad de las personas. Por eso creo que puede interpretar a Hazel, quien tiene 16 años en la película, a pesar de que ella es más grande. Esto es poco común en una actriz joven. Es sorprendente que muchas niñas de su generación sólo se preocupen por sus seguidores en Twitter. Las chicas de hoy se enfocan mucho en eso, pero Shai aún tiene una visión positiva del mundo, lo cual es maravilloso. A ella le importa proteger el planeta. No utiliza productos que se hayan probado en animales, por ejemplo, porque no le parece adecuado. No lo hace porque esté tratando de demostrar algo o le interese quedar bien, sino porque es algo en lo que ella cree.

ESQ: Tu padre, Bruce Dern, y tu madre, Diane Ladd, son grandes actores. ¿La actuación fue algo que siempre te interesó o ellos te impulsaron?

LD: Nunca desalentaron mi interés por la actuación, pero sí la posibilidad de que actuara siendo niña. Mi madre me instó a que estudiara actuación durante dos años, y tuve que renunciar a todo lo demás, lo que nunca consideré un sacrificio. Así que nunca fui una chica que tomó clases de equitación, fue a campamentos de verano ni hizo muchas otras cosas. Ella pensaba que si elegía la actuación por encima de cualquier otra cosa, realmente tenía que amarla. Y así fue. Fue grandioso que lo hiciera. Mi madre estaba 100 por ciento segura de que podría lograr cualquier cosa. Por eso siempre me apoyó.

ESQ: Adquiriste fama desde muy joven y trabajaste con directores como David Lynch, en Blue Velvet, y Steven Spielberg, en Jurassic Park. ¿Qué piensas cuando recuerdas los primeros papeles de tu carrera?

LD: Creo que consigues una reputación cuando demuestras no tener miedo, y los directores que tampoco tienen miedo te llaman. Eso es increíble. Desde joven esperas mantener esa fama siempre que tomas una nueva oportunidad. La gente con la que he trabajado exige mucho esfuerzo de tu parte y eso provoca que te sientas muy afortunado. Te inspira e intimida a la vez, lo que también es maravilloso.

ESQ: Has trabajado en cine con tu madre. ¿Te gustaría hacerlo con tu padre, quien este año recibió una nominación al Óscar por su papel en Nebraska?

LD: Sí, mi sueño es actuar con mi papá. Justo ahora, estamos trabajando mucho y estamos cerca de definir un proyecto. Rezo para trabajar con él. Tuve la oportunidad de acompañarlo en el set de Nebraska durante un par de semanas, lo que fue un sueño hecho realidad para mí. También me gustaría volver a trabajar con mi mamá. Me encanta trabajar con ella.

Foto: cortesía de la distribuidora

Sarcasmo cotidiano

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Publicado en la revista Esquire no. 68 (PDF aquí)

Ingenioso, burlón, tuitstar, diseñador, creador del sitio Cinismo ilustrado… hay muchas formas de designar a Eduardo Salles, quien presenta su libro La ciencia de los cínicos (y quien también creó, sólo para Esquire, esta ilustración del Día de las Madres).

ESQUIRE: ¿Qué planteas en La ciencia de los cínicos?

EDUARDO SALLES: Que la vida cotidiana es tan importante que necesita una ciencia que la estudie. El libro es un compendio de teorías ilustradas que explican con cierto humor negro (involuntario) la lógica detrás de las tonterías que cometemos a diario.

ESQ: ¿Por qué a veces nos resistimos a reírnos de nosotros mismos?

ES: El mexicano en particular tiene un sentido del humor bastante atrofiado, aunque presumamos lo contrario. Nuestra incapacidad de reírnos de nosotros mismos y detectar el sarcasmo nos ha vuelto demasiado sensibles con lo que no estamos de acuerdo, e intolerantes con lo que no entendemos.

ESQ: ¿Existe algún límite para el humor y la crítica social?

ES: Cada sociedad tiene sus “cordones de seguridad”, lo políticamente correcto, límites que en teoría ni el humor tiene permitido cruzar. Estos cordones son síntomas de lo que nos incomoda, heridas profundas de conflictos no resueltos. Creo que el humor tiene que cuestionar estos cordones y, en lo posible, ampliar su periferia.

ESQ: ¿Cuándo comenzaste a burlarte de la cotidianidad?

ES: Siempre he sido un científico del oprobio, aunque empecé a ejercer de manera formal cuando abrí mi sitio. En un principio me interesaban los temas clásicamente “polémicos”, como la religión o la política; sin embargo, en los últimos años he descubierto que los temas que generan más tensión son los que se cuestionan poco.

ESQ: Cinismo ilustrado ha sido un éxito no sólo en México, sino en el continente. Cuando iniciaste el sitio, ¿imaginaste la aceptación que tendría?

ES: Lo inicié en mayo de 2009. Como todas las cosas que suelen ir bien al final, no empecé desde el día uno pensando en el alcance que llegaría a tener, ni tuve una estrategia para lograrlo.

ESQ: ¿Qué papel juega internet en tu trabajo?

ES: Sin internet no estaría respondiendo esta entrevista, y mucho menos para Esquire. Internet es el “boca en boca” con esteroides, el laboratorio social más grande del mundo, la vitrina en la que todos podemos anunciarnos.

ESQ: ¿Cómo influye tu trabajo en una agencia de publicidad en tus ilustraciones?

ES: Soy director general creativo de una agencia y mi trabajo “profesional” y personal viven una saludable simbiosis. La publicidad en la que creo no es la que intenta venderte algo con un mensaje “ingenioso”, sino la que aporta algo a la gente para generarle valor a una marca. Si lo ves de esa manera, analizar los problemas de las personas se vuelve parte de mi trabajo.

Ilustración: Eduardo Salles, para Esquire

Este soy yo: Hugo Arrevillaga

 ESY HUGO ARREVILLAGA

Originalmente publicado en Esquire no. 66 (PDF aquí)

  • He optado por elegir historias que realmente golpeen la conciencia del espectador, que no sean nada más un discurso para entretener a la gente. El teatro, por lo menos el que yo hago, no tiene la finalidad de que cuando salgas de la obra sólo digas “¿Pizza o tacos?”, sino “¿Quién soy? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿De qué manera he lidiado con la pérdida o el amor?”.
  • Antes te gustaba la lluvia, mi más reciente obra, es muy contundente. Narra la historia de una pareja que pierde a un hijo en un accidente. Por un lado está la madre [Arcelia Ramírez], que durante años ha tenido que enfrentar su dolor, y por el otro está el padre [Juan Manuel Bernal], que sufre profundamente pero a la vez ha logrado desapegarse, quizá por cuestión de género.
  • La pérdida te obliga a revisar tu identidad. Es como si te amputaran una parte del cuerpo y de pronto no pudieras entender quién eres. Así de fuerte es la vida.
  • Mi proceso de selección de una nueva obra es muy intuitivo. Trato de no forzar nada. En el caso de Antes te gustaba la lluvia, tuve la fortuna de que las productoras la pusieran en mis manos. Mientras la leía, sentía un veneno que recorría mi lectura y al final se convirtió en una especie de antídoto que fortalece y da otra perspectiva de la pérdida. Yo, como los personajes, también he sufrido pérdidas de personas muy queridas.
  • La conformación de la identidad de los seres humanos es un enigma para mí, un misterio detrás del cual siempre salgo corriendo como artista.
  • Inicié mi carrera estudiando Comercio Internacional y Economía en el Tecnológico de Monterrey, pero me quedé en séptimo semestre porque siempre había tenido el impulso de ser actor. En la universidad había unos talleres de teatro y desde mi primer contacto con el escenario entendí perfectamente que mi lugar era ése, que todo lo que yo había soñado se concretaba arriba de él.
  • Dejé Monterrey y me vine a estudiar al Centro Universitario de Teatro de la unam, pero antes tuve que negociar con mis padres. Les dije que esa escuela era muy especial, pues audicionaban 300 personas y sólo se quedaban 15. Les pedí que me dieran la oportunidad de hacer el experimento. Lo hice y me quedé. Ellos se sorprendieron mucho y se convencieron de que ése era mi camino.
  • Cuando terminé la carrera trabajé como actor un buen tiempo. Pero desde antes de egresar ya me había dado cuenta de que mi perspectiva artística no sólo se concentraba en un personaje, sino que quería establecer un discurso personal.
  • La primera vez que tuve la necesidad de montar un texto, una dramaturgia, fue Canción para un cumpleaños, obra basada en la vida de la escritora estadounidense Sylvia Plath.
  • Formé una compañía con otros actores y actrices que egresaron por aquella época: Tapioca Inn. Con ellos emprendí toda una trayectoria y juntos trabajamos para completar la tetralogía La sangre de las promesas, de Wajdi Mouawad: Incendios, Litoral, Bosques y Cielos.
  • Siempre he creído que mi formación me ha permitido saber qué es lo que un actor puede hacer —o no— en una escena. En esto he basado el diálogo que he establecido con mis actores. Más allá de darles una orden, trato de ofrecerles un aliento: basta con susurrar una posibilidad al oído para que un actor empiece a desarrollar su personaje. Esto también posee un espíritu lúdico, un espíritu infantil que todos teníamos cuando éramos niños y bastaba para detonar una historia.
  • A pesar de que soy actor, hoy en día me relaciono con las obras desde la perspectiva de la dirección. Cuando actúo es únicamente porque alguien me invita, pero al leer un nuevo texto siempre me pregunto hacia dónde puedo llevarlo y qué es lo que le puedo aportar.
  • Ser director me da la oportunidad de conocer la perspectiva de cada uno de los personajes de una obra. Si trabajo con 50 actores, trato de ver la historia con 50 pares de ojos distintos. Si no estuviera a cargo de la dirección, sólo vería la trama con mis propios ojos, y sé que eso me limitaría.
  • Lo que sucedió con Incendios (2012) fue increíble. Fue muy hermoso ver que la gente tenía tal necesidad de verla que se formaba desde las 7 a.m. en la taquilla, a pesar de que la función iniciaba a las 8 p.m. Los boletos volaban. Eso me conmovía mucho, me hacía sentirme realmente útil en la sociedad.
  • Cuando Enrique iv —la obra que hice con la Compañía Nacional de Teatro— viajó hasta el mítico [teatro] The Globe, en Londres, fue formidable ver cómo el público inglés observaba una obra que Shakespeare escribió para hablar de la conformación de la identidad de un país. Lo raro de la escena es que la estaban representando mexicanos que, aparentemente, no tenían nada que ver con el asunto pero que, a final de cuentas, demostraron tener un punto de vista similar. 

Foto: Alessandro Bo

Una novela para conversar

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Originalmente publicado en Esquire no. 65 (PDF aquí)

En Los gatos pardos se relata tres veces una misma noche de verano, pero se mira con tres pares de ojos distintos, los de Jacinto, María y Ginés. Las vidas de este trío —un guardaespaldas, una quinceañera y un tipo retraído— se entretejen en Murcia, España, y se revelan a través del habla: en la nueva novela de Ginés Sánchez, los personajes conversan sin descanso —entre ellos o con el lector— y empapan la trama de un ambiente vertiginoso y amenazante. Sea durante una fiesta o una escena de seducción a puerta cerrada, se respira tensión. Con esta obra —apenas la segunda de su trayectoria— el murciano obtuvo el 9º premio Tusquets de Novela, que antes fue ganado por escritores como Evelio Rosero, Élmer Mendoza, Sergio Olguín, Rafael Reig y Fernando Aramburu. En la siguiente conversación, Sánchez revela cómo concibió este libro, su técnica de escritura y su opinión sobre el estado actual de la literatura española.

ESQUIRE: En la novela hay tres historias entrelazadas. ¿Nacieron así o las concebiste por separado?

GINÉS SÁNCHEZ: Por separado. Eran tres narraciones independientes que fueron pensadas como una especie de divertimento. Todo inició cuando me puse a pensar en los personajes. Después se fue armando la historia de cada uno, y posteriormente llegó el momento en que decidí escribir una novela para relacionarlos y conectarlos. En general, los personajes siempre estuvieron delimitados, pero cuando me senté a escribirla no sabía dónde iba a terminar.

ESQ: Pareciera que se lee un mosaico de conversaciones, ¿por qué elegiste esta manera de narrar?

GS: Me interesaba que los personajes se explicasen a sí mismos, que yo no tuviera que intervenir para nada, sino sólo ser una especie de cámara que los va siguiendo. Quise usar el recurso de la reflexión lo menos posible. Pienso que hay que hacerlo así porque, de lo contrario, la novela decae.

ESQ: ¿Qué tan difícil es crear diálogos que se sientan naturales sin perder la formalidad literaria?

GS: Es algo con lo que he experimentado desde hace algún tiempo. También entiendo que cuando en la novela se reproducen conversaciones tal cual son, pueden perder sentido y no aportar nada. Sobre todo, se trata de involucrar la acción en el diálogo. Cuando me siento a escribir, después suelo darme cuenta de que hay cosas que no sirven. Entonces hay que condensar todas las frases y así, poco a poco, armar toda la obra.

ESQ: ¿Por qué importa la descripción física de un personaje?

GS: Porque revela algo de su personalidad. Es decir, como escritor eliges darle determinadas cualidades porque ya tienes previsto cómo será su carácter. En el físico hay mucho más que ver. Está, por ejemplo, la manera de mirar, la posición de los ojos y el tono de voz al hablar.

ESQ: Los novelistas cada vez intentan incorporar nuevas técnicas de narración. ¿Cómo describirías el panorama de las letras en general?

GS: Pienso que se están abriendo nuevas puertas. Percibo que hay gente que está empezando a soltarse —sobre todo en España— de esa especie de corsé que te limitaba a hacer las cosas siempre de la misma manera, con una estructura hecha y una manera de escribir oficial. Todo el mundo, al final, estaba formando parte del mismo patrón. Pero últimamente he visto gente que está empezando a hacer cosas distintas y pienso que eso a la novela le viene muy bien. Creo que durante un tiempo ha habido un cierto miedo y comodidad, pero poco a poco eso se va sacudiendo y es una muy buena noticia. 

El nuevo RoboCop

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Originalmente publicado en Esquire no. 65 (PDF aquí)

En 1997, una supercomputadora venció a Garry Kasparov, Gran Maestro de ajedrez. “No jugaba como una máquina, sino como el mejor ajedrecista del mundo”, dijo el ruso cuando Deep Blue dejó de ser un mero dispositivo tecnológico para convertirse en el rival que lo derrotó en público.
El miedo a que nuestras propias creaciones nos aniquilen comenzó en la ficción, pero a más de medio siglo de que el legendario escritor Isaac Asimov enunciara las tres leyes de la robótica para contener el potencial destructivo de un androide, la red arroja más de seis millones de resultados al googlear el concepto “robot apocalypse”.

A fines de los ochenta y principios de los noventa, el cine concibió nuevos escenarios para superar el temor a la rebelión de las máquinas. RoboCop (1987), de Paul Verhoeven, y Terminator 2: Judgment Day (1991), de James Cameron, no sólo garantizaban que la tecnología no nos destruiría, sino que nuestra única esperanza para sobrevivir estaría en manos de un robot. En ambos casos, el cyborg defiende al ser humano de la corporación y es un antihéroe —como Batman— dispuesto a desafiar lo socialmente aceptado para alcanzar un bien mayor. Mientras que la cinta de Cameron retrata a un robot humanoide que viaja al pasado para salvar al hombre capaz de destruir el sistema que amenaza a la civilización, la película de Verhoeven reivindica las virtudes de la robótica.

Cuando RoboCop llegó al cine, más de un académico destacó los argumentos sociales y filosóficos de la trama. En ésta, una mega corporación privatiza la fuerza policiaca de Detroit para imponer un nuevo orden a través de robots que controlen las calles. De este modo nace el Proyecto RoboCop, que se concreta cuando el agente Alex Murphy —un agente asesinado por delincuentes— es resucitado y transformado en una criatura mitad humana y mitad máquina. La sociedad que encara el nuevo policía va decayendo a medida que aumenta la violencia y la corrupción. Aunque Murphy pierde la memoria al transformarse en androide, persigue la justicia al grado de confrontar a sus creadores (como la criatura de Mary Shelley al doctor Frankenstein), quienes de inicio propiciaron la descomposición social.

Este mes, la historia se reescribe con la dirección del brasileño José Padilha —Elite Squad (2007)— y la interpretación de Joel Kinnaman —The Killing (2011)—como RoboCop. El gran Michael Keaton, quien personifica al director de la corporación a cargo del proyecto, da más detalles sobre la película.

ESQUIRE: ¿Qué fue lo que más te atrajo de esta cinta?

MICHAEL KEATON: Aunque escucharás otros comentarios acerca del elenco y el equipo, el principal atractivo para mí fue trabajar con el director José Padilha. ¡Es maravilloso! Creo que me encontraba en mi rancho cuando me llamó para convencerme. Después de hablar con él varias veces pensé que, si era capaz de hacer la mitad de lo que planeaba, resultaría una película inteligente y entretenida.

ESQ: ¿De qué modo decidiste aproximarte al papel de Raymond Sellars, el director de OmniCorp?

MK: No creía que debía ser el típico villano que se frota las manos y desea dominar el mundo. Deseaba evitar ese cliché y José, que considero el director más inteligente con el que he trabajado, se aseguró de que esto no ocurriera. Desde que recibí el guión me pareció que era un personaje muy interesante. No creo que fuera del todo malo ni que el dinero fuera lo más importante para él.

ESQ: Entonces, ¿cuáles dirías que son las motivaciones de tu personaje?

MK: Raymond Sellars es un gran pensador. Está convencido de que el enfoque robótico beneficiaría la aplicación de la ley y el orden. Quizá defendería que hay una razón moral para hacerlo. Creo que busca convertirse en un innovador y tiene curiosidad sobre las cosas que pueden cambiar el mundo. Y, bueno, gran parte de esto también obedece a su ego.

ESQ: ¿Realizaste alguna investigación previa a la interpretación de este papel?

MK: Sí, además de lo que estaba en el guión, hablé con diferentes científicos y expertos en robótica, como Hugh Herr, del Massachusetts Institute of Technology (mit). Me interesó conocer más acerca de lo que sucede hoy en día y las implicaciones morales que esto tiene. Me intriga saber hacia dónde se dirige todo. Tras pasar un tiempo con ellos, me di cuenta de que trabajan en cosas increíbles para ayudar a las personas cuando lo necesitan. Por ejemplo, han creado brazos y piernas artificiales.

ESQ: ¿Concides con los actores que dicen que es más divertido interpretar a un villano?

MK: Sí, lo que sucede es que estos personajes suelen tener más matices. Supongo que esto ya se ha convertido en un cliché.

ESQ: ¿Viste la versión original de RoboCop?

MK: No, pero hace poco leí una entrevista en la que un tipo comentó que vio la película original otra vez y la apreció más debido a que pudo percibir su tono satírico. En pocas palabras, que no se trató en absoluto de una película tonta.

ESQ: Joel Kinnaman interpreta a RoboCop y Gary Oldman al Dr. Dennett Norton. ¿Qué nos puedes decir sobre ellos?

MK: Joel es un actor estupendo y un hombre inteligente. Trabajar con Gary Oldman fue grandioso. A los dos nos emocionó formar parte de esta película, lo cual debo admitir que fue halagador para mí.

ESQ: Tras tantos años de carrera, ¿cómo eliges las películas en las que vas a trabajar?

MK: Hay varios criterios, pero en general busco trabajar con directores realmente buenos —como José—, lo que no es fácil porque hacen pocas películas. Hablando en general, ahora tengo más interés en actuar del que tuve en mucho tiempo.

ESQ: ¿Cómo describirías esta nueva versión de RoboCop? Sobre todo para quien no conoce la historia…
MK: Es una película de acción acerca de un hombre muy reflexivo. Ofrece un enfoque inteligente de los temas que aborda y resultó ser una cinta increíble.

ESQ: Ya experimentaste la presión de vestir un traje como el de Batman, ¿alguna vez quisiste ponerte el de RoboCop?

MK: No, pero creo que no es fácil usar un enorme traje negro con aspecto robótico y, al mismo tiempo, conseguir una interpretación genuina. Con Batman sabíamos que si hacíamos las cosas de forma equivocada, todo podría terminar adquiriendo un aspecto estúpido.

ESQ: ¿Cuál es el debate que la película plantea sobre el uso de la tecnología?

MK: Cuestiona en qué medida usamos la tecnología o si ésta nos usa a nosotros. Yo no soy muy bueno con ella, pero estoy mejorando. Para ser franco, no creo que haya otra opción.