El fin está cerca

Helix - Season 1

Originalmente publicado en Esquire no. 71 (PDF aquí)

Imaginar el fin de la humanidad no deja de fascinarnos. En Helix, la nueva serie de AXN, la amenaza es un virus del Ártico. El actor Billy Campbell nos habla de su personaje y de la epidemia mundial que intenta detener.

Un brote viral acaba de ser detectado en el Ártico. No se sabe cómo se contagió la primera víctima, ni por qué su sangre se volvió negra y espesa. Si acaso, hay una teoría que señala a un grupo de simios como agentes de diseminación, pero queda poco claro por qué se infectaron. A cargo de entender el misterio y el origen de la contaminación está un equipo del Centro de Control de Enfermedades estadounidense, quien bajo la dirección del doctor Alan Farragut (Billy Campbell) deberá evitar una epidemia que amenaza a toda la humanidad.

La historia de Helix se desarrolla en dos angustiantes semanas y desde ya pinta como una de las mejores series de horror del otoño. Además de que la protagoniza Campbell (The Killing, 2011), se filmó en Canadá y presume del respaldo de los productores de películas y series de ciencia ficción tan célebres como Maril Davis (Battlestar Galactica, 2004) y Stephen Welke (Star Trek: Voyager, 1995). En exclusiva, Campbell nos dio más detalles sobre esta serie que se transmitirá los domingos, a partir del 10 de agosto, por axn.

ESQUIRE: ¿Qué es lo que te resultó más fascinante de Helix?

Billy Campbell: Helix es la historia de un grupo de personas que quedan atrapadas en un lugar remoto. Por ello, identifiqué cierta relación con películas que me encantan. The Thing from Another World, de Howard Hawks [1951], y la versión de John Carpenter [1982]. También está The Andromeda Strain, el filme de los setenta que, creo, fue el primer libro de Michael Crichton que se adaptó al cine. Todas estas películas tocan temas que aborda Helix. Además está el hecho de que tengo 54 años y alguien me ofreció el protagónico de una serie. ¿Cuántas veces más crees que me pasará algo así?

ESQ: Tu personaje es un médico que trabaja para el Centro de Control de Enfermedades. ¿Te asesoraste con científicos para crear el papel?

BC: ¡No estudié nada! No investigué ni nada parecido. Fue algo de último minuto, y aunque hubiera tenido tiempo para hacerlo, no soy ese tipo de actor. Quizás eso sea una racionalización de mi pereza, pero mi teoría es que los escritores hacen la investigación cuando están escribiendo. Mi investigación consiste en leer y releer el guión. Mi meta es cumplir con lo que los escritores proponen.

ESQ: ¿Qué tan proactivo eres en el set? ¿Haces stunts y demás?

BC: Suelo ser el tipo que camina de un lado a otro diciéndole a los productores que soy el menos indicado para emplear el lenguaje técnico que está en el guión. La mayor parte del tiempo estoy bromeando, porque cuando era más joven tenía papeles con muy pocos diálogos y agradecía cualquier línea extra que pudiera tener. En este sentido, además, estoy muy consciente de que hay gente que apenas está empezando y los ayudo, porque cuando estuve en esa situación hubo gente que me ayudó.

ESQ: Ya que mencionas los inicios de tu carrera, compártenos alguna anécdota de esa época.

BC: Tuve mucha suerte. Hace muchos años trabajé con el gran Anthony Hopkins en Bram Stoker’s Dracula [1992]. Me sentía muy nervioso; no te imaginas. Estaban Gary Oldman, Keanu Reeves, Winona Ryder, Richard Grant, Cary Elwes, Francis Coppola y yo, de 31 años. Leíamos el guión y yo estaba junto a Anthony Hopkins. Miré su guión y estaba cubierto de notas —en tres colores distintos— y marcas meticulosas en los márgenes. Me armé de valor y le pregunté cómo se preparaba para un papel. Él estaba interpretando a un asesino de vampiros, así que me interesaba saber la investigación que había hecho. Me miró y dijo: “No hago nada”. Le respondí que seguro hacía algo, pero él repitió su respuesta. “No hago nada. Leo el guión una y otra y otra y otra vez”. Lo siguió repitiendo y yo moría. Así de intenso fue. Le hice otras preguntas para no cortar de tajo, pero él ya me había dado la respuesta. Él se familiariza tanto con su trabajo que no necesita investigar. No me estoy comparando para nada con Hopkins, pero eso que dijo se me quedó en la cabeza porque quizá tenía razón.

ESQ: ¿Qué otros retos implicó Helix?

BC: Hice un poco de trabajo de stunt, pero en términos físicos no hubo nada que me pareciera terriblemente difícil. Creo que el mayor reto fue cuando llegamos a Montreal. Era verano, así que hacía mucho calor y humedad, pero nosotros teníamos que correr con ropa para frío extremo pretendiendo que nos congelábamos. Y como en el set no había aire acondicionado, 
no fue nada divertido.

ESQ: ¿Después de trabajar en Helix ha cambiado tu percepción sobre los virus?

BC: No les tengo fobia y, con mi gente cercana, bromeo y les digo que soy amigo de los gérmenes y que están invitados a ser parte de mi vida. Obviamente cuando alguien estornuda no me acerco a propósito. Sin embargo, crecí en una granja y jugué de niño con excremento de vaca y lodo, lo que a mi madre no le preocupaba. Quizá sea sólo una coincidencia, pero casi nunca me enfermo.

ESQ: ¿Cuál es la mayor amenaza en Helix? ¿El virus o lo humanos?

BC: ¿Acaso hay alguna diferencia? Si miras nuestro patrón de crecimiento en el planeta, verás que los humanos son un virus. Nos diseminamos de la misma manera. ¿Quién es más amenazante? No lo sé. Hay gente en este mundo que te cortaría el cuello sólo para ver cómo brota la sangre. Es horrible, pero es verdad. Hay gente que asesina sólo para ver lo que se siente. Como la canción de Johnny Cash, “Folsom Prison Blues”, que dice: “Le disparé a un hombre en Reno sólo para verlo morir”. En cierto sentido, un virus es mejor que eso: no te mata para verte morir, sino para poder vivir.

ESQ: ¿Por qué esta serie le interesaría al público de todo el mundo?

BC: Creo que el atractivo de Helix es que apela a un miedo muy primario: a ser devorados por un animal salvaje. Se trata de esa cosa que podría meterse dentro de nosotros, poseernos y destruirnos. Es algo que no podemos ver ni prevenir.

Foto: cortesía

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Vecinos en la calle del infierno

Townies

Publicado en la revista Esquire no. 70 (PDF aquí)

Mark y Kelly tenían una vida tranquila… hasta que conocieron a sus nuevos vecinos. Rose Byrne nos habla de Neighbors, la comedia que protagoniza con Seth Rogen.

Mark (Seth Rogen) y Kelly (Rose Byrne) acaban de tener una bebé. Acordaron que él se dedicaría a trabajar y ella atendería el hogar. Salen poco de casa porque prefieren pasar tiempo en familia y vivir tranquilos. Las cosas cambian cuando llegan sus nuevos vecinos: 50 estudiantes que forman parte de una fraternidad y que con sus fiestas, borracheras y condones regados por el jardín, transformarán su vida en un caos. Entrevistamos a la guapa australiana que protagoniza esta comedia del director Nicholas Stoller (The Five-Year Engagement, 2012) y nos habló de cómo fue su experiencia durante la filmación.

ESQUIRE: ¿Cómo te involucraste en la película?

ROSE BYRNE: Ya había trabajado con Nicholas Stoller [en Get Him to the Greek (2010)], así que acepté hacer una lectura con Seth Rogen. Nick fue quien me introdujo a la comedia en cine, así que fue adorable volver a trabajar con él en un personaje como éste, distinto a lo que hago usualmente.

ESQ: ¿Cómo influyó tu experiencia previa de trabajo con Nicholas, en Get Him to the Greek?

RB: Fue divertido, porque pudimos ahorrarnos la etapa de “vamos a conocernos”. En términos de ensayo e improvisación todo el equipo nos dio mucha libertad creativa. Todo fue colaborativo. Con él puedes hacer lo que quieras y proponer cualquier cosa, y nos motiva a hacerlo constantemente. Gracias a eso, quizá, tuve más confianza para actuar en esta película.

ESQ: Seth Rogen dijo que no hubo muchos ensayos formales para esta cinta. ¿Hay algo de lo que te sientas particularmente orgullosa con respecto a tu actuación en Neighbors?

RB: Cuando tuvimos las primeras conversaciones sobre ella, lo que dejé claro fue que no quería ser la típica esposa que vemos en las películas. Quería alejarme del estereotipo que solemos ver en este tipo de filmes. El objetivo fue ir en contra de la convención de la esposa irritante o la compañera que no se involucra con su familia, o que sólo espera en casa con la mano en la cintura. Nos interesaba que mi personaje fuera tan irresponsable como el de Seth, para que juntos tuvieran una crisis nerviosa acerca de lo que implica ser padres.

ESQ: ¿Hay algo en lo que te identifiques con Kelly, tu personaje?

RB: Hay cosas en las que sí. No tengo hijos ni estoy casada como Kelly, pero me podría relacionar con ese periodo de transición, en el que ya estás harta y necesitas salir huyendo. Fuera de eso, para ser honesta, ella es diferente. Yo soy una persona bastante controladora, y ella no. Ella es justo lo opuesto: una chica que solía salir de fiesta, que era un poco hippie e irresponsable y que no ha madurado mucho.

ESQ: ¿Hay algún truco para trabajar con niños en una película?

RB: Las gemelas con las que trabajamos fueron increíbles. Eran muy tranquilas, de temperamento adorable. Yo tengo sobrinos, así que conozco algunos trucos para distraer a los niños. Sin embargo, también sé que tuvimos suerte. En otras películas he trabajado con niños difíciles a los que simplemente no les interesa hacer lo que se les pide, pero estas niñas siempre estuvieron felices y dispuestas a realizar lo que fuera necesario. Fueron un deleite, todo el mundo amaba estar con ellas. Durante el rodaje solíamos decir que si alguien nos garantizara que tendríamos hijos así, seríamos papás mañana mismo.

ESQ: En la película hay escenas de sexo, pero muy cómicas. ¿Te divertiste con ellas?

RB: Las escenas donde el sexo es gracioso son sencillas. Son absurdas y ridículas. Como no se crea ninguna intimidad, son mucho más fáciles. Físicamente, no son muy reveladoras; más bien se trata de hacer reír a la gente. Además es increíble trabajar con Seth, porque es perfecto para ello: ha hecho comedia stand-up, es un actor prolífico, escritor y ahora director. Puede recurrir a una parte de su cerebro que no tiene filtros, así que sientes que estás en buenas manos.

ESQ: También actuaste con Craig Roberts y Carla Gallo. ¿Cómo fue trabajar con ellos?

RB: Craig es un actor grandioso. Es muy gracioso y dulce y es exactamente lo que la película necesitaba. Carla es una chica muy profesional. Es muy talentosa, hace muy bien su papel de loca y excéntrica en la película. Su papel requería que hiciera cosas arriesgadas y no tuvo ningún problema con ello. ¡Debería protagonizar su propia película! Logró que todas sus escenas funcionaran. Espero que pronto volvamos a verla, pues nunca había conocido a alguien como ella.

ESQ: Los hombres predominaban en el reparto. ¿En algún momento fue difícil estar rodeada del “Club de Toby”?

RB: Por momentos sí me sentí minoría. Soy un tanto callada cuando estoy en el set, y suelo mantenerme un poco aislada, pero en esta película todos fueron muy cálidos y amistosos.

ESQ: ¿Qué te llevas de la experiencia de trabajar en Neighbors?

RB: Siento que hice lazos fuertes con Nick y Seth. Fue muy divertido el rodaje, especialmente cuando Carla estaba presente. Además hice un esfuerzo por integrarme, lo cual fue sencillo, porque Nick es muy lindo y siempre quiere que todo el mundo disfrute la experiencia.

 Foto: cortesía

El regreso de los simios

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A unos días del estreno de Dawn of the Planet of the Apes, el director Matt Reeves habla del proceso de filmación de la película.

     Hace diez años que un grupo de simios superinteligentes tomó el control de San Francisco. Guiados por César (Andy Serkis) —un primate que creció entre humanos y al convertirse en adulto se rebeló contra ellos— se han establecido en el bosque. Ahora su reto es mantener su independencia y convivir con los pocos humanos que aún habitan la ciudad estadounidense.

     Dawn of the Planet of the Apes retoma una franquicia que inició en los años sesenta, cuando Charlton Heston protagonizó Planet of the Apes (1968). La película se basó en la novela homónima de Pierre Boulle, y retrataba la historia de un astronauta que viaja en el tiempo y descubre que en el futuro la sociedad será esclava de un grupo de simios que hablan, piensan y se comportan como humanos.

     Cuarenta años después, 20th Century Fox lanzó una precuela de la historia: Rise of the Planet of the Apes (2011) describe que el origen del levantamiento de los simios fue la diseminación de un tratamiento contra el Alzheimer —que disparaba la inteligencia animal— y la película fue protagonizada por James Franco y Andy Serkis, el actor detrás de personajes como Gollum, Godzilla y King Kong. En aquella entrega de la saga, Serkis encabezó a un grupo de actores que interpretaron simios gracias a la técnica de performance capture, que el británico volvió célebre en The Lord of the Rings (2001), bajo la dirección de Peter Jackson. A grandes rasgos, esta técnica registra los movimientos de los actores para que después un equipo de animadores pueda crear personajes digitales (lee más sobre esto en el perfil de Andy Serkis que publicamos en nuestra edición impresa de julio).

     Dawn of the Planet of the Apes se perfila como una de las mejores películas del verano: presume de las actuaciones de Gary Oldman, Keri Russell, Jason Clarke y —por supuesto— Andy Serkis; retoma el planteamiento del peligro de que la ciencia se nos salga de las manos; fue filmada —casi en su totalidad— en locaciones al aire libre en Vancouver y Nueva Orleans, y no hay otra película en la historia del cine que cuente con tal número de escenas filmadas con la técnica de performance capture. Viajamos a Los Ángeles para conversar con el director Matt Reeves (Cloverfield, 2008), y esto fue lo que nos dijo.

ESQUIRE: Comenzaste a trabajar como director en Cloverfield. ¿Cuál ha sido la diferencia de retratar a otro tipo de ‘monstruo’ (sino es que centenas de ellos) en Dawn of the Planet of the Apes?

MATT REEVES: En esta película, más que los simios, nosotros somos los monstruos. La primera fue una experiencia loca de hacer una cinta de efectos visuales, en la que los humanos estuvieron atemorizados al saber que había un monstruo ahí afuera, por el manejo de lo que ocurría en el fondo. Fue un reto emocionante, ya que tuvimos alrededor de 35 días para hacerla, además de que rodamos todo de manera inusual e innovadora para ese tipo de historia. El gran salto a Dawn of the Planet of the Apes, fue que sería como si hiciéramos un filme de Cloverfield y su familia. Me importa poder generar empatía con los personajes. Con Cloverfield, me parece que la masacre era explicada por el hecho de que el monstruo no podía encontrar a su madre, así que siempre me pareció comprenderlo emocionalmente. Por otra parte, desde chico estuve obsesionado con Planet of the Apes. Siempre me atrajo su aspecto visual, la manera en que los simios eran aterradores y a la vez emocionantes. Veía a un gorila montando a caballo y me preguntaba cómo podría conseguir algo así. Lo que más me sorprendió de Rise of the Planet of the Apes fue la manera en que sentí lo mismo que César. Es curioso, pero el personaje con quien uno más se identifica en esa historia no es humano. Siempre he tenido un respeto tremendo por Andy Serkis y sus papeles memorables, como Gollum. Sin embargo, lo interesante de dicha película fue cómo me sentí más identificado emocionalmente que con cualquier otro personaje de computadora. Pensé que aquello fue milagroso. Así que, para la transición a Dawn of the Planet of the Apes, comprendí que había que representar las vidas emocionales de estos personajes. Además, me interesaba continuar con el enfoque al punto de vista de César. De esta manera, le pedí a Rupert Wyatt [el director de Rise of the Planet of the Apes] que me dejara ver todo lo que Andy había hecho en el set, así como las tomas de César, para poder entender lo que tendría que hacer. Me alivió comprender que la actuación sorprendente de Andy fuera la razón por la cual uno se conectara tanto con el personaje. Por ejemplo, vi la escena en la que el simio se enojaba en el santuario porque Will lo dejaría, y posteriormente vi a Andy actuándolo. Me pareció increíble, e incluso noté que habían detalles de su actuación que no se trasladaban a la de César. Así de emocional es. Literalmente, le dije a Wyatt que quería podernos empujar más allá para poderlo capturar todo, con lo cual estuvo de acuerdo. Así que, la transición de Cloverfield a esta cinta de ahora, no fue tan grande. En la primera, hubo que capturar la realidad emocional que interpretaban los actores frente a la cámara. En ésta, fue lo mismo, sólo que posteriormente serían transformados en simios. De esta manera, la dirección fue un reto por las dificultades técnicas, pero en cuanto a contar la historia, fue la misma experiencia de tratar con actores intentar que todo se sintiera lo más natural y creíble posible.

ESQ: ¿Esta película es más obscura que su predecesora?

MR: Sí, pero porque la situación también lo es. La historia anterior fue una muy íntima y poderosa, pero enfocada principalmente a un personaje: César. Uno puede ver cómo es despojado de su familia animal y luego es vinculado con una humana, de la que también es despojado antes de ser encerrado injustamente. Se torna en una película de prisión en la que César es maltratado y se ve obligado a volverse el macho alfa y ascender a la cima a través de su inteligencia. Posteriormente, lidera una insurrección y ahora se trata de un escape, para el cual hay un conflicto. Es una narrativa muy compacta, toda a través del punto de vista de César. Sabiendo de dónde viene la inteligencia de los simios y el apocalipsis viral indicado al final de Rise of the Planet of the Apes, se entendía que la cantidad de humanos se aproximaría a la de simios. Por lo tanto, los humanos recibirían un golpe fuerte. Esto nos planteó una historia obscura. Toda la película hablaba sobre César, para que al final uno se percatara de que el mundo se acabaría. Quería retomar las cosas a partir de ahí. Sin embargo, ahora hay tantas películas posapocalípticas, que parecemos estar fascinados con nuestra propia destrucción. Planet of the apes ciertamente ha sido parte de eso desde siempre. Sin embargo, estaba tan conectado emocionalmente con César y los simios, que lo que realmente me interesaba era contar su historia desde la creación de su propio mundo primate. Quería verlos ahí, desenvolviéndose y evolucionando, e incluso de qué maneras podrían ser mejores. Tal vez de eso se trata esto, ¿no? Si hiciéramos un borrón y cuenta nueva y le diéramos inteligencia a los simios, ¿lo harían mejor que nosotros? Para mí, eso fue algo fresco e innovador. Eso fue lo que intentamos hacer. No obstante, en el prólogo de esta historia se observa qué le ocurre a los humanos, lo cual esencialmente deja al espectador preguntándose si aún queda alguien. Posteriormente, se vuelve una película de simios (similar a la parte del santuario en la anterior), en donde se está con ellos entre 15 y 20 minutos. Virtualmente, no hay diálogos. Se ve la manera en que se intentan comunicar; se aprecia que César sabe algunas palabras y que permanecen con la habilidad de comunicarse por medio de señas. Pero, ¿qué van a crear? En estos minutos, se ve una civilización de simios. Pero, ¿qué van a crear? Es algo bizarro, además, por el fotorrealismo tan avanzado. Rodamos en lugares naturalistas. Quería llevar la captura de movimiento a sitios a los que normalmente sería ridículo hacerlo; ¿por qué alguien haría eso en la lluvia, el bosque o en un clima helado? La razón es esta: si se utiliza toda esta luz natural en dichos entornos, aplicando además los avances tecnológicos que mejoran aspectos físicos de los animales (como su pelaje), el resultado es la visualización de simios verdaderos en lugares reales. Si después se agrega movimiento e inteligencia a eso, se vuelve una experiencia asombrosa en la que uno se ve sorprendido por poder saber lo que están pensando y sintiendo los animales. Se siente extremadamente real. Una vez que se ha establecido esa identificación emocional con ellos y visto el mundo que César ha creado, en donde se observa que ya es el líder de una familia y no un revolucionario (como Don Corleone), la idea es revelar que no todos los humanos han desaparecido. Esa historia se vuelve obscura porque es sobre supervivencia. A partir de entonces, está presente en todo momento el asunto de qué ocurrirá, así como si habrá violencia. Esto vuelve a algunas escenas muy emocionales; se sabe que César no sólo tiene un hijo y una esposa, sino también un recién nacido. Conociendo estos riesgos, uno se pregunta si habrá paz entre ambas familias (humanos y simios) y si podrán encontrar una manera de sobrevivir. Esa es una historia muy emocional, abrumadora e íntima, pero también es obscura e inquietante. Por otra parte, me interesaba crear un mundo sin villanos definidos. Mucha gente pregunta si Gary Oldman es el villano. Definitivamente, no lo es. De hecho, si se le cuestiona respecto a esto, dirá que es el héroe de su propia historia. Quería hacer una cinta en la que esto ocurriera con todos los personajes, de manera que uno pudiera sentir empatía por todos los puntos de vista. Es un problema complejo. En este sentido, la primera película varió en cuanto a la crueldad de los humanos hacia los simios (a excepción de Will [James Franco]); uno tenía ganas de verlos levantarse y derrotarlos. Sentí que la situación restante sería plantear qué significaría para nosotros y nuestras familias si nuestro mundo nos fuera robado a causa de un brote viral terrible y viéramos a la civilización descomponerse. Aquella sería una situación dolorosa. En ese panorama, esas personas no son villanos, sino gente cuyas vidas han sido destruidas y están buscando una manera de sanarse, para lo cual se dan cuenta de que hay simios inteligentes y entonces se preguntan si podrán sobrevivir. Creí que esa sería una historia con aspectos obscuros e inquietantes, pero también abrumadores y emocionales (e incluso tiernos). Se trata de una mezcla de tonos.

ESQ: Mencionaste al recién nacido de César. Keri Russell nos decía hace un momento que cuando filmó una escena en la que convive con el simio bebé, no había nada en su lugar. ¿Cuántos de los simios fueron interpretados por actores?

MR: La razón por la cual no fue posible interpretar a ese simio con una persona, fue por su tamaño. Iba a tener que escalar por la espalda de Keri, así que a menos que encontráramos al actor más pequeño de todos los tiempos (un bebé que pudiera hacer esto, lo cual parece imposible), nadie podría haberlo interpretado. En todos los demás casos, los simios fueron interpretados por personas reales, incluso aquellos que sólo aparecen al fondo. Me interesaba mucho crear un nivel de naturalismo incluso más profundo que el de la primera película. Me pareció que la victoria de Dawn of the Planet of the Apes fue poder seguir llevar el movimiento hasta los personajes, por lo cual uno se identificaba emocionalmente. Sin embargo, había tomas en las que se sabía que el simio en pantalla no era real, aunque esto no importara por la conexión emocional que de todos modos se lograba. Así que pensé que, entre más pudiera fortalecer esta ilusión, lo primero desaparecería. Lo más importante para crear dicha ilusión fue rodar en lugares verdaderos. Aproximadamente, 70% u 80% de la cinta anterior fue grabada en el set, mientras que en ésta última un 85% fue en sitios reales. La lluvia, el entorno natural y todo aquello que lo hizo más difícil, también lo hizo verse más verdadero. La otra cosa es que no hay que animar a los simios. Cuando hay animación, se nota que el movimiento no es real. La genialidad del performance capture es que hace justamente lo que su nombre dice: capturar movimiento. Para nuestros dobles, contratamos a practicantes de parkour que podían hacer cosas increíbles. Tuvimos a Terry Notary, quien interpretó a Rocket en el primer filme, como especialista de movimiento en esta película. Él trabajó como artista en el Cirque du Soleil, así que sabe mucho acerca de esto y cómo manejar la expresión a través del cuerpo. Tuvo que entrenar a la gente de parkour para que las cosas asombrosas que hicieran como humanos parecieran hechas por simios. De hecho, mi hijo está en la película. Hay una parte en la que se puede observar a Maurice como maestro, enseñándole a los pequeños chimpancés a leer. Cuando se trabaja con captura de movimiento, se pueden grabar entre ocho y diez actores a la vez como límite. De otra manera, sería demasiada información. El productor de efectos visuales, Ryan Stafford, tiene también un hijo de la misma edad que el mío. Pensé que debíamos hacer que Karin [Konoval], quien interpreta a Maurice, jugara con ellos. De esta manera, capturamos a todos nuestros hijos haciendo lo que naturalmente harían. No podría haberle pedido a un actor que interpretara algo tan instintivo como esa especie de comportamiento, esa inocencia que aún tenía características animales.

ESQ: Te enfrentaste al reto de dirigirte hacia la audiencia común que quería ver una película de acción, así como a aquellos fanáticos que habían seguido las películas anteriores. Al ver a Cornelia en Dawn of the Planet of the Apes, pensé que se parece a Zira, de la cinta original…

MR: ¿De verdad? ¡Eso es muy gracioso! Como mencioné, estaba obsesionado con Planet of the Apes. Me encantaban las películas. Tenía todos los muñecos de los personajes, así como discos; todo lo que se pudiera poseer de la franquicia. A pesar de que no lo hicimos con esa intención, ahora que lo mencionas, creo que tiene mucho sentido; lo que sí quisimos hacer, fue basar todo simio en uno real. Fueron al Zoológico de Wellington y tomaron fotografías de muchos simios diferentes. Estábamos tratando de descifrar a qué se parecía Cornelia (cuando se ve a a estos animales, no se puede distinguir su género, a menos que veas sus órganos sexuales). Me pregunté qué podríamos hacerle en la cara para que se viera femenina. Algunos de ellos tenían algo de pelo que enmarcaba su cara. Nos aferramos a ese detalle. Cornelia está basada en un chimpancé real que tenía esas cualidades. En el primer filme, cuando estaban haciendo a Zira, tenía esa misma característica particular que la hacía verse femenina. A pesar de que aquel rasgo físico es verdadero en los simios, no necesariamente es particular de las hembras. Únicamente elegimos a aquel simio porque queríamos que la audiencia comprendiera que se trataba de la esposa de César. Así llegamos a eso, aunque no buscábamos que se pareciera a Zira. Es curioso, tuve la misma experiencia hace poco tiempo. Aún seguimos revisando tomas; tenemos aproximadamente 1200 de puros simios, de las cuales probablemente hay 350 listas. Tenemos mucho que hacer desde ahora hasta que salga la cinta. Recientemente, vi una toma de Andy en la que me pareció que el conjunto de aspectos como la luz y dicha característica del pelo lo hacían verse exactamente como uno de los personajes de la cinta original. Me sorprendió, aunque no perseguíamos nada de eso intencionalmente. Todo lo que intentábamos era que parecieran simios reales.

Foto: cortesía de 20th Century Fox

Escape de la muerte

TRANSCENDENCE

Publicado en la revista Esquire no. 69 (PDF aquí)

La inteligencia artificial puede ser un arma de doble filo. Rebecca Hall habla de Transcendence, cinta que protagoniza con Johnny Depp.

Morir es opcional. O al menos eso plantea Transcendence, filme en el que Johnny Depp interpreta a Will Caster, un experto en inteligencia artificial que antes de morir accede a que su esposa Evelyn (Rebecca Hall) traslade sus patrones cerebrales a una supercomputadora. Cuando Caster fallece, el conflicto de Evelyn es averiguar si la máquina que replica la voz y conducta de su marido realmente posee una conciencia humana o si el sistema ha trascendido los límites y habilidades de un cerebro convencional en perjuicio de la sociedad. La actriz británica —a quien seguro viste en Vicky Cristina Barcelona (2008)— nos habló de su papel en la cinta que se estrena próximamente.

ESQUIRE: Tu personaje es complejo, está constantemente en un dilema…

Rebecca Hall: Sí, creo que en este tipo de películas existe un área gris donde no hay tipos buenos ni malos, sólo personas que toman una decisión. En Transcendence algunas de estas decisiones tienen ramificaciones bastante extrañas. Fue muy emocionante que me ofrecieran un papel en un sci-fi thriller donde la mujer no es pasiva, sino muy activa y compleja. Eso la hizo sobrecogedora y emocionante al mismo tiempo.

ESQ: La cinta aborda temas como el amor y la inteligencia artificial. ¿Cuál te parece más importante?

RH: La película plantea muchas preguntas filosóficas, entre ellas, qué es lo que significa el ser humano en contraposición con la tecnología. Uno concluye que no hay nada más humano que el amor. Así es como todo funciona en realidad.

ESQ: Algunos dirían que la trama no tiene nada que ver con la realidad, pero no estamos muy lejos de cruzar varias fronteras tecnológicas…

RH: Exacto. Cuando leí el guión no tenía idea de estos temas. Asumí que todo sería fantasía hollywoodense y luego me di cuenta de que hay personas que creen en temas como los transhumanos. Tuvimos muchos consejeros que son investigadores serios, neurocientíficos de Berkeley, MIT o Caltech. Me impresionó la gran cantidad de cosas reales que había en el guión: no hay un sólo argumento científico que no esté basado en un hecho real. Todo está inspirado en la realidad y es importante saber que podríamos estar a 30 años de situaciones similares.

ESQ: ¿Cómo fue trabajar con Depp? Es raro que en muchas escenas hablan a través de una pantalla.

RH: Sí, pero Johnny estuvo presente todo el tiempo. Por fortuna filmamos en secuencias, así que iniciamos con las escenas en las que él estaba en el cuarto físicamente conmigo y luego se rodaron las tomas en las que él está en la computadora. Pero incluso en esos casos, él estaba presente. Fue una maniobra complicada, pero logramos hacerla con Johnny actuando en un cuarto contiguo y luego haciendo un streaming al set. Estuvimos actuando en tiempo real y de manera simultánea. Nos separaba sólo una pantalla, pero ambos teníamos audífonos para comunicarnos todo el tiempo. Filmar así fue una experiencia única y surrealista. No hubo nada en la película que no haya sido una interacción real entre dos personas.

Foto: cortesía