Una cruda realidad

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Originalmente publicado en Esquire no. 59 (PDF aquí)

En agosto de 2013 llegó Heli a los cines de nuestro país. La cinta, que en Cannes y la primera entrega de Premios Fénix le valió el premio de mejor director a Amat Escalante, es un retrato imperdible de la violencia relacionada al narcotráfico en México. 

     Los rayos de sol caen sobre un paisaje arenoso. De una cuerda amarrada a un puente peatonal, cuelga el cuerpo sin vida de un hombre. Lleva los pies descalzos. Está cubierto de sangre seca. Heli, el tercer largometraje de Amat Escalante, transforma esta anécdota recurrente de los periódicos, que denuncian la violencia en México, en una explicación. Si el filme envuelve y estremece de principio a fin, no es por escenas repletas de exageraciones y excesos (tan típicos de algunas muestras de cine mexicano contemporáneo), sino porque recupera la etiqueta de ‘la guerra contra el narco’ –que hasta Wikipedia ya transformó en una entrada de su vasto contenido– para convertir la estadística en un relato individual. Heli podría ser el nombre de cualquier víctima de agresiones relacionadas con las drogas y quienes le rodean bien podrían personificar la angustia colectiva de los millones de ciudadanos que desconfían de las autoridades que fracasan al garantizar la seguridad del país. Por eso, si algo logró Amat Escalante con maestría, fue dotar de un rostro a la tragedia.

     Heli se rodó en Guanajuato, dando prioridad a tomas en exteriores, porque los escenarios remiten a una infinidad de rincones del país. Ahí, cerca de una ensambladora de coches, vive Heli (Armando Espitia) con su familia. En la casa de un piso y dos recámaras, conviven su esposa, su bebé y su hermana Estela (Andrea Vergara). Esta última es una niña de 12 años que inicia un noviazgo con Beto (Juan Eduardo Palacio), un joven cadete que roba dos paquetes de cocaína durante un operativo policial para casarse con ella y escapar. A la violencia perpetrada por quienes descubren su atrevimiento, le siguen minutos de angustia y decepción. El filme no sólo es crudo por las escenas de tortura que retrata, sino porque reitera, una y otra vez, la institucionalización de la corrupción. El infierno en esta cinta que ha generado críticas muy positivas en el extranjero, está más allá de la crueldad pues se extiende también en sus consecuencias.

[Recuadro]

LA MIRADA DEL DIRECTOR
Esto fue lo que Amat Escalante nos compartió sobre Heli

  • El ambiente de corrupción y violencia que hay en México está muy involucrado en el guión de Heli. Me gusta filmar lo que me rodea y está en la conciencia de muchos mexicanos.
  • La mayor parte de la historia es ficción. Lo que surgió como inspiración de la realidad fue aquello que podemos leer en el periódico.
  • Cuando hojeas una revista, las imágenes grotescas que muestran cadáveres están descontextualizadas.Yo quería ir más allá y mostrar a los monstruos detrás de todo eso.
  • Para mí es importante narrar una historia visualmente, que casi permita bajar el volumen y poder comprender lo que está sucediendo.
  • Me desagradan las películas mexicanas donde todo el tiempo dicen “güey” y “cabrón”. Me parece que eso suena muy forzado y decir eso no te hace mexicano. Procuramos no escribir ese tipo de diálogos.
  • Me interesaba que los personajes tomaran al espectador de la mano y lo guiaran a través de la historia. Por eso sólo el protagonista es actor. El resto del elenco no se dedica a esto.
  • Uno puede hacer lo que quiera en sus películas, pero el universo de la cinta siempre debe ser coherente con la narrativa. Los personajes deben ser creíbles.
  • El premio en el Festival de Cannes fue muy halagador. Espero que propicie la creación de más películas. Da gusto por el esfuerzo de todo el equipo que trabajó en la cinta.

Paraguas

Llueve en Londres
y como hongos
germinan paraguas de la tierra mojada.
Bailan en las calles
vanidosos
buscan espejos en los charcos.
Hombro con hombro
se bañan
en la furia del cielo
hasta perderse en una esquina
o en las fauces de un metro impacientado.
Son madrigueras portátiles.

Llueve y por una tarde somos caracoles.
Bajo un techo cóncavo
como cáscara de naranja,
nos arrastramos
húmedos y cautos
a escondidas de una gripe.

Llueve y un bastón abre las alas.
A brazos abiertos
juego con el agua
que borra los rostros.

En ojos de Elena Anaya

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Originalmente publicado en Esquire no. 73 (PDF aquí)

La protagonista de La piel que habito estuvo en México para apoyar a Cinema23, asociación que difunde el cine iberoamericano y que este mes realizará la primera edición de los Premios Fénix. Durante su visita hablamos con la española sobre el reto de interpretar a personajes extremos, su nueva cinta —Todos están muertos, de Beatriz Sachís— y sus trucos para hipnotizar conejos. 

     Elena Anaya tiene los ojos tan grandes que en ellos puedo ver todo lo que está a mis espaldas: su mirada castaña me devuelve la imagen sepia de un ventanal inmenso, las cortinas que juegan a entrar y salir de la habitación, y el sillón blanco en el que estamos sentadas.

     El grueso de los actores que convive con la prensa suele mantener su distancia: una mesa, una alfombra, un agente de por medio. Elena no. Se sienta sólo a unos centímetros de mí. Acerca su cara hacia mí cuando le hago una pregunta y su mirada me da un zoom al ventanal y a la cortina. Su cercanía también revela que tiene el ojo derecho un poco más claro que el izquierdo, lo puede notar cualquiera si pone un poco de atención al póster de La piel que habito, ese filme tan brutal que le valió un premio Goya en 2012.

     Esa no fue su primera película con el director Pedro Almodóvar —antes trabajaron juntos en Hable con ella (2002)—, pero sí fue la que le voló la cabeza a la crítica internacional. “Fue uno de esos momentos maravillosos en los que la vida te permite gozar y soñar despierta. Lo primero que me vino a la mente cuando empecé a trabajar con Pedro fue una sensación de agradecimiento a la vida por permitirme estar ahí, porque él hubiera pensado en mí para hacer un personaje tan precioso en una historia tan única e impactante.”

     La piel que habito es casi una película de horror. En ella, Elena interpreta a Vicente, un hombre joven que un cirujano plástico —un perturbadísimo Antonio Banderas— secuestra para vengar la violación de su hija. Para ello (y esto es una alerta de spoiler), transforma a su prisionero en mujer y experimenta con su cuerpo hasta que logra convertirlo en una copia de su esposa muerta. Y, por si esto fuera poco, el personaje de Banderas es —además— un maniaco de la piel; un psicópata en busca del cutis perfecto.
—¿Podría decirse que la película retrata esa obsesión que todos tenemos en torno a la perfección y la juventud?
—Pues, si es así, yo lo voy a llevar muy mal. No sigo esos roles de presión. Me voy haciendo mayor y ya. Ahora tengo 39 años y creo que estoy viviendo uno de los momentos profesionales más bonitos de mi vida. Y bueno, no me cuido [ríe].

     Elena no tendría por qué “cuidarse”. Es bellísima y las arrugas que surcan sus ojos como un abanico son el encuadre perfecto para su mirada ligeramente bicolor.
—Sí es verdad que la película trata ese tema —dice—, pero hay muchos más. Para mí uno de los más importantes es la venganza. La piel… habla acerca de la revancha que el personaje de Banderas ejerce sobre el hombre que violó a su hija y sobre la mujer que se enamoró de su hermano [¿olvidé decir que la esposa del cirujano muere en un accidente de auto mientras huye con su cuñado?]. Por eso, decide recrearla. Imitarla. Copiarla. Ponerle un cuerpo. Y así engendra a una criatura que también es vengativa.

     La cinta de Almodóvar concluye —basta ya de adelantarles toda la película— y uno acaba con la piel de gallina (de hecho, cuando se exhibió en cines, hubo muchos que ni siquiera esperaron a que finalizara para abandonar la sala).

De piel en piel

     Exhausto. Al ver una película protagonizada por Elena Anaya, uno termina exhausto. Sin embargo, esa sensación de ansiedad que todo espectador se sacude cuando sale del cine, persigue a la actriz española durante noches y días: el cinéfilo promedio convive con un personaje durante las dos horas que dura una película, pero ella lo lleva en la piel durante las semanas que dura el rodaje. Dice que cuando acaba una jornada de trabajo se siente tan afectada por sus papeles que aunque llegue a casa y se dé una ducha, al salir de la regadera no puede ni comer. “Pero tienes que ir, abrir la nevera, sentarte, cenar, lavarte los dientes, meterte a la cama, levantarte al día siguiente bien temprano, coger fuerzas y lanzarte un día más al rodaje.”

     No es que a Elena le guste sufrir. De hecho, dice que ella no escoge personajes, sino historias, y que hay ocasiones en que no elige ni los guiones, sino que éstos terminan eligiéndola a ella. La española de los ojos inmensos debutó hace 18 años en África (1996), la cinta de Alfonso Ungría en la que interpretó a una adolescente que anima a su novio a asesinar a su padre por venganza. Y, aunque fue una producción pequeña, Anaya se refiere a ella con la misma pasión que inyecta a las anécdotas que cuenta acerca de sus filmes más recientes. Piensa que los inicios son sagrados, y que como África fue su incursión en el cine, es tan relevante como cualquier otra de sus cintas.

     Elena llevaba cinco años dedicada a la actuación cuando un guión de Julio Medem “la escogió” y le cambió la vida. Su papel en Lucía y el sexo (2001) fue pequeño, pero a la gente le bastó para sentirse fascinada por ella. “Hacer esta peli fue un riesgo —bueno, todo es un riesgo en la vida— porque Belén era un personaje complicado, pero dicen que el agua siempre encuentra la salida y yo siempre termino encontrando a esos personajes en cuya piel me siento más a gusto delante de la cámara. Siendo otro personaje puedo encontrar los matices que me hacen disfrutar constantemente mi trabajo. Esa película me marcó profundamente. Me gustó mucho hacerla, y lograr   que una cinta tenga tanto éxito —que sea capaz de emocionar a tantas personas— es lo que todos los actores soñamos.”

     A diferencia de otros artistas que desean transformarse en guionistas y directores, la española se siente satisfecha con la oportunidad de emocionar a sus espectadores únicamente a través de su actuación: “Cada que estoy frente a un nuevo personaje me siento como los exploradores que agarran su cantimplora, sus binoculares, algo que los proteja y se lanzan a un sitio en el que no saben lo que encontrarán”. Para Elena Anaya, dejar la piel, los ojos y el corazón en un personaje ya es responsabilidad suficiente, y asegura que tendría que ser una persona más valiente para jugársela en los terrenos que explora y domina todo guionista, productor o director.

Tierras desconocidas

     A mediados del año pasado Elena viajó a un campo de Etiopía. Mientras la avioneta en la que volaba descendía sobre una ladera verde, llena de vacas, la española inició el que ha calificado como el viaje más alucinante de su vida: las condiciones de Dolo Odo eran tan precarias que el suyo fue el primer avión en aterrizar sobre esa ladera. Además, el equipo que la acompañaba tuvo que tomar medidas de seguridad extremas, pues la zona era considerada propensa a secuestros. Nada de esto le importó: tan pronto se le planteó la invitación, aceptó viajar a aquel país para grabar un documental sobre los 400,000 refugiados de Sudán, Somalia y Eritrea que vivían ahí. A su regreso a España, dijo que se sintió sorprendida ante la generosidad etíope y las sonrisas que la gente puede esbozar a pesar de la pobreza y el dolor.

     No se puede alzar la voz desde la comodidad. Toda denuncia —toda inmersión en una historia que vale la pena contar— implica un sacrificio. Elena lo sabe, y trabaja con eso en mente desde hace 20 años. Su nueva película se llama Todos están muertos, y en ella encarna a una exestrella de rock que está llena de miedos y carga con una patología que le ha impedido salir de casa durante los últimos 14 años. La cinta es la opera prima de Beatriz Sanchís —expareja de Elena— y le valió un reconocimiento en la categoría de Mejor Actriz durante el Festival de Málaga 2014. “Bea escribió esta historia porque vivió una experiencia personal muy dura: cuando era muy joven perdió a su mejor amigo a causa de una muerte repentina. No tuvo tiempo de despedirse. Por eso, siempre fantaseaba con lo que pasaría si pudieras decir ‘adiós’ a esa persona a la que nunca pudiste hacerlo.” Y así empezó esta historia. Anaya dice que Sanchís la escribió con tanto compromiso y seriedad que los productores aceptaron apostarle todo cuando apenas era un tratamiento de 20 páginas, y que posee un guión tan maravilloso que cualquiera podría crear un vínculo con él. Después de todo, no hay quien no haya perdido a un ser amado a causa de la muerte.

     Meterse en la piel de un personaje tan intenso como Lupe —de Todos están muertos— o Vicente —del filme de Almodóvar— es un viaje para Elena. Es una odisea larga y conflictiva —como su traslado a Etiopía— porque implica sumergirse en la patología de un individuo completamente ajeno a ella. En el caso de la cinta de Sanchís, “tuve que conocer cómo es realmente una persona que no puede salir a la calle durante años y qué es lo que le impide vivir, enfrentarse a la vida, tener un hijo, tener una madre y relacionarse con ellos”. El reto de Elena en esta cinta fue evidente: ella es una actriz de cine muy reconocida, pero durante semanas tuvo que fingir y pensar como una mujer que detesta ser vista por quien la rodea, que no puede salir a la calle porque ni siquiera puede salir de sí misma, que no le gusta comunicarse porque odia ser notada. Es aterrizar —como su pequeño avión en África— en terrenos desconocidos.

La magia de Elena

     Dicen que Elena Anaya hipnotizaba conejos cuando era niña. Dicen. Ya cumplimos media hora juntas en el sillón blanco. Ya me hizo reír con su escepticismo ante los traumas de la edad. Ya me dejó clara la intensidad con la que goza a cada uno de sus personajes. Ya me dio la confianza para formularle una pregunta tan absurda: “¿Es cierto?”. Suelta una carcajada. Como casi siempre cierra los ojos cuando se ríe, pierdo el rastro del mundo que está detrás de mí, y que hasta ahora había visto a través de su mirada inmensa.

“Mira.”

     Me extiende su iPhone. Veo la imagen de un conejito en el fondo de pantalla y mi quijada cae al piso. Suelta otra carcajada. “El otro día estábamos rodando en Santiago de Chile y llevábamos cuatro días en el hogar de un matrimonio que tenía una hija adolescente. Ella estaba súperaburrida porque un equipo de producción llevaba en su casa todo el día. Tenía un conejo, pero estaba encerrado en una jaula porque saltaba por todos lados. Así que le dije: ‘Ven, te voy a enseñar a hipnotizarlo’. Y la gente le decía: ‘No le hagas caso. Está loca. Está jugándote una broma’.”

     Me muestra el arañazo que le dejó el conejo en la muñeca cuando intentó tumbarlo patas arriba sobre el piso.

    “Al final lo conseguí. Es la cosa más sencilla del mundo. Sólo hay que estirarle las orejas y hacerle un masaje. Lo puede hacer cualquiera.” Elena me mira y el ventanal a mis espaldas reaparece en su mirada. A estas alturas, me siento como el conejo: hipnotizada. Me dice que lo del orejón es un regalo que le dio su madre, que ella fue quien le enseñó a creer en la magia.

     Cuando Elena Anaya recibió el Goya, en 2012, se lo dedicó a su mamá. Dice que lo que le mostró de niña no fue un truco para hipnotizar conejos, sino una lección de vida: “Es muy sencillo, porque en realidad es una manera de enfocar la vida”. Todo se trata —dice— de definir la perspectiva con la que quieres mirar aquello que te rodea.

Nota del editor

Soy un grillete ceñido a la garganta,
mosca fastidiosa
sobrevuelo la cola
de un elefante.

Mano crispada,
deformo el gesto
de una prosa
horrorizada
en la esquina
de una página.

Soy una emboscada.
Enfilo la palabra
hasta la boca
de un nudo gordiano.
Mueren de asfixia los pleonasmos.

Vivo en el pulso de un cirujano.
Bisturí en mano
desangro voces,
silencio el ruido.
Mariscal en guerra
bordeo un campo minado
y las erratas
me acosan,
persisten,
hasta que logro amordazarlas.

Desollo un barbarismo,
vestido de gris,
y la exactitud canta.

Y Dios creó a… Nicky Whelan

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Originalmente publicado en Esquire no. 73 (PDF aquí)

Recuerda su nombre, porque empezarás a verlo por todos lados: esta australiana estrenará tres películas antes de que finalice el año y estamos seguros de que llegará muy lejos.

Nicky Whelan está realmente avergonzada. Luego de tres intentos fallidos por comunicarme con ella, decidí preguntarle a su agente si todo estaba bien (y si tenía el número correcto). “Llámala ahora, te está esperando”, respondió a los dos minutos como una madre que ha regañado a su hija. La rubia contestó al primer ring.
—Oh, por Dios, ¡lo siento tanto! Debí ponerme un recordatorio para esta entrevista y lo olvidé. ¡Lo siento tanto, tanto, tanto!
—No, por favor, no hay ningún proble…
—¿¡Cómo no!? ¡Lo siento tanto, tanto!

No es la primera vez que un famoso olvida estar disponible a la hora acordada, pero lo sorprendente de Nicky es lo apenada que está. Genuinamente se siente culpable y lo quiere arreglar.

Seamos honestos: ¿quién podría molestarse con esta ojiazul? Su calidez es irresistible, incluso por teléfono. Quizá por eso está cada vez más cerca de conseguir el éxito que ha soñado no sólo como modelo, sino como actriz: no sólo tiene un cuerpo perfecto, sino que es el tipo de mujer encantadora y tenaz frente a la que cualquier hombre caería de rodillas.

La rubia de 32 años nació en Victoria, Australia, pero empacó sus maletas y se despidió de su familia para probar suerte en Hollywood. Comenzó su carrera como presentadora de televisión y en 2006 se integró al elenco de una telenovela llamada Neighbours. Desde entonces ha aparecido en series como Melrose Place (2009), Scrubs (2009), Franklin & Bash (2013) y un trío de películas de bajo presupuesto.

Para Nicky, la fama no ha aparecido como por arte de magia, sino como producto de su determinación. Sólo después de media década de trabajo en Los Ángeles puede sentirse tranquila de tener tres filmes en puerta, y gracias a eso la veremos muy pronto en Knight of Cups, del director Terrence Malick —ganador de la Palma de Oro en Cannes en dos ocasiones—; The Wedding Ringer, en la que compartirá créditos con Kaley Cuoco, y Left Behind, que protagoniza junto a Nicholas Cage. Con esto en mente, ¿se puede afirmar que ha transformado sus sueños en realidad? Ella misma lo responde.

ESQUIRE: Alguna vez dijiste que cuando estabas iniciando tu carrera querías ser bailarina y mudarte a Estados Unidos. Ahora que eres modelo y actriz, ¿piensas que tu sueño se hizo realidad o aún deseas bailar?
NICKY WHELAN: Además de bailar, siempre quise ser actriz. En Australia conseguí un trabajo como presentadora de televisión y me dediqué a eso durante ocho años. Sin embargo, como nunca dejó de interesarme la actuación, llegó un momento en el que dije: “Lo voy a intentar”. Entonces me llegó la oportunidad de filmar en Estados Unidos y hasta ahora todo ha salido bien. Así que, para ser honesta, siento que estoy a la mitad de mi carrera como actriz y a la mitad del camino de conquistar mis sueños.

ESQ: ¿Aún recuerdas cómo te sentiste la primera vez que estuviste enfrente de una cámara?
NW:
Estaba bastante nerviosa. Es algo que te puede confrontar mucho. Era muy joven y es muy diferente tomarse fotos con un grupo de amigos a estar rodeada de un equipo de producción. Para que una sesión funcione, debes estar completa y absolutamente relajada. Recuerdo que en mi primera sesión estaba muy nerviosa. Pero tienes que aprender a sentirte cómoda porque si no lo haces eso será lo primero que arruine tu desempeño. También recuerdo que al ser presentadora de televisión sentí algo distinto a lo que experimento como actriz. La transición entre una y otra actividad fue difícil, porque todo representa un reto.

ESQ: ¿Qué fue lo que te llevó a decir: “Haré lo que sea para mantenerme en esta carrera”?
NW: Mi mamá decía que nací con mucha determinación, que estaba siempre enfocada y que tenía en mi mente —desde los cuatro años— el baile y la actuación. En lo demás no era muy buena. Era traviesa y me portaba mal, pero siempre tuve claro lo que más me gustaba. A veces siento que nací con esa cualidad, pero también creo que es una mezcla de trabajo arduo, tomar riesgos, fijarse una meta y no darse por vencida. Para ser honesta, considero que todo tiene que ver con tu capacidad de enfrentar retos. Hay gente que tuvo un gran apoyo en el medio cuando inició su carrera, desafortunadamente yo no lo tuve, así que todo dependió de mi determinación interior para seguir en el camino que había escogido.

ESQ: ¿Tu familia siempre estuvo de acuerdo con tu decisión de ser actriz?
NW: Mi mamá y mi papá me apoyan por completo en todas mis decisiones, aunque parezcan algo locas. Cuando me mudé a Hollywood, a mi papá le parecía muy extraño que su hija viviera ahí, pero me apoyó y sigue haciéndolo. Eso me ha ayudado mucho. Estoy en una situación muy afortunada y me siento enormemente agradecida por ello.

ESQ: Tu abuelo [Marcus Whelan] fue una gran figura en el futbol de Australia. ¿Cómo fue crecer en una familia en la que había un ídolo deportivo?
NW: De hecho él murió antes de que naciera, así que no lo conocí. Pero, con toda honestidad, nadie tiene un trato especial en casa por ser famoso o salir en la televisión: todos nos comportamos como si nada con los demás, así que aunque tengas un abuelo exitoso, icono del futbol, pasas casi desapercibido. Nuestra casa funciona de manera muy normal. Por ejemplo, no se habla de si salgo en los medios o en una sesión de fotos. Todos nos tratamos de la misma manera y nadie recibe ningún trato especial [ríe].

ESQ: Tu primera aparición en la televisión fue hace casi una década. Como actriz, ¿cuál ha sido la lección más grande que has aprendido desde entonces?
NW: La primera vez que aparecí en la tele tenía 17 años. Empecé como presentadora y ese fue un viaje diferente al que implica la actuación. Son dos cosas completamente distintas y hacer la transición entre una y otra es muy duro, porque la gente se acostumbra y encuentra difícil verte en dos medios distintos. Estoy contenta de estar en Estados Unidos porque nadie me conoce aquí, pero la transición fue muy difícil: para dejar un ámbito y entrar a otro tuve que aprender distintas habilidades. Ahora tengo que admitir que prefiero la actuación y por mucho.

ESQ: ¿Siempre has disfrutado la fama o hay ocasiones en las que preferirías no ser reconocida?
NW: Mi carrera no se volvió exitosa de la noche a la mañana. Sí he trabajado en superproducciones junto a excelentes actores, pero todos mis papeles han sido muy diferentes y creo que por eso he logrado mantener mi anonimato. Sólo cuando estoy en una alfombra roja o en la promoción de una película y tengo que pararme frente a muchas cámaras, me resulta abrumador. Sin embargo, me gusta mucho reír y divertirme con mis amigos y mi familia. No soy alguien que esté rodeada de paparazzi. Hay mucha gente para quien sí es así y a quien todo el tiempo la persigue camarógrafos, pero no es mi caso, por lo que me considero afortunada. Creo que es crucial tener un sentido de normalidad en tu vida, y cuando la gente está rodeada de reporteros, se pierde de momentos muy lindos.

ESQ: Trabajaste recientemente en Knight of Cups, la película de Terrence Malick. ¿Qué tal te fue?
NW: Fue increíble. Probablemente fue una de las mejores experiencias que he tenido como actriz. Tanto él como la manera en la que trabaja son algo fuera de lo común. Me gustó haber sido parte de este proyecto que se convirtió en una vivencia mágica. Él es maravilloso y muy especial. Me encantaría volver a trabajar con él. Sin embargo, debo confesar que no sé nada de la película [ríe]. Es decir, no sabemos cuándo se va a exhibir.

ESQ: Tras algunos años de haber dejado tu hogar en Victoria, ¿te sientes a gusto en Estados Unidos o extrañas Australia?
NW: Me siento muy cómoda aquí en Los Ángeles, aunque no he dejado de ser una chica muy australiana que viaja a muchos lugares. Los viajes forman parte de tu trabajo cuando estás en el elenco de una película. Me encanta, pero sé que es un estilo de vida muy raro, no es para todos. Implica que debes tener claras tus bases. Lo disfruto mucho y sé que siempre tengo que estar lista para irme. Es mi estilo de vida, aunque sea muy particular.

ESQ: Tienes un cuerpo increíble, ¿cómo logras verte así?

NW: [Ríe] Bailé mucho cuando era niña, pero con el paso de los años he tenido que modificar mi rutina. El cuerpo de una mujer siempre cambia, y de eso dependen las actividades que tengas que hacer para mantenerlo en forma. Mi trabajo con un entrenador o los tratamientos que use cambian siempre. A veces hago mucho cardio; otras veces, pilates. Trato de incorporar varias rutinas que funcionen para mi cuerpo en cada etapa de mi vida. Y, aunque creo que ahora me funciona entrenar, el cuerpo cambia mucho y debes aceptar esos cambios.

ESQ: ¿Alguna vez has sufrido por tener que seguir una rutina o una dieta?
NW: Siempre he sido saludable. Creo que actualmente —de hecho desde hace varios años— he concluido que tener una mente saludable es extremadamente importante. Debes tener claras tus prioridades y eso influye en tu estilo de vida. Cuando la gente es feliz no come tanta comida chatarra, pero si eres delgada y eres infeliz, puedes subir de peso. La emoción juega un rol fundamental en el cuerpo, en la salud y en tu capacidad de estar en forma, así que tomar decisiones sanas y estar feliz es lo más importante. Además de esto, claro, también admito que la comida es absolutamente crucial para mí. Me ayuda a sentirme mejor. Me encanta el chocolate y el azúcar. Me divierto, pero nunca descuido el estado emocional en el que me encuentro.

ESQ: Hablando de diversión, ¿qué debe hacer un hombre para invitarte a salir?
NW: [Ríe] No sé si haya una manera correcta o incorrecta para que cualquier hombre se acerque a una chica en estos tiempos. Cuando conoces a alguien en ese momento tomas la decisión de conocerlo más o no,. Y cuando hay interés se vuelve algo muy lindo. Creo que conducirse a la antigua es hermoso: que un hombre corteje a una mujer, aunque sea a la vieja escuela, pone las cosas en orden y eso me gusta.

ESQ: ¿Cuál ha sido el mejor cumplido que te han dicho?
NW: No ha habido una frase particular, sino situaciones en escenarios distintos. Eso me hace recordar varios lugares y situaciones fabulosas. Creo que si puedes encontrar a alguien parecido a ti, con quien puedes pasar 10 horas pero que a ti te parezcan como 10 minutos, estarás viviendo un momento realmente mágico. Cuando están compartiendo momentos juntos, te das cuenta de que estás creando recuerdos trascendentes y mágicos con alguien especial.

Este soy yo: Terence Winter

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Originalmente publicado en Esquire no. 73 (PDF aquí)

Ex abogado, guionista y productor de televisión, 53 años, Nueva York

> He matado a tantos personajes en mis series que mi esposa me tiene amenazado. Cuando a Emily [hija de la protagonista de Boardwalk Empire] le dio polio, me golpeó en el brazo. Le dije que no había provocado que se enfermara. Uno siempre tiene un personaje favorito, a quien le gustaría darle un final feliz, pero hay situaciones que son inevitables y no puedo hacerle promesas a nadie.

> Escribir un guión puede ser emocionalmente agotador. Es triste crear una serie acerca de gente dañada y con carencias.

> No soporto que una serie esté llena de paja o —peor aún— que me haga pensar: “Dios, ¿todavía está al aire?”. Por eso no me gustaría escribir un guión que provocara esa reacción.

> Mi trabajo es entretener a la audiencia. Puedes contar la historia más sofisticada del mundo y aburrir a la gente con ella. Si lo único que haces es meter diálogos e información en un guión, estás haciendo lo peor en la historia de la televisión por cable. Aspiro a mucho más que eso.

> En Boardwalk Empire me interesó mostrar el lado humano de los gangsters, porque así podía provocar que la audiencia tuviera una experiencia más interesante. Por ejemplo, las referencias que uno tiene de Al Capone suelen estar en el cine, donde sólo hay dos horas para contar una historia y por ende uno espera verlo con una fedora blanca en la cabeza y una metralleta en las manos. Sin embargo, para mí era más importante retratar a un Al Capone que se iba a casa por las noches y hablaba con su hijo sordo, y lentamente mostrar cómo se transformó en el mafioso que conocemos hoy. La serie inicia en 1920, así que podemos ver cuando era el chofer de alguien más, un joven que apenas aprendía a lidiar con las grandes celebridades.

> Pasar tanto tiempo con un gangster es como estar a bordo de una montaña rusa: puedes experimentar lo que se siente estar cerca de la muerte. Es decir, te permite entrar al mundo de alguien como Lucky Luciano. Me sucedió algo similar con Tony Soprano [Winter también fue el creador y productor ejecutivo de The Sopranos], pero como en realidad uno no tiene tanto dinero, sabes que nadie va a buscarte para matarte.

> Siempre que te sientas frente a una pantalla para escribir cuestionas el trabajo que haces y que has hecho antes. Una vez el guionista David Chase me dio un gran consejo: “Deshecha tus primeras cinco ideas y síguete retando”. Si algo surge con facilidad, lo más probable es que haya una mejor idea allá afuera.

> Cuando estoy a punto de terminar una de mis series, entro en negación. No me cae el veinte sino hasta que terminamos de producirla. Es muy emotivo porque gracias a una serie vives grandes experiencias. [Boardwalk Empire] ha sido más que un placer. Hice grandes amigos no sólo con el elenco, sino con el equipo de producción. Todos estamos muy orgullosos del proyecto porque creamos algo especial, y finalizarlo será intensamente difícil y emotivo.

> Algunos de los actores [de Boardwalk Empire], al saber que es la última temporada de la serie, me preguntaron: “¿Me puedes matar y convertirme en alguien grande? Por favor, dame un gran momento”. Todos quieren tener un gran momento, aunque eso involucre sangre.

> Estar nominado al Óscar [por el guión de The Wolf of Wall Street, la película de Martin Scorsese] no me cambió en nada. Llegué a casa después de la ceremonia y al día siguiente tuve que ir a trabajar. Sin embargo, fue una experiencia significativa porque mi esposa [Rachel Winter] también estuvo nominada como productora en la categoría de Mejor Película por Dallas Buyers Club. Haber sido considerados para recibir este premio en el mismo año fue casi surrealista porque fuimos la segunda pareja de la historia en haber vivido algo así. Fue una de esas experiencias que, si hubiéramos soñado o pensado en voz alta, habría parecido ridículo, pero realmente sucedió.

> Mis días como abogado me fortalecieron. La escuela de Derecho es realmente difícil. A veces tienes que estar despierto toda la noche y, cuando trabajas para una firma y estás involucrado en un gran caso, no importa si tienes unas vacaciones planeadas o si tus hijos están enfermos, porque tienes que terminar tu trabajo al día siguiente. Así que cuando llegué a Hollywood, empecé a trabajar en la televisión y alguien me dijo: “Tenemos que grabar esto el lunes, y aún no tenemos el guión”. Mi respuesta fue: “No hay problema, lo haremos. No importa si acabamos en el último minuto, pero estará listo”.

> Aún hay mañanas en las que me despierto y pienso que cuando apague la alarma abriré los ojos y será 1977, que ya se me habrá hecho tarde para ir al despacho y que tendré que bajar corriendo para comprar mi desayuno en el delicatessen de la esquina. A la fecha, no he dejado de pensar que lo que estoy viviendo es parte de mi imaginación. Es muy difícil describir lo increíble que es el que un sueño como éste se haya convertido en realidad, admirar tanto a alguien [en referencia a Martin Scorsese] y ahora tener la oportunidad no sólo de trabajar con él, sino de ser su amigo y llamarlo “Marty”. Él es uno de los cineastas más inteligentes de la historia.

[Recuadro]
Terence Winter trabajó varios años como abogado, pero un día vio Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, y le gustó tanto que decidió renunciar a su firma en Manhattan y probar suerte como guionista. A la fecha, ha sido creador de The Sopranos (1999) y Boardwalk Empire (2010), y está trabajando en una nueva serie de HBO, en la que Mick Jagger será uno de los productores ejecutivos.

Foto: Latinstock/Corbis

Los encantos de Samantha Hoopes

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Originalmente publicado en Esquire no. 72 (PDF aquí)

Sam —como le gusta que la llamen— es tan bella como encantadora. A pesar de ser una modelo muy famosa, dice que para conquistarla basta con tener buen sentido del humor, saber cocinar y llevarla a la playa. ¿Qué más quieres?

     Tengo a Samantha Hoopes en el teléfono cuando me dice que la espere un segundo, porque está a punto de bajarse de un taxi. “Mil gracias, gusto en conocerte. Ya tienes mi número, ¿ok? ¡Que tengas buen día!”, escucho a lo lejos. ¿¡Qué, quéeee!? ¡¡¡Samantha Hoopes le dio su número al taxista!!!

     Sam —ella me dice que por favor la llame así— regresa y seguimos hablando como si nada. No hay una sola pregunta que responda con renuencia. No hay un sólo instante en el que parezca sentirse incómoda o aburrida. Casi podría asegurar que no pasa un minuto sin que ría aunque sea un poco. Ha posado para Sports Illustrated, es modelo de Guess y tiene el cuerpo perfecto. ¿¡Cómo es posible que sea tan encantadora!?

     “Otro día de trabajo, otro bikini”, escribió en su cuenta de Instagram antes de postear una selfie desde donde mira a la cámara con sus inmensos ojos almendrados. Sólo esa foto tiene 5600 likes y una decena de comentarios. La rubia me dice que actualiza sus redes sociales continuamente porque le gusta estar conectada con todos sus fans y compartir sus viajes y experiencias por el mundo.

     Sam tuitea y postea selfies casi todos los días. Desde una playa en California o desde su cama antes de dormir, la modelo comparte su vida. Es transparente y cuando uno habla con ella transmite tanta energía como para estar de buenas el resto del día. Hoy está en Miami, y durante unos minutos será sólo mía.

ESQUIRE: El primer gran giro que diste a tu vida fue mudarte de Pennsylvania a Los Ángeles. Háblame de eso.
SAMANTHA HOOPES: Sí, obviamente fue un gran cambio porque Pennsylvania es muy diferente de L.A. Tuve que ir de la costa este a la costa oeste. Desde entonces, hasta la comida y las cosas que hago el fin de semana han cambiado mucho.

ESQ: ¿Siempre supiste que querías estar frente a las cámaras?
SH: Siempre supe que quería ser modelo, pero no perseguí ese sueño sino hasta el año pasado.

ESQ: Pero tu formación como modelo empezó hace varios años, ¿cierto?
SH: Sí, era muy joven. Mi madre me había enseñado desde antes. Ella me mostró cómo poner bien la mesa, maquillarme y demás. Tenía sólo 14 años cuando entré por primera vez a la escuela de modelaje.

ESQ: ¿Qué dijeron tus padres cuando les contaste que modelarías trajes de baño? ¿Tu papá no se puso celoso?
SH: Mis papás se emocionaron mucho [ríe]. No conocen la industria a profundidad, pero sabían que era algo que me interesaba y amaba, así que me han apoyado 100 por ciento y han estado junto a mí en todo momento. Siempre me animan y apoyan.

ESQ: ¿Cómo te sentiste con el cambio que dio tu vida al convertirte en una modelo famosa?
SH: Me siento súper afortunada y bendecida de poder hacer algo que me encanta y  apasiona. Además, tengo la oportunidad de viajar y ver el mundo. Ha sido increíble. He aprendido mucho a lo largo del último año sobre mí misma y sobre la vida en general, y todo ha sido gracias al modelaje.

ESQ: Cuéntame cómo fue la primera vez que apareciste en Sports Illustrated.
SH: Empecé a trabajar con la revista el año pasado. Fue mi año de la suerte, pero no te voy a mentir, no estoy completamente segura de cómo acabé ahí.

ESQ: ¿Te acuerdas de la primera sesión de fotos que hiciste?
SH: Sí,  estaba en la isla de Santa Lucía. Fue muy divertido, fue una gran experiencia y tuve la oportunidad de posar para un fotógrafo que es una leyenda, Walter Iooss.

ESQ: Hablando de Sports Illustrated, asumo que te gustan los deportes…
SH: Sí, me interesa mucho el futbol europeo. Seguí la Copa del Mundo y fue increíble, creo que los jugadores son súper sexys y quizá por eso me gusta ver el futbol [ríe].

ESQ: ¿Es difícil que siempre debas lucir sexy y feliz ante la cámara, cuando quizá te sientes triste o preocupada por algún motivo personal?
SH: Sí, claro, no siempre es fácil verte feliz cuando tienes muchas cosas en la cabeza. Creo que hay que separar la vida real del modelaje. Por eso siempre que no estoy frente a las cámaras trato de pasar tiempo con mis amigos. Es bueno mantener ambos universos separados.

ESQ: De todas las sesiones en las que has trabajado, ¿hay alguna que recuerdes de forma especial?
SH: Sí, creo que la más especial fue la primera porque nunca había tenido la oportunidad de modelar. Fue muy lindo trabajar con los fotógrafos, que me ayudaron y me dijeron cómo posar, cómo moverme, cómo relajar mi rostro y todo eso. Por eso siempre será especial para mí, además de que representó la oportunidad de llevar a cabo aquello que deseaba hacer desde hacía mucho tiempo.

ESQ: Hay modelos que dejan las sesiones fotográficas por el cine o la televisión. ¿Te gustaría trabajar en alguna serie o película?
SH: Sí, estoy tomando algunas clases de actuación y he leído un par de guiones, pero estoy aprovechando para ponerme en contacto conmigo misma para que los demás puedan tomarme en serio como actriz. No quiero ser sólo una modelo que decidió actuar.

ESQ: ¿Qué tipo de papel te gustaría interpretar?
SH: Me gusta mucho la comedia y las películas divertidas, aunque creo que también podría estar en una película de acción y ser como una cat woman, súper sexy, ¿sabes?

ESQ: ¿Qué haces para mantener tu figura?
SH: Hago muchas sentadillas para moldear un bonito trasero [ríe]. Pero fuera de eso me gusta ser muy activa y ejercitarme en exteriores. Me gusta hacer senderismo o salir a correr.

ESQ: Eres guapísima, pero todos tenemos algo que nos disgusta de nosotros mismos. ¿Hay algo que no te guste de ti?
SH: Claro, siempre hay algo. A mí nunca me han gustado mis pecas. Y también siento que la forma de mi nariz no es la mejor, pero uno debe de trabajar con lo que tiene.

ESQ: ¿Tienes algún truco para mostrarte como una mujer segura en todo momento?
SH: Pienso que debes aceptar quién eres como persona. Tienes que gustarte a ti mismo, porque aunque haya algo que quizá no te encante, eres quien eres y no te queda de otra.

ESQ: ¿Cuál es el mejor cumplido que te han hecho hasta ahora?
SH: Mmm, ¡no lo sé! Es una gran pregunta, pero creo que es cuando la gente me dice que me veo muy natural. Me gusta que puedan reconocer eso de mí.

ESQ: ¿Qué es lo mejor de trabajar para una marca como Guess?
SH: Para mí trabajar con Guess ha sido una gran oportunidad. Abre muchas puertas y caminos. Es una marca muy icónica y con romanticismo, y yo soy una chica muy romántica.

ESQ: Hablando de eso, ¿qué debe hacer un hombre para conquistar a Samantha Hoopes?
SH: Definitivamente tiene que ser gracioso y hacerme reír. Debe ser alguien con quien me pueda identificar. Además amo a los hombres que saben cocinar y que me lleven a buenos restaurantes porque soy una verdadera apasionada de la comida. Ah, y por cierto, me gusta que sean más grandes que yo, unos diez años al menos.

ESQ: ¿Para ti cómo sería una cita perfecta?
SH: Ir a la playa, ir a esquiar o hacer un picnic y tomar vino.

ESQ: ¿Y cuál es el regalo ideal?
SH: ¡Una bolsa! ¡De Chanel!

Hasta siempre Nucky Thompson

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Originalmente publicado en Esquire no. 73 (PDF aquí)

Después de cuatro años en pantalla, 40 nominaciones al Emmy, sangre, fedoras y metralletas, Boardwalk Empire llega a su fin. Conversamos con los protagonistas de la mejor serie de gangsters de la televisión actual.

     Un niño de 11 años cae al agua e irrumpe en la tranquilidad del océano como una bala de cañón. Su pelo se mueve como algas a voluntad de la corriente. Abre bien los ojos y estira brazos y manos como si fueran ancas de rana: está en busca de algo. Fuera del agua, en la Atlantic City de finales del siglo xix, algunos adultos lanzan monedas desde la orilla de la bahía, y observan a sus hijos chapotear para encontrarlas. Todos salen con las manos llenas. Todos, excepto Nucky Thompson.

     La escena anterior es una de los muchas que, en la quinta y última temporada de Boardwalk Empire, ilustrarán cómo se moldeó la personalidad del gangster más poderoso de Atlantic City durante la década de 1920. En todas ellas, el mensaje es claro: desde la infancia, Nucky (Steve Buscemi en la serie) fue tan frágil que tuvo que pelear por conseguir lo que deseaba y aprender a pisotear en vez de ser pisoteado.

     En otra escena, los hombres más ricos de Estados Unidos se ponen una pistola en la boca. Es 1931 y, dos años después del peor crack de la historia de la Bolsa de EU, banqueros y clase media colapsan financiera y emocionalmente. Margaret (Kelly MacDonald) trabaja como asistente en Wall Street y atestigua el suicidio de su jefe. Nucky se ha exiliado en Cuba y lleva ya 11 años buscando alianzas para traficar con alcohol a pesar de la Ley Seca que continúa vigente en su país. Lucky Luciano (Vincent Piazza), Meyer Lansky (Anatol Yusef) y Al Capone (Stephen Graham) siguen asesinando y concretando tratos que trastocan el poder de la mafia a punta de amenazas y balazos. Esta última temporada pinta tan bien que lo único lamentable es que sólo quedan ocho episodios antes de que llegue a su fin: la produjo Martin Scorsese para HBO y dejó claro que nunca morirá nuestra fascinación por la mafia italiana y la figura del gangster, ese caballero que se mece entre la elegancia y la brutalidad, que puede llevar traje a rayas y fedora tanto para beber una copa de champaña como para matar.

Kelly MacDonald (Margaret Thompson)

> Tengo mucha suerte. A pesar del peso que los personajes masculinos tienen en la serie, también hay mujeres muy fuertes. Tengo la oportunidad de interpretar a una persona que no está limitada por su género, sino que aprovecha que es mujer cuando lo cree necesario, y es tan inteligente como cualquiera de los hombres que ha conocido.

> En esta temporada, Margaret es una mujer moderna que trabaja en el Nueva York de 1931. Antes fue una esposa golpeada por su marido, tenía dos hijos y estaba embarazada. Era completamente distinta. Lo que me encanta de ella es que es muy fuerte, y que entre una temporada y otra, su situación y relación con Nucky se transforma [inician como amantes, luego se casan y terminan por separarse]. Si ella llegara a la vejez, realmente tendría una buena historia que contar.

> Cinco años de esta serie han sido suficientes. Claro que estoy triste porque llegó a su final, pero creo que tanto yo como mis compañeros tendremos la oportunidad de trabajar en otras cosas. Margaret es un personaje increíble porque tiene muchas facetas y se transforma de una temporada a otra. Sin embargo, siento que ya estoy lista para interpretar a alguien más.

> Cuando una serie es tan exitosa siempre se corre el riesgo de que el público te encasille con un personaje. Es algo que ya me ha sucedido, pero para mi próximo trabajo no voy a elegir a un personaje que viva en los años 20. Además pienso que, en este caso, es difícil que me encasillen porque —como ya mencioné—, Margaret es un personaje que nunca dejó de evolucionar: tuvo diversas facetas, no sólo la parte débil.

Vincent Piazza (Lucky Luciano)

> Corrimos el riesgo de provocar que los gangsters parecieran glamourosos, pero así sucede cuando una serie aborda el crimen. Sin embargo, para un personaje como Lucky Luciano creo que los escritores dejaron claro un punto: que acarreó grandes vicios y que fue notoriamente brutal con las mujeres. En este sentido, nosotros le mostramos la realidad a la audiencia, y lo que ésta piense es su decisión.

> Lucky Luciano también está inmerso en la crisis en la que inicia la nueva temporada: la Gran Depresión está golpeando al país, y si cuando todo era prosperidad ya era difícil mantener tu territorio a salvo de todos los crímenes, con la caída de la Bolsa todo empeora.

> Ya conocía un poco de Lucky Luciano. Crecí en Queens, donde es común que la gente diga: “¿Sabes quién está enterrado aquí? Harry Houdini y Lucky Luciano”. Así que cuando hice la audición ya sabía más o menos quién era.

> ¿Qué aprendí de Steve Buscemi? Esa pregunta me hace sentir nostálgico. Durante el primer día de rodaje no conocía a nadie, más que a Steve, y admiraba su trabajo. Recuerdo que cuando mis compañeros entraron al set, me sentí como un pequeño pez en un gran acuario. Me aterroricé, y me quedé de pie sosteniendo mi guión. Entonces Steve se acercó y se detuvo junto a mí. Fue muy extraño. Intenté mirar hacia el frente, pero él seguía junto a mí, así que le dije: “Hola, Steve, soy Vincent”. Él contestó: “Ya sé quién eres”. Y yo: “¿Es en serio?”. Así seguimos: “Claro, ¿estás nervioso?”, “¡Sí! ¿Y tú?”, “Aterrorizado, ¡tengo que protagonizar la historia!” [ríe].

Gretchen Mol (Gillian Darmody)

> Siempre usas algo de ti mismo para interpretar a un personaje. Después de cinco años de estar cerca de Gillian, ya puedo sentir todo lo que le sucede. No sé qué tanto de eso venga 100 por ciento de mí y qué tanto sea obra de los escritores, pero siento que el proceso de creación de una serie construye una relación inconsciente de colaboración entre ambas partes. Ellos saben cómo te sientes y te conocen incluso emocionalmente. Aunque sí hubo guiones que me hicieron pensar en cómo iba a interpretarlos, siempre sentí una conexión cercana con Gillian.

> La última vez que vemos a Gillian en la cuarta temporada está en la cárcel y acaba de recibir la noticia de que su hijo murió. Eso es un cierre para ella. Ahora, en esta última temporada, está en un hospital psiquiátrico y no lo está pasando bien. Además, a través de flashbacks, veremos cómo inició su relación con Nucky [Buscemi] y lo que él ha significado en su vida.

> Todo lo lineal es aburrido. En este momento me siento así con respecto a mí misma, porque Gillian es mucho más interesante de lo que yo jamás podría ser. Es mucho más cool que yo, dice cosas más interesantes que yo. Es una chica mala, y justo por eso es más divertido estar cerca de ella.

> Han sido cinco años maravillosos. Nunca había tenido esta conexión con un personaje durante tanto tiempo. Estoy segura de que si no la hubiera interpretado yo, al verla en pantalla de todas maneras me hubiera fascinado y hubiera querido hacer ese papel. Qué bueno que sí me contrataron para interpretarla [ríe].

Foto: cortesía

Luke Evans: la fuerza de los clásicos

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Originalmente publicado en Esquire no. 73 (PDF aquí)

Su carrera en cine inició hace cuatro años y desde entonces lo hemos visto como Apolo, el dios del Sol, en Clash of the Titans (2010); Aramís, uno de los tres mosqueteros, en The Three Musketeers (2011); y Zeus, el máximo gobernante del Olimpo, en Immortals (2011). Este mes regresa al cine para explorar el pasado de uno de los personajes más célebres de la cultura occidental:
Vlad Tepes en
Dracula Untold.

      Luke Evans podría ser uno de los actores más prometedores de la década. Forjó una carrera de nueve años sobre los escenarios del teatro londinense en las mejores producciones de West End, como Avenue Q, Rent y Miss Saigon, y fue hasta 2010 que aceptó trabajar en cine. Desde entonces, ha brillado con papeles inspirados en clásicos de la literatura.

     Luke Evans canta y baila. Se mueve con la misma facilidad frente al público en vivo que frente a la audiencia que lo verá desde una butaca del cine sin perder la elegancia que lo caracteriza. Luce con el mismo porte un traje de tres piezas en una alfombra roja que una capa dorada con el pecho descubierto cuando interpreta a una deidad de la mitología griega. Quizá por eso grandes directores lo han invitado a trabajar en cintas que se remontan a otra época: bajo la guía de Louis Leterrier fue Apolo, el dios del Sol, en Clash of the Titans (2010); con Ridley Scott fue un sheriff en Robin Hood (2010), y Paul W.S. Anderson lo escogió para interpretar a Aramis en su no muy afortunada adaptación de The Three Musketeers (2011). Quizá también por eso fue el elegido para dar vida al personaje ficticio más retratado en cine después de Sherlock Holmes: Drácula.

     Todo aquel que haya leído la novela del escritor irlandés Bram Stoker sabe que el vampiro más famoso de la historia no tiene nada del parco y patético hematófago adolescente que Robert Pattinson retrató en la saga de Twilight. El verdadero Drácula era un hombre maduro, dueño de una mansión, que siempre estaba impecablemente vestido y rasurado, y se mostraba tan fascinante como siniestro. Pensar que Luke Evans lo tiene todo para revivir a Vlad Tepes —el tirano rumano que inspiró la historia ficticia del vampiro— no es sino una apuesta sensata. Desde Inglaterra, el actor galés nos dio los detalles de su papel en Dracula Untold.

ESQUIRE: Con tantas películas sobre Drácula, ¿qué diferencia a ésta del resto?
LUKE EVANS: Está enfocada en todo aquello que no se ha narrado acerca de los orígenes del personaje literario. Nos enfocamos en la figura histórica de Vlad Tepes, el hombre y empalador que vivió en el siglo xv, y en el que Bram Stoker inspiró al protagonista de su novela. Además, en Dracula Untold decidimos que sería importante enfatizar la parte humana del vampiro a través de las decisiones que toma.

ESQ: Por qué nos sigue fascinando este personaje que fue creado hace más de un siglo?
LE: Después de todo, él es el origen de los vampiros y estos son un tema fascinante en nuestra época. Drácula tiene una historia fantástica, pero antes de esta película realmente nadie se había enfocado en sus orígenes, ni en la verdadera personalidad detrás de la figura literaria. Creo que lo que importa de esta cinta [con la que debuta Gary Shore como director] es que gracias a ella comenzaremos a entender su contexto.

ESQ: Eres fan de los vampiros?
LE: No realmente. He visto las grandes películas de Drácula y me encantan. Vi la versión que hizo Francis Ford Coppola, que me gusta mucho, y he visto algunas otras, pero no las más recientes.

ESQ: Entonces por qué aceptaste este papel?
LE: Tuve una reunión con Universal Pictures y discutimos varios proyectos. Dracula Untold fue uno de ellos y les dije: “Hey, un momento, creo que no tengo la edad para interpretar a Drácula”. Pero cuando leí el guión me di cuenta de que en realidad la historia estaba basada en la figura histórica, y empecé a tener juntas con el director y los productores en Los Ángeles y Londres para discutir la profundidad de la historia y el conflicto.

ESQ: Qué tantos efectos especiales veremos en la película? Hay algunas batallas y una escena con murciélagos que se ven geniales en el trailer.
LE: Así es, hay algunos murciélagos que fueron creados digitalmente. En realidad decidimos usar la tecnología para retratar las habilidades que tienen todos los vampiros: neutralizar la oscuridad, usar telepatía y convertirse en ciertos animales. En posproducción usamos esos grandes efectos de CGI —como los que viste en el trailer— para mostrar que estas criaturas poseen un poder realmente impresionante, que rebasa por mucho a los humanos.

ESQ: Hace años trabajaste como actor y cantante en West End. Todavía te interesa el teatro? Qué opinas de los musicales que se han adaptado al cine?
LE: Me encantaría volver al teatro. Trabajé en ello durante nueve años, así que siento cierta lealtad hacia ese medio. Próximamente me gustaría hacer una obra en West End o Broadway. Creo que algunas adaptaciones de musicales al cine han sido muy exitosas. He visto varias y creo que la mayoría funciona, pero los musicales que uno ve en escena tienen cierta energía que se pierde en el cine porque el formato es distinto. Es necesario tener a un director excelente para que el resultado en pantalla sea muy bueno.

ESQ: Como actor, ¿prefieres trabajar frente a una cámara o sobre un escenario?
LE: Es difícil compararlos porque son muy diferentes. El teatro ofrece una reacción espontánea porque trabajas frente a una audiencia en vivo. Como actor es un proceso muy emocionante porque puedes sentir la respuesta inmediata y contar la misma historia cada noche. Sin embargo, en el cine hay un proceso disyuntivo: no experimentas la reacción de la gente sino hasta que la película se estrena, lo que algunas veces puede ser hasta un año después.

ESQ: Interpretaste a Apolo en Clash of the Titans, a Zeus en Immortals y ahora a Vlad Tepes en Dracula Untold. Los tres son personajes emblemáticos. ¿Eso es una presión adicional para ti?
LE: Implica cierta responsabilidad, sí, pero incluso cuando el papel no está basado en un personaje literario o es icónico, existe la presión de lograr autenticidad y provocar que la gente se pueda relacionar con él. Como actor siempre debes conseguir que tu público pueda comprenderlo a pesar de todo y tratarlo con integridad y respeto.

ESQ: En 2015 serás Sir Draven en la nueva versión de The Crow. Puedes hablar un poco de este proyecto?
LE: Sí, pero todavía no la filmamos. Estamos en pausa. Puede que no terminemos ese proyecto en lo que resta de 2014. Quizá lo haremos en algún momento del año entrante. El problema fue que todos los involucrados en la producción tuvimos conflictos con nuestras agendas y estuvimos ocupados, pero lo retomaremos tan pronto sea posible.

ESQ: Hablemos un poco de moda. Cómo defines tu estilo personal y qué te atrae a una tendencia en particular?
LE: Mi estilo va de los trajes hechos a la medida hasta looks muy relajados y casuales. Disfruto usar un traje de tres piezas tanto como unos shorts y una t-shirt. Sin embargo, no me preocupo mucho por planear mi atuendo, sino que trato de seguir mis instintos para decidir qué usar.

ESQ: Hay algo en particular que busques en un traje?
LE: Sí, tiene que estar hecho a la medida. Eso es muy importante para mí. He tenido la fortuna de tener trajes personalizados de mucha calidad, así que realmente me quedan a la perfección. La realidad es que una vez que usas un traje a la medida, ya no hay vuelta atrás [ríe].

ESQ: Cuáles son las piezas esenciales en tu clóset?
LE: Siempre es importante un buen par de jeans; yo tengo dos. También recomiendo unas botas de piel. Son esenciales porque las puedes usar con los jeans y otros tipos de pantalón. Además tengo un gran reloj de Bvlgari que funciona increíble tanto para un look casual como para un traje. Ah, y tengo una hoodie maravillosa, bajo la cual me puedo esconder cuando quiera [ríe].

ESQ: Cuándo te empezaron a interesar los relojes y por qué los consideras una declaración de moda?
LE: Siempre me han interesado, pero dejé de usarlos un tiempo. Sin embargo, en algún momento, la adorable gente de Armani me regaló uno. Fue el primer guardatiempo lindo que tuve y casi nunca me lo quité. A partir de ese momento me di cuenta de que lo más importante es comprender que no todos los relojes lucen bien con todo. Hay algunos que se ven mal con ciertos atuendos. Ahora tengo una colección y sé cuáles funcionan para determinadas ocasiones. Sé que para un look casual de jeans y t-shirt, necesito uno que se vea más deportivo, quizá metálico o con correa de piel. Realmente pueden ser el accesorio que defina tu look. Si se complementan con una chamarra —por ejemplo— pueden verse increíbles.

Foto: cortesía