The Last Ship

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Originalmente publicado en esquirelat.com

La nueva serie de Michael Bay llega a la televisión por TNT.

Dicen que The Last Ship es una serie de televisión, pero desde el primer capítulo uno siente que está viendo una película. La historia inicia cuando un grupo de marinos sale hacia el Ártico para completar una misión sin saber que el 80% de la humanidad se ha infectado con un virus letal. Mientras los tripulantes del USS Nathan James pasan meses en altamar, sus amigos y familias mueren. Sólo hasta que regresan y se acercan a las costas estadounidenses se enteran de que los gobiernos de todo el mundo se han colapsado y de que quizá ellos son los únicos sobrevivientes de la pandemia.

Dan ganas de ver The Last Ship en una pantalla de 16×9 —tamaño cine—, con un buen equipo de sonido y palomitas en mano. El barco en el que se grabó la serie no es un set artificial, sino un destructor de la marina de Estados Unidos. Para que su interpretación fuera creíble, los actores fueron asesorados por miembros de la marina en tiempo real. La música —tan emotiva como épica— fue compuesta por Steve Jablonsky, quien también hizo los arreglos para las cuatro películas de Transformers que Michael Bay —productor ejecutivo de la serie— ha dirigido hasta el momento.

The Last Ship está basada en un libro. El volumen homónimo se publicó en 1988 y describe lo que sucede con la tripulación de un barco que sobrevive a una guerra nuclear. La adaptación —dirigida por Jack Bender (Lost y Under the Dome)— está protagonizada por Eric Dane y Rhona Mitra: él saltó a la fama por su papel de McSteamy en Grey’s Anatomy y ella se volvió memorable por convertirse en la segunda modelo que inspiró el físico de Lara Croft en el videojuego de mediados de los noventa. Él es el capitán del barco. Ella es una microbióloga en busca de una vacuna para salvar a lo que queda de la sociedad.

The Last Ship es difícil de clasificar. Tiene algo de ciencia ficción, de drama y de thriller. A pesar de que retoma una temática muy similar a otras series y películas actuales, aborda el conflicto con mayor seriedad… O quizá —como dijo Eric Dane durante la presentación de la serie en México— nuestra aniquilación como especie cada vez se siente más real y por ende nos aterra como nunca antes.

Desde el Hotel Four Seasons del DF, hablamos con Eric, y él nos dijo más acerca de The Last Ship, que se estrena este lunes 4 de agosto por TNT a las 9 pm.

ESQUIRE: ¿Cuándo empezaste tu carrera en Saved by the Bell (1989), ¿alguna vez imaginaste que interpretarías a un capitán, como ahora en The Last Ship?

ERIC DANE: No, jamás pensé que volvería a trabajar después de Saved by the bell [ríe].

ESQ: ¿Cuál fue el primer reto de tu preparación para interpretar al capitán Chandler?

ED: Me puse en forma tanto como fue posible, porque sabía que habría momentos de mucho esfuerzo físico durante la grabación. No investigué mucho con respecto a lo que haría un capitán, sino que básicamente me puse el uniforme y actué con base en las circunstancias con tanta veracidad como fue posible.

ESQ: Alguna vez mencionaste que sentías cierta presión por interpretar al capitán de un barco. Ahora que terminó el rodaje de la primera temporada y se confirmó que habrá una segunda, ¿sigues nervioso?

ED: Nunca sentí presión. Siempre pensé que tendríamos una buena oportunidad de tener éxito y estaba feliz y orgulloso con lo que creamos. Nunca pensé que tendríamos tanto éxito como tuvimos, pero no todo dependió de mí. Estuve acompañado de un gran elenco, un gran director, grandes escritores y Michael Bay, quien definitivamente ayudó. Pienso que todo eso, en conjunto, derivó en el producto final y en la posibilidad de hacer una segunda temporada.

ESQ: Tu familia estuvo en el ejército. ¿Qué implicó este papel para ti?

ED: Sí, de hecho mi papá estuvo en la marina. No sé si es un guiño para él, pero yo tengo un profundo respeto por las fuerzas armadas de Estados Unidos y específicamente por la marina del país. Así que significó mucho que pudiera retratar la vida de un comandante de un barco. Tuve que hacerlo con tanta precisión como fuera posible, porque estas personas han sacrificado mucho por su país, y no sólo en Estados Unidos, sino en cualquier nación. Y no sólo me refiero a los sacrificios físicos, sino a que tienen que pasar tiempo lejos de su familia, muchas horas lidiando con protocolos y demás. Quisimos honrarlos tanto como fuera posible y la mejor manera de hacerlo fue retratando sus vidas con tanta precisión como fuera posible.

ESQ: ¿Cómo fue la dinámica con el resto del crew, considerando que grabaron en un espacio tan pequeño como el de un destructor real?

ED: Fue difícil, porque corríamos el riesgo de que las dinámicas se sintieran forzadas. Grabar en un destructor fue un reto porque los espacios eran pequeños y constantemente tienes que lidiar con la geografía del barco y con el hecho de que en una escena participan varias personas de la producción. Pero todo el mundo tuvo una buena actitud y la dinámica fue buena.

ESQ: En el piloto de la serie nos damos cuenta de que tu personaje tiene una familia y no sabe si volverá a verla. Cuéntanos más de ese lado humano que veremos de tu personaje.

ED: Es algo que está ahí, pero a la vez no… Es decir, cada decisión que hago como líder y como capitán debe estar compartimentalizada, porque debo pensar en los intereses de la misión y el bien común de quienes estamos en el barco, pero al mismo tiempo tengo una familia a la que tengo que volver y no sé si está a salvo o no. En el piloto vemos que me mandan un mensaje donde me dicen que están en una cabaña con mi padre, y luego en los siguientes episodios habrá algunos recuerdos de lo que sucedió antes de que me fuera, pero no es algo que tendrá continuidad. Eventualmente sabrán si me reuniré con mi familia o no. Ya lo verán.

ESQ: Hablando de familia, la televisión es muy demandante. ¿Cómo mantienes un balance entre tu trabajo y tu vida personal?

ED: Es difícil, justo ahorita estoy en Montreal grabando una miniserie. Ahorita vino mi esposa a México para acompañarme, pero he estado fuera de casa durante un tiempo y el domingo tendré que volver a viajar durante un mes. Así que no podré estar con mis hijos, y eso es muy complicado. Es justo uno de los sacrificios que también hace la gente que está en el ejército. Yo también tengo que pasar mucho tiempo lejos para trabajar, e incluso cuando estoy en la ciudad en la que vivo, tengo que estar trabajando. Hay veces que me levanto y salgo antes de que se despierten y vuelvo cuando ellos ya están dormidos, así que es un reto.

ESQ: Seguro que después del éxito de Grey’s Anatomy tuviste muchas ofertas de trabajo. ¿Te concentraste en buscar papeles que fueran 100% distintos a McSteamy?

ED: Sí, estaba buscando algo diferente, pero creo que así sucede con cualquier actor. Siempre quieres retarte, usar distintos sombreros. Pero no quería agitar ninguna imagen. Estoy muy agradecido con Grey’s Anatomy y con el papel que interpreté ahí. Es lo que finalmente me permitió llegar hasta donde estoy el día de hoy. Así que el cambio sucederá con el tiempo, de manera orgánica.

ESQ: ¿Qué tan difícil es para ti que continuemos preguntándote por ese papel una y otra vez?

ED: ¿Sabes? Es difícil, porque trato de no dar la misma respuesta cada que me lo preguntan. Lo más fácil para mí sería responder lo mismo una y otra vez, pero pasé siete años de mi vida en esa serie y le di una porción significativa de mi vida. Eso fue muy bueno para mí, así que no quiero rechazar ninguna pregunta que alguno de ustedes pudiera tener al respecto dándoles la misma respuesta una y otra vez.

ESQ: Tienes mucha experiencia en series. ¿Cómo sientes que cambió la televisión desde tus inicios y hasta ahora?

ED: Cuando empecé a trabajar en Grey’s Anatomy, la tele no era como ahora. Dios, eso fue hace mucho tiempo. Ahora, gracias a la televisión de cable, tienes una gran variedad de programas y muchos de éstos tienen gran calidad. Definitivamente han cambiado las reglas del juego. Hoy hay mucho más que puedes hacer en cable, porque no tienes las restricciones y estándares del resto de la televisión. Y como resultado hay mucha más gente talentosa que trabaja en el medio.

ESQ: Pronto te veremos en cine en The Grey Lady. ¿Puedes hablar un poco de este proyecto?

ED: Sí, acabamos de terminar de filmar. Estuvimos en Nantucket y retratará a un detective de homicidios de Boston, cuyo trabajo es rastrear y perseguir a un asesino serial. Pierde a su novia en los primeros cinco minutos de la película y su vida se destroza, así que viaja a Nantucket para seguir una pista y tratar de reconstruir todo lo que perdió y recuperarse. Mientras está ahí, el asesino serial lo sigue hasta la isla, y se convierte en una persecución donde deja de quedar claro quién está persiguiendo a quién.

 

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Este Soy Yo: Nicola Peltz

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Originalmente publicado en Esquire no. 70 (PDF aquí)

ACTRIZ, 19 AÑOS, NUEVA YORK

> No me preocupó qué tan sexy me veía en Transformers: Age of Extinction. Michael Bay [el director de las cuatro películas de la saga] ha hecho comerciales de Victoria’s Secret y es brillante para retratar a mujeres hermosas, así que me entusiasmé mucho.

> Uno de mis hermanos se emocionó cuando obtuve el papel de Tessa en la película, pero otro se decepcionó mucho. Me dijo que eso implicaba que ya no vería a Megan Fox en pantalla. Le pedí disculpas.

> Hasta el momento no he tenido que lidiar con la fama. Nadie sabe quién soy. Hoy puedo caminar por la calle y a nadie le importa. Tampoco me preocupa que eso cambie. Lo que más me gusta es actuar, así que espero seguir haciéndolo y conseguir más papeles.

> Cuando Michael me llamó para decirme que había conseguido el papel, estaba en el coche con mi mamá. Me volví loca. Ella me preguntó qué me pasaba. Cuando le dije, me preguntó si no sería una broma y le respondí que no, que esperaba que no.

> Me emocionó mucho saber que Mark [Wahlberg] interpretaría a mi papá en Transformers. Es un actor muy talentoso. Trabajar con él es el sueño de cualquier actor joven. Sólo con verlo actuar —incluso sin estar en la misma escena que él— aprendes mucho de su trabajo.

> Mi papá es tan estricto como el personaje de Mark en Transformers. Además tengo seis hermanos, así que si un chico cruzara la puerta de mi casa sería muy intenso.

> Hacíamos muchas bromas en el set. Teníamos, por ejemplo, una que llamamos wild weave wednesdays [miércoles de tejido salvaje]. En la película aparezco con el cabello muy largo, por lo que Mark decía que mis extensiones parecían un tejido. Por eso le parecía muy gracioso arrancármelas y quedarse con mechones de pelo en la manos.

> Hubo una vez que tuvimos que grabar en la cima de un edificio al que sólo muy pocas personas podían subir. Por eso las chicas de peinado y maquillaje se quedaron abajo. En algún momento, Mark pensó que ya habíamos terminado de filmar y que sería gracioso jalarme el pelo. Y lo hizo. Se quedó con todo mi cabello postizo en las manos y, de pronto, Michael dijo: “Nos falta una escena con Nicola”. Empecé a decir: “Oh Dios, oh Dios, ¡no tengo pelo en la cabeza!”. Mark se estresó y empezó a ponerme todo el pelo otra vez, ¡pero se veía terrible! Parecía uno de esos tipos que tienen la parte superior de la cabeza calva y lo peor es que no me di cuenta, creí que me veía fabulosa, así que seguí haciendo la escena. Cuando volteé, Michael dijo: “Por Dios, ¿qué le pasó a tu cabello?”.

> Tengo cuatro hermanos mayores y dos más chicos que yo. Además tengo una hermana y dos pares de gemelos. Todos son hijos de los mismos padres y, si vieras a mi madre, no creerías que tuvo tantos hijos. Creo que me resultó muy fácil adaptarme al set de Transformers porque mi casa es muy caótica.

> Cuando era más joven tomé clases de actuación en un curso de verano y me encantó. Así supe que quería ser actriz, pero tenía 12 años y a esa edad no sabes lo que implica tomar esa decisión. Sólo sabía que me gustaba. Cuando obtuve mi primer trabajo en el Manhattan Theatre Club tuve que trabajar mucho. Así descubrí que en verdad era mi pasión, no una faceta que después desaparecería.

> Mi familia no quería que fuera actriz, pero después de que logré conseguir trabajo mi hermano quiso intentarlo. Es un actor grandioso y estará en la nueva película de Jason Reitman [Men, Women & Children]. Se llama William Peltz. Tienes que verlo.

> Mark y Michael son tan talentosos que es ridículo. Nos divertimos mucho durante la filmación de Transformers. Antes de que me integrara al proyecto, escuchaba expresiones como cgi [Computer-generated imagery, por sus siglas en inglés] y me parecía algo muy lejano, pero en el rodaje estuve rodeada de estas referencias constantemente.

> Michael es un genio. Su ojo para la filmación y la manera en la que consigue que los personajes cobren vida, es impresionante. Es loquísimo cómo logra que un grupo de robots se muevan. Le pone mucho corazón. Es grandioso para unir las piezas de un rodaje que involucra animación. Además, es muy específico al dirigir. Por ejemplo, si un robot debe arrodillarse, da las instrucciones necesarias para que eso suceda. Hay una persona que se encarga de eso: sostiene un palo, que a su vez tiene una especie de cartulina con la cara de Optimus Prime, Bumblebee, o cualquier robot. Entonces, como actor, primero te sientes como un completo idiota porque estás hablando con un palo, pero Michael te dice que te la tienes que creer. Y tiene razón. Si no lo haces bien, cuando se termina el proceso de edición el robot ya está ahí, y entonces sí puedes lucir como un imbécil.

> No me interesa un género específico en cine. Lo que me gusta es interpretar a gente que no soy yo y que haría cosas que yo no haría en la vida real.

Foto: cortesía de Paramount Pictures

 

El nuevo Mark Wahlberg

TRANSFORMERS: AGE OF EXTINCTION

Publicado en la revista Esquire no. 69 (PDF aquí)

Es uno de los actores y productores más exitosos de Hollywood, pero llegar a la cima le costó (y mucho). hablamos con él sobre ese camino cuesta arriba, su papel en Transformers: Age of Extinction y el giro que la paternidad le ha dado a su vida. 

            Una noche de 2011, Mark Wahlberg se deshizo del último de sus vicios. Horas antes, su esposa y su hija paseaban por Thousand Oaks —una ciudad de California— cuando la pequeña preguntó: “Mami, ¿a qué huele?”. Rhea Durham, el ángel de Victoria’s Secret con quien Wahlberg se casó en 2009, respondió que a mariguana. La niña agregó: “Ah, es que papá huele a eso todo el tiempo”. Cuando su mujer le platicó la anécdota, el actor no lo pensó dos veces: fue hasta el inodoro del baño de su casa y mandó toda su reserva de droga por el caño.

            El protagonista de Transformers: Age of Extinction acaba de cumplir 43 años. Tiene cuatro hijos —dos niñas y dos niños— y le cuesta recuperarse de una desvelada. Es la una de la tarde en Beverly Hills y Mark Wahlberg está desparramado en su silla. Se le cierran los ojos porque 24 horas antes estuvo en Las Vegas promocionando la cuarta película del director Michael Bay inspirada en los juguetes de Hasbro. Wahlberg interpreta a Cade Yeager, un padre soltero que vive en Texas con su hija adolescente (Nicola Peltz) y encuentra un viejo tráiler que resulta ser el robot Optimus Prime.

—En tu nuevo filme hay una escena donde le dices al personaje de Nicola que sus shorts son tan cortos que parecen encogerse cada minuto. En la vida real, ¿serás muy estricto con tus hijas cuando crezcan?

—Sí, mucho. Por desgracia hay un doble estándar y los chicos salen ganando más que las chicas. Lo sé porque soy hombre y fui un imbécil durante mucho tiempo. Sin embargo, tengo una hija que me enseñó a respetar a las mujeres como se debe. Ayer estuve en Las Vegas y la llevé conmigo. Como ella acababa de participar en una obra de teatro, me pareció que viajar juntos sería una buena manera de recompensarla, pero luego pensé: “Carajo, acabo de llevar a mi hija a Las Vegas”. Fue la primera vez que estuvo ahí y espero que sea la última.

—¿Sólo cambiaste por tu hija?

—También fue a consecuencia de que empecé a envejecer y a madurar, pero sí, el inicio de todo fue el nacimiento de mi hija. Tampoco fui un imbécil porque sí, sino porque alguien me lastimó cuando era joven. Después de eso decidí no volver a confiar en nadie y, por ende, nadie podía confiar en mí. Pero sí, ser padre te transforma en un hombre mejor. Si eso no pasa es porque algo anda muy mal contigo.

            Antes de convertirse en hombre de familia, Wahlberg no sólo fumaba mariguana y era un imbécil con las mujeres: también fue cantante de rap, le dedicó su autobiografía a su pene y pasó 45 días en la cárcel.

       El que ahora es un padre celoso tuvo una infancia complicada. Creció en Dorchester —un peligroso barrio de Boston— y las finanzas de su familia no eran buenas. Su padre conducía un tráiler y su madre era enfermera. Fue el más chico de nueve hermanos y dormía con cinco de ellos en una habitación. Cuando cumplió 11 años sus padres se divorciaron. Cuando cumplió 13 empezó a robar coches y a inhalar cocaína. Cuando cumplió 16 dejó la escuela y acabó en la cárcel por sacarle un ojo a un vietnamita en un pleito callejero. Wahlberg la pasó tan mal durante aquella etapa de su vida que en múltiples ocasiones ha dicho que lo cambió para siempre. Hace tres años, el periodista Anderson Cooper le preguntó a la madre de Mark qué tan difícil había sido criar a sus hijos. Alma Elaine respondió que en ese entonces no sabía lo que hacía y se soltó a llorar.

UN TRANSFORMER REAL

            Mark Wahlberg ha dedicado casi la mitad de su vida a transformarse en un hombre de respeto. Hoy pareciera que lo peor que podría pasarle es que la gente lo confunda con Matt Damon —o viceversa— y que sus hijas estén enamoradas de un integrante del grupo One Direction. Sin embargo, cuando comenzó su carrera, sus preocupaciones eran otras.

            El chico de Massachusetts incursionó en el espectáculo a través del canto. Se integró a New Kids on the Block, una famosísima boy band encabezada por su hermano Donnie, pero al poco tiempo desertó porque la música no le parecía lo suficientemente ruda. De su inconformidad nació una nueva banda: Marky Mark and the Funky Bunch, con la que Wahlberg fracasó en el canto pero triunfó en el striptease. Su primer disco —Music for the People (1991)— vendió un millón de copias, pero su abdomen de lavadero le valió un contrato con Calvin Klein. Y así —en calzones, con cara de “¿Qué me ves?” y con la cabeza recargada en el pecho desnudo de Kate Moss— el nuevo modelo tocó el cielo por primera vez. Obviamente, dejó la música.

            Wahlberg saltó de los anuncios espectaculares a las pantallas de cine sin alterar su imagen de tipo duro. En The Basketball Diaries (1995) formó parte de una pandilla de adolescentes adictos a la heroína. En Fear (1996) hizo de psicópata y golpeador de mujeres. En Boogie Nights (1997) interpretó a una estrella porno de los años setenta.

         El actor se hizo de aquella máscara de hombre implacable durante su adolescencia porque sentía que proyectar esa actitud le ayudaría a encajar en la sociedad. Incluso ha dicho que inhalar cocaína fue un modo de sanar su autoestima: él era el más joven y pequeño de su barrio y drogarse, robar coches y cometer crímenes era un modo de probar que no le tenía miedo a nada. Fue su manera de impresionar a quienes eran mayores que él.

            Wahlberg lo logró. Tenía veintitantos y nadie dudaba de su pinta de bastardo. Su nuevo reto fue probar que también era buen actor, que fruncir el ceño y quitarse la camisa no era lo único que sabía hacer. En Hollywood los grandes intérpretes no se miden con base en su estatura o complexión física, sino de acuerdo a su capacidad para camuflarse. Fue hasta el inicio de este milenio que Mark comprendió que quienes debían tomarlo en serio no eran los chicos de su barrio, sino el público y los directores de cine.

            Tim Burton fue el primer cineasta que apostó todo al potencial de transformación de Mark Wahlberg. En el año 2000 lanzó un remake de Planet of the Apes y le pagó diez millones de dólares por el protagónico. Burton dijo que le ofreció el papel porque vio en él una cualidad masculina que le remitía a otra época. Wahlberg tuvo que enfrentar un reto complicado: llenar los zapatos de Charlton Heston, quien en 1961 protagonizó la versión original del filme de ciencia ficción.

            Su segundo desafío llegó en 2002, cuando tuvo que interpretar el papel de uno de los actores más encantadores y cotizados del Hollywod de los años cincuenta. The Truth About Charlie fue un remake de Charade (1963), y Mark obtuvo el rol de Cary Grant, el galán que estelarizó la comedia con Audrey Hepburn. La cinta entró y salió de las salas de cine sin pena ni gloria, pero Wahlberg consiguió lo que quería: mostrar que había cambiado, que ya era un actor —un hombre— maduro, y que estaba listo para codearse con los grandes de la industria.

MR. WAHLBERG

            Mark Wahlberg tenía 17 años al salir de la cárcel. Dice que cuando volvió a ser libre, pensó: “Si pudiera tronar los dedos y tener 50 años, lo haría”. En ese momento le costaba creer que lograría envejecer. Un amigo suyo acababa de morir al estrellarse contra un árbol tras haber robado una patrulla. Otro acababa de apuñalar a su hermano mayor. Los más afortunados gozaban de libertad condicional.

            Wahlberg no ha llegado a los 50, pero está a siete años de conseguirlo y a la fecha puede presumir que ha sido productor de Entourage (2004) y Boardwalk Empire (2010) —dos de las series más exitosas de HBO—, nominado al Óscar como Mejor Actor de Reparto por su interpretación en The Departed —de Martin Scorsese, en 2006— y que cobró casi 20 millones de dólares por su protagónico en la nueva entrega de Transformers.

—Has luchado mucho para transformar tu vida personal. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para lograrlo como actor?

—Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que un papel requiera. Me gusta enfocarme en algo y convertirme en alguien más, aunque también disfruto llegar al final del rodaje y tener mi vida de vuelta. Pero sí hay que transformarse. Mi pérdida de peso más drástica, por ejemplo, fue para una película que acabo de hacer: The Gambler [se estrenará en 2015]. Para ese papel tuve que llegar a los 62 kilos. Creo que no pesaba eso desde que estaba en la secundaria. Eso implicó levantarme todos los días a la 1:15 de la mañana, hacer dos horas de ejercicio y una dieta líquida durante 30 días. El director de Transformers, Michael Bay, se preocupó cuando me vio: quería hacer videos promocionales y yo lucía fatal, así que empecé a comer y a entrenar. Ya recuperé 15 kilos.

—Cuando Bay te pidió involucrarte en la nueva película de Transformers era claro que la historia daría un giro total.

—No sabía lo que Michael tenía en mente. Hicimos una película en Miami y cuando regresamos a Los Ángeles me llamó para enseñarme la versión final. Fuimos a Paramount y cuando caminábamos hacia el estacionamiento me preguntó: “¿Quieres hacer otra película conmigo?”. Le dije que sí y me preguntó: “¿Quieres hacer Transformers?”. Y le dije: “Sí, si quieres”. Empezó a decirme de qué trataría la historia y comprendí que debía interpretar a un hombre maduro: al padre de una chica que en The Wolf of Wall Street [cinta en la que Leonardo DiCaprio es un mujeriego que sale con veinteañeras] hubiera sido mi novia.

            Mark Wahlberg dice todo esto con la seriedad de un cura en misa, pero quienes estamos a su alrededor soltamos una carcajada. Lleva veinte minutos hablando de su vida, y rara vez gesticula. Tras haber trabajado a su lado en Planet of the Apes, Tim Burton dijo que posee una simplicidad fascinante: puede decir poco, pero expresar mucho. Burton tiene razón. El actor sigue recostado en la silla como un muñeco de trapo. No parece el protagonista de una película de acción, sino un papá cansado. Responde a todas las preguntas con amabilidad, pero es fácil adivinar lo que está pensando: quiere que las entrevistas del día terminen para poder ir a casa con su familia.

PEQUEÑAS COSAS

            En 2009 Wahlberg protagonizó The Lovely Bones, de Peter Jackson, donde interpretó a un padre que debe lidiar con el asesinato de su hija de 14 años. Cuando concluyó el rodaje, Jackson aseguró que Mark era inteligente, ágil y que jamás sentía miedo ante un reto. Que tendría una carrera muy larga.

—Desde que empezaste a trabajar te hemos visto como modelo, actor y productor. ¿Qué has disfrutado más?

—Aprecio lo que tengo y las oportunidades que se me han dado. Protejo todo eso con mucho cariño, porque he trabajado muy duro para mantener mis negocios y crecer como actor, pero mientras continúe haciendo lo correcto con mi religión y trabajo diario para ser una mejor persona, creo que todo lo demás se acomodará. Y si las cosas no funcionan, también está bien. Espero envejecer un poco más y pasar tiempo con mis hijos para verlos hacer pequeñas cosas, como jugar basketball.

—Has lidiado con muchos obstáculos en tu vida. ¿Hoy qué consideras un reto?

—Tengo un reto todos los días: trato de hacer que mis hijos sigan en el buen camino y ser un ejemplo para ellos. Me aseguro de criarlos bien. Quiero ser exitoso como esposo y padre.

            Del rapero de Marky Mark and the Funky Bunch ya no queda nada. Si acaso, los bíceps bajo la t-shirt negra y el encanto que sigue atrayendo a las mujeres. Hace tiempo el director David O. Russell, con quien Wahlberg trabajó en The Fighter (2010), contó que hubo una noche en que ambos salieron a un bar acompañados de Spike Jonze, el genio detrás de Her (2013). Mark vestía un traje Armani —recordaba Russell— y cada vez que se levantaba por un trago, mujeres guapísimas intentaban tocarlo. Pero Mark ya había dejado de ser un imbécil con las mujeres, así que nada de eso le importaba. Para entonces ya se había casado con Rhea Durham y se había convertido en el tipo de esposo que todos los jueves le propone dejar a los niños en casa para invitarla a cenar.

            Hoy pareciera que Mark Wahlberg lo tiene todo, pero quien conozca su historia sabe que ha sufrido para conseguirlo. Hace un par de años decidió que era momento de deshacerse de sus tatuajes. El tratamiento duró más de tres años, y tuvo que someterse a una técnica que —según dijo— era como sentir tocino hirviendo sobre brazos, pecho, espalda y pies. Wahlberg aspiró el olor de su propia piel quemada durante más de 30 sesiones de tortura, y en algunas de éstas le pidió a sus hijos que lo acompañaran. Y así, como su reserva de mariguana, sus tatuajes se fueron por el caño.

            Mark Wahlberg no ha dejado de ser un tipo rudo. Sólo decidió pelear por cosas distintas.

Foto: cortesía Paramount Pictures