Coincidencia entre colombianos divididos: no más violencia

Originalmente publicado en The Associated Press, septiembre de 2019 (link aquí)

Por César García y María Teresa Hernández

BOGOTÁ (AP) — El penúltimo día de agosto, mientras la prensa del mundo daba seguimiento a la noticia de un posible rearme de la guerrilla más antigua de América Latina y los analistas se preguntaban qué había salido mal tras el acuerdo de paz firmado en 2016 entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, la sangre hervía en Colombia.

Aquel no era un viernes cualquiera. Cincuenta y dos años de conflicto armado interno dejaron heridas que aún no cicatrizan en la mente de muchos colombianos –262,000 muertos, 60,000 desaparecidos y millones de desplazados– y, tras una paz que hoy pareciera de cristal, había que hacerse a la idea de que la violencia volvía como una amenaza latente.

“¿Usted es el hijo de Juan Manuel Santos, el delincuente más delincuente de Colombia? ¿El hijo de perra que le entregó el país a la guerrilla?”. Las preguntas de una mujer enfurecida aparecieron en un video publicado en Twitter por Martín Santos, hijo del expresidente que hace tres años firmó la paz con Rodrigo Londoño alias “Timochenko”, entonces jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y actual líder del partido político formado por los rebeldes tras reintegrarse a la vida civil.

La ira y los insultos continúan durante un minuto y medio, tiempo que el hijo del exmandatario usa para ir del silencio incómodo a los comentarios irónicos y la defensa de su padre. El video, aparentemente grabado mientras Santos visitaba un negocio de comida en un centro comercial cuando la mujer lo abordó, ha sido visto por más de dos millones y medio de personas y cuenta con casi 20 mil comentarios que parecieran apoyar y destrozar a ambas partes por igual.

“Tuvo el valor de decir las cosas como son. Nuestro país fue traicionado y aún a si se enojan por que les griten la triste realidad”, escribió un usuario en apoyo a la mujer.

“No la conozco, pero expresó sin tapujos el sentir de la mayoría de lo Colombianos con el falso Nobel y su familia”, añadió otro.

“A palabras necias, oídos sordos!! Muchos seguidores de la derecha no tienen argumentos de altura para debatir y defender a su mesías, aman la guerra porque no la pelean ellos mismos”, respondió una joven en respaldo a Santos.

“La Paz no es un tratado, La Paz es un día a día que todos los colombianos debemos asimilar”, dijo uno más.

La polarización no es nueva, pero se reavivó tras el anuncio de rearme encabezado por el líder rebelde “Iván Márquez”, quien culpó al gobierno de no garantizar sus derechos políticos tras la firma del acuerdo.

En octubre de 2016, cuando la paz trató de afianzarse de manera definitiva, casi 13 millones de colombianos –de más de 34 millones habilitados– salieron a expresar su opinión en un plebiscito. El “no” ganó al “sí” por poco más de 250 mil votos y a pesar de ello se firmó un documento final –ajustado– en noviembre. El mismo mes, el Comité Noruego del Nobel convirtió a Juan Manuel Santos en el máximo laureado por la Paz y hoy está claro que para muchos colombianos el galardón fue inmerecido.

Según analistas, la paz de 2016 pudo influir en las elecciones que le dieron el poder a Iván Duque en 2018, pues durante su campaña se mostró cercano al expresidente Álvaro Uribe –férreo crítico del documento– y aseguró que ajustaría algunos puntos de éste.

Hoy no hay datos oficiales que precisen los avances en la implementación del acuerdo, pero varios coinciden en que queda camino por recorrer. El último informe de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI), publicado en 2019, presenta un panorama general sobre los avances en participación política y reincorporación de los guerrilleros, solución al problema de las drogas ilícitas y la creación de un sistema integral de reparación, pero no aclara cifras o porcentajes pendientes.

“El proceso de paz se mantiene. Ha tenido dificultades, que es normal en todos los proceso de paz, pero hay ahora un momento muy fuerte para darle mayor énfasis a la implementación para que sea más integral y asegurar que se logre todas las metas que se trazaron”, dijo a The Associated Press Monseñor Héctor Henao, miembro de la conferencia episcopal y presidente del Comité Nacional de Paz.

Las autoridades han insistido en que el anuncio de Márquez fue sobre todo un golpe mediático porque hay cifras de desmovilización que revelan que la mayoría de los exguerrilleros se han acogido al acuerdo. Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, dijo a la AP que las FARC operaban en 300 municipios del país y hoy sólo hay disidencias en 85. Agregó que de los 13 mil guerrilleros contabilizados hoy quedan menos de dos mil, aunque reconoce que Duque enfrenta un reto: el mandatario ha dicho que “la paz de Santos era una farsa” y si “no controla el tema de seguridad, puede quedar en la historia como el presidente que revivió a las FARC”.

Entre los colombianos el sentir oscila entre la asignación de culpas, la incertidumbre sobre el futuro del acuerdo, el potencial involucramiento de Venezuela en el apoyo a los exguerrilleros –argumento que Duque ha repetido– y el posible aumento de la violencia en el país.

En su video, Márquez reclamó el asesinato de líderes sociales y este miércoles la Organización de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Colombia lamentó las muertes recientes de cinco candidatos de cara a las próximas elecciones regionales. Paralelamente, el defensor del pueblo, Carlos Negret, dijo que se afrontan amenazas extremas en 78 municipios debido a la operación de grupos criminales.

Jaime Cifuentes, contratista de 48 años, dijo a la AP que el anuncio del rearme es desesperanzador. “Otra vez va a haber guerra, no como anteriormente ya que obviamente ellos no están tan fortalecidos como antes, pero sí va a volver la violencia”.

“Otra vez volver atrás, perder la confianza en los inversionistas, estancarse el país nuevamente… Sin ninguna duda vamos a volver a la violencia, ataques a la policía, al ejército y a toda la infraestructura económica”, convino Maritza Agudelo, asesora de bienes raíces de 43 años.

A una semana del anuncio de rearme, en Colombia vuelve a escucharse un enfático “no”, pero esta vez tiene que ver con un rechazo a volver a las armas. Una docena de entrevistados por AP –oficialistas de derecha, analistas, personas involucradas en la implementación del acuerdo y gente del común– coincide en el repudio al video de los disidentes de las FARC y –hayan apoyado o no la firma de la paz hace tres años– lamentan la polarización actual.

“Lo preocupante es que los colombianos están ahora muy divididos”, aseguró John Castaño, mensajero de 52 años.

“Es muy triste; los colombianos estamos divididos porque cada uno pensamos diferente… sólo pensamos en uno mismo y no pensamos como país. Ojala no vuelva la guerra interna a Colombia”, afirmó Aidé Ramos, ejecutiva de ventas de 45 años.

En la calle y el gobierno, la voz que más se escucha es colectiva. Eso incluye al mismo Duque, quien ha dicho que continuarán los esfuerzos por alcanzar la paz –una paz “legal”– y pide que el acuerdo a medio implementar continúe y se respete.

“El gobierno tiene que hacer seguir con el proceso con los que decidieron seguir y con los que se fueron en armas irse en armas con ellos y combatirlos. Esto no estanca el proceso. Los que se metieron ya se metieron y los que se fueron de nuevo armas es otra cosa”, dijo Iván Contreras, un arquitecto de 43 años.

Foto: Fernando Vergara

Este soy yo: Alberto Salcedo Ramos

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Originalmente publicado en Esquire no. 75 (PDF aquí)

PERIODISTA, 49 AÑOS, BARRANQUILLA, COLOMBIA

> Hay que generar memoria. No tengo autoridad para emitir juicios sobre la cobertura que los colegas mexicanos han dado al caso de Ayotzinapa, pero me parece que son periodistas valientes y que muchos de ellos han corrido riesgos con tal de hacer visible esta situación.

> Siempre he dicho que en Colombia hay mejores periodistas que medios, y esto es válido para toda América Latina. Siempre ha habido alguien que levante la voz para denunciar y ser capaz de contar algo que le genera asombro.

> Me sorprende visitar México y escuchar lo que me cuentan los periodistas, porque siento que no estoy descubriendo historias sino redescubriéndolas, que me están platicando algo que ya viví en mi país. La guerra del narcotráfico es una calca del conflicto que hubo y que sigue habiendo en Colombia.

> Hoy los narcos han aprendido a bajar el perfil, pero el problema continúa por una razón muy sencilla: mientras haya alguien que explaye las fosas nasales en demanda de droga, habrá alguien que la proveerá.

> Lo único que provoca una guerra represiva contra el narcotráfico es más narcotráfico, con el agravante de que además se produce barbarie y terror. Los países productores ponen la droga y la sangre, mientras que los países consumidores ponen las fosas nasales y el dinero.

> Ciertos fenómenos sociales necesitan perspectiva histórica. Cuando ésta no existe, simplemente se hace periodismo “en caliente”, de corto plazo, donde el periodista no contribuye a que la gente entienda lo que está pasando. No basta con informar: hay que ayudar a entender un problema. Ese es el tipo de periodismo que hay que hacer.

> Hay una frase de mi abuelo que me encanta y que uso como mandamiento de vida: “El que quiere besar, busca la boca”. Hay que hacer la gestión y comprometerse: si eres periodista y quieres contar historias, no puedes esperar a que un medio diga que quiere apoyarte. Si te pones a esperar eso, te vas a morir sin poder contar nada.

> El periodismo es un compromiso individual. He conocido a montones de colegas que me dicen que quieren contar algo, pero cuando les pregunto dónde está la historia me responden que no la tienen. Dicen que están esperando a alguien que les diga: “Aquí están las páginas, escribe”. Pero eso nunca va a pasar. Eso sería como ponerse debajo de un árbol con la boca abierta y esperar a que un mango se desplome. Eso sólo pasa en los cuentos de hadas.

> Siempre me han interesado las mismas historias: aquellas en las que se ven los conflictos del ser humano. La tragedia que golpea a mi comunidad y que también es mi tragedia. Además me gustan las historias relacionadas con la cultura popular, la comida, la música y la vida de un contador de cuentos callejero, un payaso o un mimo. Me interesan mucho los personajes que podría encontrarme en la tienda de mi barrio si fuera a comprarme un chicle. Me gusta el tipo de individuo que parece heroico por lo ignorado que es.

> Hay una definición de periodismo que me encanta, de Gilbert Chesterton: “El periodismo consiste en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Pienso que el trabajo de un periodista consiste en contarle a la gente quién es Lord Jones antes de que Lord Jones se muera.

> Hoy me gusta más releer que leer. Estoy en un momento en el que suelo deshacerme de libros en lugar de atesorarlos. Descubrí que los libros tienen vida propia y crecen de manera perniciosa. En este oficio viajo mucho, y al volver tengo una desazón, porque la maleta pesa más que el avión en el que voy a viajar. He comprendido con tristeza que no puedo leer todos los libros que la gente quisiera, y por eso tengo que escoger. Creo en la posibilidad de que un lector se encuentre con un libro espontáneamente, lo reconozca y lo haga parte de su vida.

> Busco un periodismo que cuente lo que ocurre, en el que todo sea verificable. [Gabriel] García Márquez decía: “Una gota de ficción contamina un océano de realidad”. Entonces, hay que evitar esa gota de ficción. En el periodismo narrativo estamos cerca de la ficción en la forma, no en el fondo, porque la realidad es la que nos provee los hechos que contamos. Por eso digo que una crónica es un cuento con datos reales.

> No hay nada peor que un perro viejo, porque se vuelve descarado, cínico y ya no se quiere levantar para ladrar y morder. Siempre les digo a mis amigos editores que me ayuden a no convertirme en ese perro viejo, que me tiren piedras y me espanten cuando vean en mí una actitud que les parezca similar.

> El cumplido más lindo que me han hecho fue de una persona que no había leído mi trabajo. Me lo dijo la hija de un gran amigo mío, periodista, que se llama Gustavo Arango. Cuando ella tenía 12 años su padre me invitó a comer a su casa. Mientras yo hablaba, la niña me escuchó. Entonces se acercó y me dijo: “Oye, Salcedo Ramos, ¿tú por qué eres tan divertido?”. Eso me encantó, porque la niña no necesitó leerme. Le dije a su papá: “Quiero creer ese piropo de tu hija. Quiero creerlo”.