Este soy yo: Alberto Salcedo Ramos

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Originalmente publicado en Esquire no. 75 (PDF aquí)

PERIODISTA, 49 AÑOS, BARRANQUILLA, COLOMBIA

> Hay que generar memoria. No tengo autoridad para emitir juicios sobre la cobertura que los colegas mexicanos han dado al caso de Ayotzinapa, pero me parece que son periodistas valientes y que muchos de ellos han corrido riesgos con tal de hacer visible esta situación.

> Siempre he dicho que en Colombia hay mejores periodistas que medios, y esto es válido para toda América Latina. Siempre ha habido alguien que levante la voz para denunciar y ser capaz de contar algo que le genera asombro.

> Me sorprende visitar México y escuchar lo que me cuentan los periodistas, porque siento que no estoy descubriendo historias sino redescubriéndolas, que me están platicando algo que ya viví en mi país. La guerra del narcotráfico es una calca del conflicto que hubo y que sigue habiendo en Colombia.

> Hoy los narcos han aprendido a bajar el perfil, pero el problema continúa por una razón muy sencilla: mientras haya alguien que explaye las fosas nasales en demanda de droga, habrá alguien que la proveerá.

> Lo único que provoca una guerra represiva contra el narcotráfico es más narcotráfico, con el agravante de que además se produce barbarie y terror. Los países productores ponen la droga y la sangre, mientras que los países consumidores ponen las fosas nasales y el dinero.

> Ciertos fenómenos sociales necesitan perspectiva histórica. Cuando ésta no existe, simplemente se hace periodismo “en caliente”, de corto plazo, donde el periodista no contribuye a que la gente entienda lo que está pasando. No basta con informar: hay que ayudar a entender un problema. Ese es el tipo de periodismo que hay que hacer.

> Hay una frase de mi abuelo que me encanta y que uso como mandamiento de vida: “El que quiere besar, busca la boca”. Hay que hacer la gestión y comprometerse: si eres periodista y quieres contar historias, no puedes esperar a que un medio diga que quiere apoyarte. Si te pones a esperar eso, te vas a morir sin poder contar nada.

> El periodismo es un compromiso individual. He conocido a montones de colegas que me dicen que quieren contar algo, pero cuando les pregunto dónde está la historia me responden que no la tienen. Dicen que están esperando a alguien que les diga: “Aquí están las páginas, escribe”. Pero eso nunca va a pasar. Eso sería como ponerse debajo de un árbol con la boca abierta y esperar a que un mango se desplome. Eso sólo pasa en los cuentos de hadas.

> Siempre me han interesado las mismas historias: aquellas en las que se ven los conflictos del ser humano. La tragedia que golpea a mi comunidad y que también es mi tragedia. Además me gustan las historias relacionadas con la cultura popular, la comida, la música y la vida de un contador de cuentos callejero, un payaso o un mimo. Me interesan mucho los personajes que podría encontrarme en la tienda de mi barrio si fuera a comprarme un chicle. Me gusta el tipo de individuo que parece heroico por lo ignorado que es.

> Hay una definición de periodismo que me encanta, de Gilbert Chesterton: “El periodismo consiste en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Pienso que el trabajo de un periodista consiste en contarle a la gente quién es Lord Jones antes de que Lord Jones se muera.

> Hoy me gusta más releer que leer. Estoy en un momento en el que suelo deshacerme de libros en lugar de atesorarlos. Descubrí que los libros tienen vida propia y crecen de manera perniciosa. En este oficio viajo mucho, y al volver tengo una desazón, porque la maleta pesa más que el avión en el que voy a viajar. He comprendido con tristeza que no puedo leer todos los libros que la gente quisiera, y por eso tengo que escoger. Creo en la posibilidad de que un lector se encuentre con un libro espontáneamente, lo reconozca y lo haga parte de su vida.

> Busco un periodismo que cuente lo que ocurre, en el que todo sea verificable. [Gabriel] García Márquez decía: “Una gota de ficción contamina un océano de realidad”. Entonces, hay que evitar esa gota de ficción. En el periodismo narrativo estamos cerca de la ficción en la forma, no en el fondo, porque la realidad es la que nos provee los hechos que contamos. Por eso digo que una crónica es un cuento con datos reales.

> No hay nada peor que un perro viejo, porque se vuelve descarado, cínico y ya no se quiere levantar para ladrar y morder. Siempre les digo a mis amigos editores que me ayuden a no convertirme en ese perro viejo, que me tiren piedras y me espanten cuando vean en mí una actitud que les parezca similar.

> El cumplido más lindo que me han hecho fue de una persona que no había leído mi trabajo. Me lo dijo la hija de un gran amigo mío, periodista, que se llama Gustavo Arango. Cuando ella tenía 12 años su padre me invitó a comer a su casa. Mientras yo hablaba, la niña me escuchó. Entonces se acercó y me dijo: “Oye, Salcedo Ramos, ¿tú por qué eres tan divertido?”. Eso me encantó, porque la niña no necesitó leerme. Le dije a su papá: “Quiero creer ese piropo de tu hija. Quiero creerlo”.

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