Música para la vida

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Originalmente publicado en Pro Ópera enero-febrero 2017 (link aquí)

         Entre los manantiales, arroyos y árboles de follaje antiquísimo de San Luis Potosí hay pueblos en los que el sonido de una orquesta sinfónica nunca ha rasgado el silencio. Ni un violín. Ni un arpa. Ni un fagot. “Música Para la Vida” lleva la música clásica a donde nunca ha existido. Un chico de cabello castaño toca la trompeta sobre un tronco viejo rodeado por becerros color chocolate. Otro sostiene el arco de su cello rodeado de montañas sobre unas vías de tren. A muchas de las poblaciones potosinas a las que se cuela “Música Para la Vida” no llegan las carreteras, ni los comercios, ni los videojuegos, pero sí llega la música y cada año hay cien, doscientos o trescientos chicos dispuestos a enamorarse de ella.

         Este programa social se implementó en México en 2013, pero sigue los pasos de su homólogo en Venezuela, “El Sistema”, que fomenta las orquestas juveniles. De este modo, traslada profesores, instrumentos y clases a zonas de bajos recursos para invitar a niños y jóvenes a descubrir e impulsar su talento. “Música Para la Vida” recibe estudiantes de 8 a 16 años y nutre sus presupuestos de aportaciones gubernamentales y de iniciativa privada, lo que permite su funcionamiento de manera ininterrumpida.

         El ingeniero Xavier Torres Arpi —fundador de Pro Ópera AC hace 30 años, Secretario de Cultura de San Luis Potosí en la pasada administración e iniciador del coro Pro Música y orquestas juveniles en México— está detrás de éste, su más reciente proyecto, y hablamos con él al respecto.

Fuiste fundador de Pro Ópera, ¿la revista y “Música Para la Vida” comparten el reto de lograr difusión cultural en México?

No es muy parecido, porque aunque la adoro, la ópera es para minorías. En cambio “Música Para la Vida” es todo lo contrario. Nuestro trabajo es social y nuestro objetivo es sacar a un montón de jóvenes de la calle. Vamos a lugares muy vulnerables. Ahí los reclutamos y los llevamos a estudiar música cuatro horas diarias toda la semana. Entonces, cambiamos la vida de los muchachos, de su familia y del medio donde nos desarrollamos.

¿Cómo eligen las zonas de San Luis Potosí a las que llegarán?

Primero, tenemos que ver que haya necesidad. Segundo, buscamos la manera de que [el programa] se mantenga solo, porque si vamos a un lugar en el que no vamos a poder reunir dinero o un profesor de música no podría irse a vivir, estaría muy difícil. Nuestro primer problema es el dinero y encontrar profesores calificados. Buscamos músicos profesionales, pero muy pocos quieren irse a vivir a la Huasteca. Les pagamos, por supuesto, pero no es una cantidad que los haga cambiar de domicilio. Sin embargo, estamos haciendo un esfuerzo por invitar a [músicos] retirados de otros países, que tienen una pensión, y les podríamos pagar lo que a los mexicanos para que puedan hacer una función social aquí. Por parte de la embajada alemana hemos traído maestros que se fueron muy contentos.

¿Cuánto tiempo dura la estancia de un profesor?

Por lo menos un año, y debe ser especialista de algo de orquesta: director, coros o algún instrumento. Empleamos a 12 profesores cuatro horas diarias. Eso implica 48 horas diarias que debemos pagar cinco días por semana. En muchos de los lugares a los que vamos no hay ni un músico calificado, así que tenemos que llevarlos. Tenemos algunos del Estado de México, de Tamaulipas, de otros estados y algunos ya se mudaron. Es algo muy especial: un pueblo que no ha tenido músicos más que folclóricos de pronto puede tener 12 músicos profesionales viviendo ahí. Eso cambia mucho las cosas.

¿Cómo es la recepción y el entusiasmo de la gente en un contexto así, donde como dices, a veces sólo hay música folclórica?

Cuando entran los niños y se inscriben —en este momento estamos haciendo una inscripción en un área periférica de San Luis Potosí y llevamos 120 inscritos, aunque queremos que sean al menos 200— saben que van a estudiar cuatro horas diarias. Admitimos a todo el que vaya y no se cobra. Algunos quieren seguir, otros no, y luego entran unos nuevos. Cuando empiezan a escucharse, se enamoran de lo que están haciendo. No hacemos sólo música clásica, pero siempre está en el repertorio y los muchachos se van haciendo fanáticos de lo clásico: es el tipo de música que mientras más conoces, más aprecias.

¿Los alumnos toman clase en grupos distintos?

Por eso tenemos 12 profesores. Los grupos se dividen. Tenemos dos profesores de violín y cada uno toma diez o 15 alumnos. Una orquesta sinfónica tradicional suele tener dos fagotes, pero nosotros tenemos cuatro. En algunas orquestas sólo tenemos uno y ese profesor entonces tomará sólo un alumno. Son cosas que resolvemos conforme salen los problemas. Lo importante es que todos toquen en conjunto, sin que uno quiera sobresalir. Eso es una orquesta.

¿Con qué frecuencia hacen presentaciones?

Oficialmente, una orquesta nueva no hace ninguna sino hasta tres meses después de recibir los instrumentos. Esto quiere decir que son seis meses después de haber entrado a la escuela, porque los primeros tres estudian cómo manejar y cuidar el instrumento y cómo leer música. Luego se los damos y a los tres meses hacemos una presentación sólo para ellos y sus papás. Medio año después invitamos a la comunidad, que normalmente nunca había escuchado una orquesta sinfónica, así que opinan que tocan muy bien. Al año de trabajar ya suenan más o menos afinados. Nosotros usamos algo que se llama Educación Grupal, donde aparte del maestro están los demás alumnos, que también ayudan a pesar de la diferencia de edad.

Cuando hacen esas presentaciones, ¿están los 200 alumnos juntos?

Normalmente la orquesta es de 120 músicos y 80 en el coro. Una de las normas es que los 200 deben de cantar. Incluso el que toca violín debe de poder cantar su melodía. La mayor parte del tiempo se pasan haciendo coros. Algunos encuentran que es su mejor medio. A otros les gusta más un instrumento. Pueden cambiar. Eso lo van decidiendo los profesores con los alumnos. En el coro tenemos problema de cambio de voces. Son voces blancas. Muy pocos tienen voces formadas porque a los 18 los muchachos salen del sistema.

¿Cómo obtienen los instrumentos?

De lo que conseguimos de dinero. Tenemos un apoyo del gobierno que nos ayudó a empezar y ha ido creciendo con apoyos internacionales y de iniciativa privada. Antes era 90% gobierno y ahora es 60%. Desde el principio se pensó que fuera mixto. Eso es lo que nos hace únicos. Es una combinación tanto en financiamiento como en operación. Queremos trascender, no que dure seis años. No somos partidistas, y menos sexenales.

¿Qué edad tienen los estudiantes?

Entre ocho y 16 años. No recibimos de 17 y 18, porque a esa edad tienen que salir. Los aceptamos de 16 para que estén cuando menos dos años. Los profesores deben quedarse al menos un año, pero si quieren pueden seguir. En un pueblo a 40 kms de San Luis están los mismos que empezaron. A veces son los más entusiasmados.

¿Cuántos estudiantes abandonan y a qué lo atribuyen?

Como 25%. Puede ser que no les gustó o que sus papás no los pueden llevar. Buscamos lugares a donde los muchachos lleguen caminando. Algunos tienen bicicleta, pero son lugares pobres o peligrosos.

¿El objetivo a largo plazo es que los chicos hagan una carrera en música?

No tenemos objetivos musicales, más que no desperdiciar el talento. Sin embargo, tenemos algunos casos en los que los muchachos llegan a los 18 años y buscan una escuela de música. Hay un chico que es un talento tocando el contrabajo y se va a la universidad de Veracruz. Otros se quedan aquí en San Luis. Otros se van a Tamaulipas. Otros a Guanajuato. No hay muchos. Por cada orquesta salen como seis o siete que quieren ser músicos. Todos salen con una cabeza más sana y organizada. Son buenos estudiantes en la escuela porque la música da habilidad mental.

¿Nos has pensado llevar “Música Para la Vida” a otros estados del país?

No, porque Fundación Azteca está en toda la República. Aquí en San Luis no han crecido porque han visto que hemos avanzado mucho, pero la fundación tiene 56 orquestas en todo México y hacen un trabajo encomiable. Nosotros tenemos un poco de diferencia porque no dependemos de una sola fundación, sino de miles de pequeños ahorradores.

Cuéntame de algún caso especial, de un estudiante que recuerdes.

Nosotros invitamos a todo mundo y un día apareció la viuda de Pablo Latapí, que fue la gran autoridad de educación en México en los años 70 y 80. Él tocaba violín. Cuando su esposa supo del programa, quiso regalarnos los violines de Pablo Latapí. Vino personalmente y vio a un muchacho al que le regaló uno de éstos. Nosotros no sabíamos, pero los profesores lo vieron y dijeron que era mejor que los que ellos tenían en la sinfónica. Ella insistió en dárselo a ese muchacho. Se llama Josué y hoy él es el concertino de la  orquesta. Tiene 14 años y lleva tres tocando. Ella dice que si él decide hacerse músico, ella le va a pagar la carrera. Es sólo un caso, pero en Fomento Musical de Conaculta han invitado a los mejores músicos del estado para que vayan a la orquesta nacional. A la sinfónica de San Luis, que es una de las mejores de la República, el director la ayuda mucho. Varios de nuestros muchachos han tocado piezas adecuadas. Los chicos se sientan con músicos profesionales y hacen un papel interesante, razonable. Carlos Miguel Prieto, director de la sinfónica nacional, dijo que cuando ya tuviéramos el nivel suficiente para que fuera un grupo, podríamos trabajar juntos. Estamos pendientes.

 

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