Sutura

Desperté y me dolía la boca.
Con los dedos palpé costuras
sobre los labios.
Hebras sueltas,
despeinadas
y una placa de sangre seca.

En un surco,
entre dientes y mucosa rota,
se filtró mi lengua.
Cada punto,
cada roce,
senda hirviente del zurcido.

Como presa baleada
en un bosque negro
empecé a correr.
Arrastré mi carne encendida
hasta el fondo de un desván.

Encogida,
en cuclillas,
mis manos abiertas
sobre la cara
tejieron la máscara
para que olvide
que ya no podré gritar cuando te extrañe.

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