A los pies de Emilia Clarke

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Originalmente publicado en Esquire no. 82 (PDF aquí)

Hace cinco años dejó Inglaterra para conquistar los siete reinos de Game of Thrones. Hoy deja sus dragones y su melena rubia para interpretar a una de las mujeres más emblemáticas del cine: Emilia Clarke es Sarah Connor en Terminator Genisys.

     Ella está en su habitación, a puerta cerrada, pero desde el pasillo se escucha su risa, que crece y estalla en una carcajada ronca que atraviesa las paredes del hotel. La puerta se abre y frente al ventanal no hay una Khaleesi acariciando a sus dragones. Sobre la alfombra ceniza, unas zapatillas blancas sostienen a Emilia Clarke, que viste una falda corta con estampado de flores verdes y un suéter claro que lleva arremangado por debajo de los codos. Aún ríe. Cuando me ve entrar, se lleva las manos a la cintura y grita un saludo eufórico. Más que una amazona feroz, parece una muñeca de pastel.

    Siempre sonríe, y esa sonrisa suya derrite como un caramelo en una tarde helada. Nada en su expresión de niña traviesa revela que esta británica de 28 años se atrevería a mordisquear el corazón ensangrentado de un caballo, como el personaje que interpreta en Game of Thrones. En la serie de HBO, en la que actúa desde 2011, Daenerys Targaryen inicia su viaje heroico como una huérfana asustadiza; cinco años después es una mujer vengativa y voraz que ordena degollar a sus enemigos y tiene a su servicio a bestias que escupen fuego.

     Daenerys Targaryen es implacable. Peinada con trenzas podría intimidar a mafiosos como Walter White y Tony Soprano. Emilia Clarke siempre tiene las mejillas rosadas y la mirada de quien está a punto de decir: “Ven, te invito a cocinar bombones en una fogata”. Suele referirse a su personaje como “Dany” y en 2010, cuando audicionó para obtener el papel, no hizo alarde de su furia: aquel día estaba tan nerviosa que cuando uno de los productores le pidió que bailara, ella comenzó a aletear como un pollo.

      Enloquecer a más de siete millones de personas durante 10 domingos al año tiene un precio: Emilia Clarke despierta pasiones e insensateces. Algunos fanáticos le gritan “¡Khaleesi!” a media calle. Muchos no conocen su nombre, pero le piden: “Madre de los dragones, hoy es mi cumpleaños, ¿podrías cantarme ‘Happy Birthday’?”. La prensa le pregunta si ya se acostumbró a la peluca platinada que usa cuando interpreta a “Dany”, si siempre ha tenido esas cejas tan definidas y si su padre la regañó cuando apareció desnuda en Game of Thrones. Emilia responde a todo como si le estuvieran preguntando cuál es su postre favorito. Siempre sonríe. Siempre derrite a quien la mira.

      Emilia Clarke no es una estrella. No es Hollywood. No es glamour. No se baña en maquillaje para convivir con sus fans en eventos como Comic-Con ni para conversar con la prensa. Su melena castaña cae en ondas suaves bajo los hombros. Parece que a sus manos pequeñas y enrojecidas nunca les han hecho manicure. Tampoco es extremadamente delgada, no vive a dieta ni presume las horas que pasa en el gimnasio. Es carne y hueso y una sonrisa que te hace sentir gracioso, inteligente y buen conversador.

      Emilia ríe cuando recuerda sus torpezas. Nació en Londres y desde finales de los años 80 le dijo a su padre —un diseñador de sonido que trabaja en el teatro— que quería ser actriz. Cuando cumplió 11 años fueron juntos a una audición para una obra de West End y se formaron detrás de otras 80 niñas que también deseaban el papel. Una vez en el escenario, el director le pidió a Emilia que interpretara un tema del musical británico por excelencia: Cats. Ella, como en su audición de Game of Thrones, entró en pánico. En vez de “Memory” empezó a cantar un tema que aprendió en la escuela (que se llamaba“Donkey Riding”), pero su iniciativa fue rechazada. Al darle una segunda oportunidad —“muéstranos algo más contemporáneo”—, Emilia recordó la letra de “Be My Lover”, de las Spice Girls, y comenzó a bailar “Macarena”. A su alrededor, sus competidoras reían. Desde las butacas, su padre se cubría la cara con las manos.

       La madre de los dragones dice que aún hay mañanas en las que despierta y debe pellizcarse un brazo: el prestigio que le ha dado Game of Thrones es lo que siempre había soñado, pero sigue sin creer que sea real. Cuando audicionó para la serie, poco después de graduarse de la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de Londres, viajó a Los Ángeles y antes de volver a casa se robó todas las bolsas de té del restaurante del hotel. Estaba segura de que no obtendría el papel ni volvería a hospedarse en un lugar como aquel. Pero lo consiguió, y ahora hay mujeres que se disfrazan como ella, revistas que quieren fotografiarla para sus portadas y directores que le piden protagonizar sus obras de teatro en Broadway.

     En 2013, Emilia se mudó a Nueva York para protagonizar una adaptación de Breakfast at Tiffany’s, la novela de Truman Capote, y poco después uno de los grandes estudios de Hollywood le ofreció revivir a Sarah Connor en Terminator Genisys, un personaje tan fuerte y emblemático como la gobernante que interpreta en Game of Thrones.

      En el cine y la televisión Emilia Clarke podrá gritar, empuñar armas y lanzarse a la guerra, pero cuando no actúa es lo que ha sido siempre: esta tarde, en su mirada verde aún está la ex bartender torpe que confiesa que sólo sabía preparar amaretto sour, la cinéfila obsesionada con Audrey Hepburn y la británica de 28 años que estalla en carcajadas que atraviesan paredes cuando confiesa que algún día cumplirá el sueño de llegar a una fiesta disfrazada de tortuga ninja.

ESQUIRE: ¿Qué se siente ser la nueva Sarah Connor?
EMILIA CLARKE: Siento mucha presión [ríe]. Fue difícil seguir los pasos de Linda Hamilton, porque ella creó uno de los personajes femeninos más emblemáticos del cine. Me cuestioné mucho sobre el proyecto, pero nunca se me ocurrió abandonarlo. El guión de la película es simplemente genial. Como plantea un contexto diferente, me dio la posibilidad de trabajar en Sarah desde cero, y para mí fue maravilloso expresar mi propia visión e inventar una nueva esencia para ese personaje que creó James Cameron.

ESQ: No imagino cómo fue interpretar ese papel, ¡y menos con Arnold Schwarzenegger como tu coestrella!
EC: ¡Es un icono! Cuando vas a trabajar con alguien así te imaginas que tendrá un ego inmenso, pero lo increíble de Arnold es que para nada es así. Aprendí mucho del modo en el que se conduce en el set, de cómo se maneja en una producción y de cómo se relaciona con otras personas.

ESQ: ¿Cuál fue tu mejor momento con él?
EC: Tuvimos grandes momentos. Hubo mucho humor como el que encontrarías en una relación padre e hija. Incluso cuando descansábamos de la filmación, entre una escena y otra, bromeábamos con eso.

ESQ: Ni siquiera habías nacido cuando se estrenó la primera película en 1984. ¿Cómo ha sido tu experiencia con la franquicia?
EC: Mi hermano estaba obsesionado con ella, así que me obligó a verla desde que era muy pequeña y me gustó mucho. ¿Sabes qué es curioso? Recuerdo que cuando estaba preparando mi personaje para Game of Thrones dediqué tiempo a ver el trabajo de mujeres que fueran muy poderosas en la pantalla para tratar de encontrar la esencia de lo que eso significaba, y Terminator fue una de las películas que vi. Por eso, tener la oportunidad de interpretar ahora a Sarah ha sido increíble.

ESQ: ¿Qué iconos femeninos te influyeron cuando eras pequeña?
EC: Estaba muy obsesionada con Audrey Hepburn [ríe], especialmente con My Fair Lady (1964), que protagonizó con Rex Harrison. También me gustaba Lucille Ball, de
I Love Lucy (1951). Era una de mis ídolos.

ESQ: Todos tenemos un episodio favorito de I Love Lucy. ¿Cuál es el tuyo?
EC: Ay, Dios, hay muchísimos. Cuando no podía dormir veía el programa sin falta por las noches. Ah, espera, ¡ya recuerdo uno! Hay uno increíble cuando ella hace
vino [ríe].

ESQ: ¿El de las uvas?
EC: ¡Exacto! ¡El de las uvas! [ríe] Ese era buenísimo, y luego hay otro donde creo que ella y Rick se quedan atrapados en México y no pueden regresar, así que ella se tiene que esconder.

ESQ: Leí que antes de protagonizar Game of Thrones tuviste muchos trabajos, y que uno de ellos fue en telemarketing. ¿Es cierto?
EC: Sí, en un call center. Trabajaba en una organización de beneficencia, así que mi trabajo era hablar de eso con la gente: “Hola, sé que seguramente ya contribuyes con nuestra beneficencia, pero necesito que me des más dinero” [ríe]. ¿Te imaginas lo complicado que era? ¡Además era terrible para eso! Malísima. Me olvidaba de lo que tenía que hacer y empezaba a preguntarle a la gente cómo se sentía, si estaba triste por algo. “Háblame de ti.” Y entonces mis jefes me regañaban y me decían: “¡Deja de hacer eso! ¡Tu trabajo es vender!”. Y les respondía que no podía, que estaba teniendo una conversación agradable [ríe].

ESQ: ¿Y la gente era amable contigo?
EC: ¡Sí, mucho! Es extraño, pero nunca tuve la mala suerte de hablar con alguien que fuera grosero. Lo que sucede es que mi trabajo era seguir en contacto con gente que ya había donado a esa organización, es decir, que estaba involucrada y de algún modo le afectaba emocionalmente. Así que supongo que se ponían tristes.

ESQ: ¿Entonces todos querían hablar contigo por teléfono?
EC: Sí.

ESQ: ¿Y aguantaban mucho tiempo en el teléfono?
EC: Pues sí… es que les hacía muchas preguntas [ríe]. Era terrible.

ESQ: ¿Cuál fue el peor regaño de tu jefe mientras tuviste ese trabajo?
EC: Me despidió [ríe]. ¡Fue terrible!

ESQ: ¿Alguna vez te despidieron de otro trabajo?
EC: No, pero creo que fue porque me las arreglé para irme antes de que volviera a sucederme [ríe].

ESQ: ¿Todavía te pones nerviosa cuando pides trabajo?
EC: ¡Definitivamente! Siempre que te presentas en una audición estás ante un trabajo que deseas y no tienes asegurado. Si no estás nerviosa quiere decir que no lo quieres de verdad.

ESQ: ¿Cómo fue la audición para interpretar a Sarah en esta película?
EC: Fue grandiosa, pero me dejaron esperando un rato, eh. Durante un par de semanas sentía que me faltaba el aire y pensaba: “Ahhhhh, Dios, ¿lo conseguí o no?”. Estaba un poco asustada.

ESQ: ¿Qué te pidieron hacer?
EC: Tuve que interpretar dos escenas de la película. Fueron dos audiciones distintas. En una de ellas tuve que reunirme con el director y los productores. Pero eso es normal cuando se trata de una película tan grande como ésta, porque todo el mundo tiene que estar convencido de que el protagonista es el indicado para el papel.

ESQ: Tomando en cuenta a Sarah Connor, sería la segunda vez que interpretas a mujeres jóvenes que deben lidiar con situaciones muy complejas. ¿Te identificas con ellas?
EC: Creo que todos los seres humanos hemos tenido que lidiar con algo difícil, sin importar qué. Entonces, enfrentarme con ese sentimiento es lo que trato de transmitir mediante mis personajes, aunque obviamente sea a una escala de intensidad mucho mayor.

ESQ: ¿Me puedes hablar de alguna vez que te hayas sentido así?
EC: Sí, cuando estaba en la escuela era muy insegura. No era una de las chicas populares, ¿sabes? Así que tuve que aprender a sobrellevarlo. Era una persona muy vulnerable, y cuando eres niño puede ser algo muy, muy difícil. Así que traté de concentrarme lo más posible en mi trabajo y de pronto, resultó que era buena para ello, así que entré a clases de arte dramático y seguí trabajando en ello.

ESQ: La escuela de arte dramático donde estudiaste era difícil, ¿verdad?
EC: Sí, se llama Drama Centre, pero todo el mundo la llama Trauma Centre [ríe] porque el entrenamiento que nos daban era brutal.

ESQ: ¿Y aún tienes algún trauma de Trauma Centre?
EC: ¿Traumas de Trauma Centre? [ríe] Claro, en general, nos destruían. Y nos destruían en serio. Sin embargo, siempre le he tenido mucho respeto a la actuación y creo que eso me ha mantenido con los pies en la tierra a lo largo de mi carrera. Me parece que es una fortuna. Creo que no hubo nada que me volviera loca. Eran muy duros con sus críticas, pero nada que me dejara una huella para siempre.

ESQ: ¿Ha cambiado lo que sientes por tu carrera ahora que trabajas en proyectos inmensos de cine y tv?
EC: Lo que sucede es que ahora puedo hacerlo con mucha más frecuencia. Lo más frustrante de estar desempleado es no poder actuar. Olvídate del dinero: lo verdaderamente terrible es no poder trabajar en eso que amas y para lo que te preparaste. Así que lo que más aprecio de mi trabajo es eso: que puedo trabajar en lo que amo, que puedo salir de casa para dedicarme a ello.

ESQ: Sales a la calle y la gente te llama Khaleesi pero ahora te dirán Sarah…
EC: ¡Es cierto! Y yo tendré que seguir contestando: ¡Mi nombre es Emilia! [ríe].

ESQ: ¿Ya te acostumbraste?
EC: No, depende de la intensidad. Vivo en Londres y físicamente no me parezco a Daenerys, así que puedo moverme por la ciudad con relativa facilidad, pero sí me pasa con alguna frecuencia y normalmente me sorprendo tanto como ellos [ríe].

ESQ: ¿Te sorprendes?
EC: Pues es que normalmente no están esperando toparse conmigo, así que cuando lo hacen empiezan a gritar: “¡Ay por Dios, eres esa chica del programa de televisión!”. Y yo grito: “¡Ay por Dios, y tú estás en la tienda en la que compro verdura!” [ríe].

ESQ: Ok, eso en Londres. ¿Y cuando viviste en Nueva York?
EC: Uf, sí, eso fue más fuerte, en Nueva York la gente tiene más confianza.

ESQ: ¿Para la filmación de Terminator Genisys tuviste que mudarte a San Francisco?
EC: No, estuvimos en Nueva Orleans.

ESQ: ¿Y qué tal?
EC: ¡Muy caluroso! [ríe] Había mucha humedad. Es un lugar lindísimo, donde hay música espectacular. Pero teníamos que trabajar mucho, así que desafortunadamente no tuvimos mucho tiempo para salir y relajarnos.

ESQ: ¿Y cómo te trataron los fans ahí?
EC: Me pasó algo muy chistoso. Un día estaba corriendo en una escena y sudaba de una manera que no podrías creer. Entonces, entre el calor, el sudor y el cansancio me estaba costando muchísimo trabajo filmar. De pronto apareció una chica que me quería tocar el hombro y me gritaba: “¡Ay por Dios, eres tú!”, y yo no podía ni responderle porque me estaba asfixiando [ríe]. Me faltaba el aire, así que lo único que pensaba era: “Sólo dame un segundo, llevo 10 minutos muriendo y tratando de terminar esta escena”. Al final me tomó una foto, pero estoy segura de que fue la peor selfie de la historia de la humanidad [ríe]. Sé que yo estaba goteando sudor, así que estuve a punto de gritarle que por favor esperara hasta que me bajara de donde estaba para verme presentable.

ESQ: Cuando te vemos en el cine y en la tele siempre estás salvando al mundo o algo así. ¿Qué haces cuando estás sola en tu casa?
EC: Como trabajo mucho es muy difícil que me tome unas vacaciones, así que cuando tengo tiempo libre mis tres prioridades son: familia, amigos y comida.

ESQ: ¿Qué tipo de comida?
EC: ¡Toda! Soy fanática de la comida y mi papá es un gran cocinero, así que me gustan las cosas curiosas. No soy el tipo de chica que pide una pizza y papas a la francesa, sino un plato de roast beef, una ensalada con muchos ingredientes o un pan artesanal recién horneado. Lo que me encanta es que sea algo elaborado. Además me gusta mucho cocinar, ir al mercado a escoger los ingredientes frescos.

ESQ: ¿Qué cocinas?
EC: Me gustan muchas cosas. Me gustan los platillos del mar y también hornear.

ESQ: ¿Te das tiempo para cocinar cuando invitas gente a casa?
EC: Cocino mucho para mí, pero también para mis amigos. Para mi familia no, porque cuando se organizan eventos familiares mi papá es el que se hace cargo de todo.

ESQ: ¿Él sigue trabajando en el teatro?
EC: Así es.

ESQ: ¿Su trabajo te influyó para que te convirtieras en actriz?
EC: Mmm, creo que siempre quise ser actriz. Me han dicho que tenía dos o tres años cuando lo dije por primera vez. Y creo que cuando tienes esa edad parece algo muy dulce: “Quiero actuar”, y entonces todos te miran con ternura. Cuando cumplí 18 y entré a la escuela de arte dramático, me tomaron más en serio. También me di cuenta de que tendría que trabajar mucho y que quizá sería muy difícil que consiguiera un empleo. Y pronto entendería lo difícil que es eso. Curiosamente, el proceso de comprender que ya no era una niña también fue a los 18, cuando vi que además de estudiar, tendría que trabajar mucho para conseguir una carrera como actriz. Pero bueno, sobre lo que mencionabas, definitivamente sí: ir con mi papá al teatro, estar con él tras bambalinas y ver de cerca su trabajo sí fue una influencia para mí.

ESQ: ¿Tienes hermanos?
EC: Uno mayor.

ESQ: ¿Él también está involucrado en el medio?
EC: Él no es actor, pero está estudiando para convertirse en director de fotografía de cine.

ESQ: Wow.
EC: ¡Ya sé! Siempre ha tenido un ojo genial para la fotografía así que ahora de verdad está aprovechando sus habilidades con la cámara.

ESQ: Tú ya tienes el trabajo de tus sueños, pero ¿hay algún personaje específico que te gustaría interpretar en el cine o la televisión?
EC: Sí, hay muchos. Tengo muchas ganas de doblar la voz de algún personaje animado de Pixar. Mmm, ¿qué más? Ah, sí, ser una Chica Bond, ¡obviamente! [ríe]. Y también me gustaría trabajar con [Martin] Scorsese en alguna de sus bellísimas e intensísimas películas. Ah, y también con Shane Meadows. Es un cineasta británico increíble con el que me encantaría trabajar en algo. ¡Así que hay muchos!

ESQ: Terminator Genisys vuelve a contar la historia desde cero. Si pudieras elegir un reboot para protagonizar, ¿cuál sería?
EC: ¡The Apartment! Me encantaría tener el papel que en la versión original fue de Shirley MacLaine. ¡Y claro, My Fair Lady! ¡Me fascinaría! [ríe]

ESQ: ¿Ves películas y series cuando tienes tiempo libre?
EC: Sí, muchas.

ESQ: ¿Qué ves?
EC: ¡Todo! Soy una chica ávida de ver cine. Veo todo: desde The Duke of Burgundy hasta Birdman y Whiplash. Cualquier cosa que se estrene, haya pasado o no por un cine, la voy a ver. Y tele también. Me encantan series como Girls y House of Cards.

ESQ: ¿Eres de esa nueva generación que ya no tiene televisión?
EC: Sí tengo, pero mis hábitos dependen de mi rutina. Si invito amigos a casa, vemos la tele. Si estoy sola, veo todo en mi laptop.

ESQ: Hablando de amigos, hace un momento me decías que había gente cruel contigo en la escuela. ¿Alguna de esas personas te ha buscado ahora que apareces en la televisión y todo eso?
EC: Mmm, ahora ya no, pero cuando Game of Thrones estaba comenzando a ser exitosa, sí hubo algunas personas que salieron de la nada para querer hablar conmigo. Sé que si fuera más abierta definitivamente sucedería con más frecuencia, pero soy una persona que tiene un grupo de amigos muy cerrado así que no hay lugar para ese tipo de encuentros.

ESQ: ¿Te resulta difícil confiar en que alguien quiera ser tu amigo de manera genuina?
EC:
Creo que tengo un excelente radar para la gente y por eso mi grupo de amigos es extraordinario. Y como algunos de mis nuevos amigos también trabajan en el cine o tienen trabajos similares, siento que estoy muy a salvo de algo así.

ESQ: Alguna vez dijiste que entre tus dragones y tu padre, un hombre que quisiera salir contigo tendría que tenerle más miedo a tu padre… ¿es muy celoso?
EC: Tienes razón, posiblemente sí deberían temerle [ríe]. No, no es cierto. Era broma. Para nada es celoso. Es decir, no es el tipo de hombre que diría algo como “si te atreves a ponerle un dedo encima a mi hija te mataré”, pero si alguien no le gusta se volverá muy silencioso y, de pronto, lanzará comentarios como: “No estoy muy seguro de que ustedes sean el uno para el otro”. Si hace eso es porque sabe que sus palabras se me quedarán en la cabeza y me la pasaré pensando: “Ay Dios, mi papá no lo quiere”. Pero nunca es agresivo, para nada.

ESQ: Digamos que un hombre quiere invitarte a salir. ¿Cómo describirías tu cita perfecta?
EC: Empezaría por la mañana, en el Columbia Flower Market [Londres]. Luego iríamos a almorzar a Nopi, en Soho. Después caminaríamos  por el Tate Modern y, al salir, tomaríamos algo en el Wine Bar, en Embankment. La noche terminaría con una obra en The National.

ESQ: ¿Qué obra sería?
EC: ¿Si pudiera pedir lo que deseo? Tennessee Williams o Arthur Miller.

ESQ: Sé que ya se nos acabó el tiempo, pero antes de irme debo preguntarte algo completamente absurdo: ¿Cómo puedes sonreír todo el tiempo? Llevas todo el día hablando con la prensa y respondiendo a nuestras preguntas una y otra vez…
EC: [ríe] ¡Muchas gracias! Te va a parecer ridículo, pero lo que sucede es que estoy muy agradecida de estar aquí. En serio, sé que tengo muchísima suerte de tener este trabajo. Además es algo que he aprendido: cuando a uno le pasan cosas horribles tiene que aprender a reír y tomarse las cosas como si fueran una broma.

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