Ahí estaba el detalle

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Originalmente publicado en Esquire no. 72 (PDF aquí)

¿Qué implica dar vida en el cine a uno de los comediantes más importantes de México? Este mes se estrena Cantinflas y el español —sí, español— Óscar Jaenada sacó adelante un reto que, de entrada, parecía imposible. Así fue cómo lo logró.

     La primera vez que uno habla con Óscar Jaenada siente que alguien le ha jugado una broma. Que no, hombre, que no puede hablar así de españolado; que yo acabo de verlo en una pantalla diciendo “Ahí está el detalle” y pensé: “¿¡Cómo es posible!? Es idéntico a Cantinflas”.

     Óscar nació en Barcelona. A muchos mexicanos no les importó que Demián Bichir interpretara a Fidel Castro —un cubano— en Che (2008), ni que Gael García Bernal personificara al Che Guevara —un argentino— en The Motorcycle Diaries (2004), pero pusieron el grito en el cielo cuando se anunció que Jaenada sería el nuevo Cantinflas en la película homónima que se estrena este mes. “¿Por qué un español y no un mexicano?”, preguntan los reporteros, como si lo importante fuera la nacionalidad y no el talento, como si no quedara claro que Jaenada es casi la reencarnación del protagonista de El supersabio (1948). “Quienes nos dedicamos al cine tenemos en mente el ejemplo de actores premiados por interpretar personajes que no son ni del mismo continente que habitan”, me dice Óscar.

     Jaenada cuenta que lo español sólo le preocupó cuando leyó el guión y se topó con chistes que le resultaron tan complicados de entender como un jeroglífico. “Hombre, había escenas en las que necesitaba no uno sino varios traductores. Les decía: no tengo idea de lo que dice aquí; de verdad no entiendo nada.” Pero Jaenada, quien durante su preparación necesitó traducción humor mexicano-humor español, afirma que jamás tuvo problemas para deshacerse de su acento.

     Cuando uno escucha a este catalán de sonrisa vivaracha hablando como Cantinflas, no hay ni rastro de su seseo. Para lograrlo, Jaenada consiguió todas las películas del comediante mexicano y pasó horas monitoreando su boca. Dice que el truco para hablar como él estuvo en observar su respiración, que en el movimiento de los labios está el secreto para cambiar de nacionalidad. “Luego trabajé con un foniatra y con un imitador de Cantinflas, que me ayudó a adaptar las frases según las fuimos encontrando.”

     Óscar tardó seis meses en transformarse en Cantinflas, pero ni aprender a imitar sus ademanes ni deshacerse de su acento fue lo más complicado del proceso: “Pasé años intentando conseguir este papel, así que la preparación fue lo de menos”. Para Jaenada, Cantinflas era un personaje soñado. Hace siete años se involucró en un proyecto inspirado en la vida del comediante mexicano, pero al final no se concluyó y él se quedó con las manos vacías.

     Jaenada dice que trabajar en una película que retrata la vida de Cantinflas no implica sólo imitar al personaje que todos conocemos, sino el reto de indagar en la personalidad de Mario Moreno. “Ambos eran muy diferentes. Lo único que compartían —y no siempre— era el físico. Interpretar a Cantinflas fue un trabajo muy laborioso, pero poco complicado. Fue una mera labor de imitación. Lo verdaderamente difícil fue Mario Moreno, porque para interpretarlo tuve que descubrir quién fue el artista que a su vez descubrió a Cantinflas.” Entonces Óscar incursionó en el oficio de periodista, y se dio a la tarea de buscar a gente que lo conoció  para repasar su historia y poder comprender ciertos episodios de su vida.

EL ARTE DE CANTINFLEAR

    Óscar Jaenada tiene la cabeza gacha, los ojos cerrados y los puños apretados mientras espera detrás de un telón. Bufa como un toro. No le presta atención a nadie. Luis Gerardo Méndez —quien interpreta al comediante Estanislao Shilinsky en la película— cuenta que la imagen se le quedó grabada porque en su carrera nunca había visto a un compañero tan nervioso.

    Jaenada temblaba porque ésa sería su primera escena caracterizado como Cantinflas. Tres, dos, uno, ¡acción! El telón se abre, Jaenada se ha esfumado y en su lugar está Cantinflas moviéndose de un lado a otro y formulando boberías. La escena termina y el público estalla en aplausos. Corte y queda. En un rincón del set, sentado frente a una pianola, un anciano llora: según Luis Gerardo, era un actor que conoció al verdadero Cantinflas y le dijo que estar frente a Jaenada fue como ver a Cantinflas otra vez.

     El actor es un retrato inmejorable del protagonista de El bolero de Raquel (1957) porque entiende lo que es cantinflear: “Hay una escena de la película a la que le tengo muchísimo cariño. Todo tiene que ver con un concepto aprobado por la Real Academia Española: cantinflear es hablar mucho sin decir nada. Y bueno, en la película hay una escena en la que suena el Bolero de Ravel y me pone la piel chinita, porque él se supone que baila, pero desde que aparece y hasta que se va, lo ves cantinflear”.

     La primera memoria que el español tiene de Cantinflas es el humor. Él era un chavalín que todos los días, a las tres o cuatro de la tarde, salía al parque para jugar fútbol con sus amigos. Mientras tanto, en su casa, su familia reía. “Recuerdo que siempre me dejaban salir porque a esas horas todos estaban con una sonrisa. Hasta la fecha recuerdo esas carcajadas de mi padre y mi madre disfrutando una película de un tal Cantinflas.”

    Ahora, que Cantinflas revive, lo importante es saber que quien nos hará reír será un tal Óscar Jaenada.

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